In English | Todos los codazos, empujones y maniobras para conseguir una ubicación entre los acalorados turistas que me rodean en el piso de la Capilla Sixtina, esta mañana de verano, no son nada comparados con la actividad ciclónica que tiene lugar allí arriba, en la pared del frente.
En la pintura de Miguel Ángel El juicio final no hay duda sobre quiénes están yendo adónde. A la izquierda, un remolino de santos y mártires asciende camino al cielo, reflejando una mezcla de éxtasis y conmoción en sus caras. Se elevan triunfalmente, flanqueando a un Cristo resucitado. A la derecha, el camino es decididamente hacia abajo, una mezcla un poco más poblada de eternos desafortunados que están siendo arrastrados, empujados y lanzados al abismo. Camino unos pasos detrás del altar —una posición ventajosa en la que nadie parecía estar interesado— y me maravillo con las casi escondidas figuras de tres criaturas semejantes a monos, que parecen ser los guardianes de la caldera hirviente que se puede ver justo abajo.
El juicio final es, en apariencia y ejecución, una típica expresión del arte manierista. Pero la realidad es que la gran mayoría de los estadounidenses de más de 50 años comparten los elementos básicos de la visión de Miguel Ángel.
En una encuesta exclusiva, que abarcó a 1.011 personas mayores de 50 años, AARP The Magazine quiso conocer qué piensan los estadounidenses de ese grupo etario acerca de la vida después de la muerte. Por años, hemos leído innumerables encuestas sobre las actitudes y creencias de los estadounidenses acerca de este tema; pero queríamos escuchar específicamente a la generación AARP —aquellos que llevan más de la mitad del camino que les permitirá descubrir, de una vez y para siempre, precisamente si estaban o no en lo cierto acerca de la vida después de la muerte.
Para empezar, descubrimos que las personas de más de 50 años tienden a ser bastante convencionales en sus creencias básicas: casi las tres cuartas partes (el 73%) concuerdan con la afirmación “Creo en la vida después de la muerte”. Las mujeres son más dadas a creer en la vida después de la muerte (el 80%) que los hombres (el 64%).
Las dos terceras partes de los que creen también nos dijeron que su esperanza en la vida después de la muerte fue aumentando a medida que se fueron haciendo mayores. Entre ellos, se encuentra Leona Mabrand, de 90 años. Mabrand nació en Dakota del Norte, se mudó a Oregon cuando tenía 20 años, se casó y fue testigo de la muerte de cada uno de los miembros de su familia. “Soy la única que quedó de mi árbol genealógico”, señala, y su voz es una mezcla de orgullo y tristeza.
Un tarde, hace poco, bajó el volumen de la radio para charlar —por estos días, Paul Harvey es su compañía favorita— y me confesó que cuanto más vive, más milagros ve y más se convence de que lo que señala su fe cristiana acerca del más allá es verdad.
“El Señor me ha mostrado muchos milagros —afirma—. Estoy ansiosa de ver a mi esposo y a mis familiares, y a todos aquellos que se han ido a descansar antes que yo”.
Por supuesto, los cristianos como Leona no son los únicos que tienen la mirada en la vida después de la muerte.
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