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Bicentenario y pobreza

La región más desigual del mundo

En América Latina y el Caribe hay alrededor del 65 por ciento más desigualdad que los países avanzados.

Cartagena, Colombia

— GDA / El Tiempo, Colombia

A la hora de conmemorar los 200 años de Independencia en muchos países de América Latina y el Caribe, vale la pena reflexionar sobre los resultados del primer informe sobre desarrollo humano para la región, titulado Actuar sobre el futuro: romper la transmisión intergeneracional de la desigualdad. El Bicentenario es una ocasión para la celebración, pero también es una oportunidad para pensar en los desafíos a largo plazo de la región. Y uno de los retos más importantes e inaplazables es trabajar en políticas públicas específicas encaminadas a reducir nuestra histórica desigualdad.      

Este primer informe regional del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) transmite un mensaje político fundamental: nuestra región no puede esperar más. Según el índice de Gini, que calcula la concentración del ingreso, tenemos alrededor de 65 por ciento más desigualdad que los países avanzados, más del 36 por ciento frente a los países del este asiático y más del 18 por ciento, si nos comparamos con África subsahariana. Somos la región más desigual del mundo y ésta incide negativamente sobre la economía, la política y la sociedad en su conjunto. Nuestra persistente desigualdad se reproduce de generación en generación y afecta seriamente a la calidad de vida, a la libertad. En resumen, al desarrollo humano.      

Una novedosa medición del informe no deja lugar a dudas. Si se corrigiera el índice de desarrollo humano (IDH) atendiendo a la desigualdad, la región, en promedio, perdería entre un 6 y 19 por ciento.      

El documento también revela que no es suficiente atacar la pobreza. La elevada desigualdad en América Latina y el Caribe importa por sí misma y debe atenderse con políticas específicas. Otro de los hallazgos del estudio de PNUD permite entender que la desigualdad es multidimensional y se relaciona con dinámicas propias de sistemas políticos, hogares, género y etnias, entre otras, y, por lo tanto, debe reducirse atendiendo, desde una lectura nacional, a todos estos factores.

Desigualdad             

En la región se encuentran diez de los quince países más desiguales del mundo. ¿Por qué sucede esto si sus índices de crecimiento anual, antes de la crisis económica mundial, ascendían a más del 5 por ciento? La explicación se encuentra en lo que en el PNUD hemos llamado "nuevos márgenes de desigualdad". Hoy, si bien la cobertura de servicios públicos se ha ampliado en la mayoría de los países, la desigualdad se refleja, por ejemplo, en brechas de calidad. El incremento de programas públicos de transferencias ha tenido efecto sobre la asistencia escolar y sobre algunos indicadores de nutrición y salud, especialmente en los niños y niñas, pero no están vinculados, según muestran evaluaciones específicas, a una mayor calidad de inserción laboral.      

Para avanzar hacia la equidad, las sociedades requieren un mayor nivel de gobernabilidad, fortalecer la democracia y las instituciones e introducir de manera decidida las reformas fiscales necesarias que permitan ampliar el gasto público social.      

Pero también resulta indispensable contar con una clase media fuerte y con una capacidad nacional de llegar a acuerdos. Como muestra el estudio, las dinámicas de las sociedades "conectadas" y con mayor nivel de cohesión social permiten percibir y aspirar a otras formas de vida más positivas. Este no es el caso de nuestra región, donde, por ejemplo, tan sólo un 3,1 por ciento de los jóvenes que tienen padres que no acabaron la primaria, terminaron sus estudios universitarios. En el otro extremo, el 71,6 por ciento de los jóvenes que tienen padres con nivel de estudios universitario lograron ese nivel educativo. Es sin duda el momento de comenzar a trabajar para que nuestros jóvenes, que son el futuro de la región, provengan de donde provengan puedan aspirar a más.      

Autonomía y aspiración     

Los gobiernos tienen una responsabilidad importante, pero no exclusiva. Las dinámicas de los hogares juegan también un papel importante, y estas dinámicas se determinan de acuerdo con las aspiraciones y autonomía individuales y colectivas.      

La palabra clave en este punto es la esperanza, porque, como ya se ha dicho, la esperanza no es la convicción de que las cosas saldrán bien, sino la certidumbre de que algo tiene sentido. Y es en esa certidumbre con sentido donde las personas se esfuerzan y se empoderan hacia un cambio positivo para sí mismos y sus allegados. La política pública que se formule para luchar contra la desigualdad debe contemplar la esperanza, la aspiración y la habilitación de las personas. Se requiere una autodeterminación que, como decía Amartya Sen, configura a personas "que actúan y generan cambios".      

El camino hacia la igualdad     

Para lograr reducir la desigualdad, tenemos que comenzar a actuar, hoy, sobre el futuro tanto en los hogares como en el sistema político. En el sistema político es necesario enfrentar la baja calidad de la representación política, la debilidad institucional, el acceso diferenciado a la influencia sobre políticas concretas y sobre fallas institucionales, que derivan en corrupción y captura del Estado por minorías.      

Asimismo, las estrategias de redistribución deben llegar a aquellos para quienes fueron diseñadas. La región, en general, se caracteriza por privilegiar la recaudación vía impuestos al consumo e impuestos indirectos versus una recaudación relativamente baja mediante impuestos directos al ingreso e impuestos a la propiedad. Es necesario terminar con las políticas fiscales regresivas, que acaban ampliando, más que cerrando, la brecha de la desigualdad en la región.      

Con estos argumentos, la principal propuesta del informe se centra en la necesidad urgente de formular y aplicar políticas públicas específicas para reducir la desigualdad.      

El desafío es inaplazable. Cada país, y de común acuerdo entre todos los actores políticos, económicos y sociales, debe buscar su propia fórmula, su propio camino hacia la igualdad.

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