In English | Nota del editor: El 28 de junio marca un hito en la historia de los derechos civiles, un hito en que los hispanos desempeñaron un rol clave. Ese día, en 1969, el movimiento por los derechos de los homosexuales impulsó, en Greenwich Village, Nueva York, la realización de lo que hoy se conoce como los disturbios de Stonewall. Aquí repasamos el rol que desempeñaron los hispanos, cuán lejos hemos llegado y cuánto más nos falta recorrer.
Es difícil imaginar a la policía esposando, acosando y arrestando a personas homosexuales sólo por reunirse en público. Para quienes han crecido en un mundo que ofrece cada vez más protección legal para la comunidad de lesbianas, gays, bisexuales y transgénero (LGBT), es difícil creer que hace sólo cuatro décadas, los empleos, las familias y los hogares de la gente se veían amenazados, sus vidas restringidas y, aún peor, arruinadas.
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El movimiento por los derechos de los homosexuales ha avanzado mucho, pero la lucha por la igualdad continúa. Mientras nuestra nación recuerda a Stonewall —y su impacto sobre los derechos de los homosexuales de manera global—, hoy, los latinos encabezan el esfuerzo destinado a ayudar a la sociedad a dejar atrás la violencia, la intolerancia y la desigualdad en pos de una cultura más abierta que acepte e incluya cada vez más a los LGBT.
Hito y metáfora
Cuando la policía intentó arrestar a las personas reunidas en y alrededor de Stonewall Inn —un bar para homosexuales, entre los que había muchos latinos—, los LGBT se resistieron, rechazando una nueva violación de sus derechos civiles. Esto generó disturbios.
“Los disturbios de Stonewall representaron un llamado de acción para la comunidad LGBT en el sentido de que necesitábamos unirnos, indica John D. Acosta, de 55 años de edad, fundador del Proyecto AZTECA, una organización de apoyo y derivación para adultos mayores LGBT del sur de California. Siempre existimos, pero nunca estuvimos unidos. Temíamos ser acosados, arrestados, echados, desalojados y llevados ante consejos de guerra. En algunos aspectos, ha sido todo un reto, especialmente para la comunidad hispana”.
La Dra. Yanira Cruz, presidente y directora ejecutiva del National Hispanic Council on Aging (Consejo Nacional Hispano sobre Envejecimiento), considera que Stonewall representa tanto un hito como una metáfora de luchas que continúan. “Al reflexionar sobre Stonewall, [veo que] seguimos enfrentando conflictos similares”, expresa.
Cruz dice que la cultura hispana a menudo hace que le resulte especialmente difícil a la comunidad LGBT adulta mayor ser abierta respecto de su sexualidad, y cita cuatro motivos.
En primer lugar, la idea de hispanos LGBT es un concepto relativamente nuevo. “En nuestra cultura —comenta—, la familia es tan importante que nadie quiere arriesgarse a ser rechazado por ella”.
Segundo, la realidad es que muchos latinos aún rechazan las diferencias. “Por ejemplo —señala— la salud mental también es un tabú en la comunidad hispana. Queremos esconder debajo de la alfombra cualquier cosa diferente o que represente un estigma social”.
El tercer motivo es el efecto de la cultura machista. “El machismo es la raíz de la homofobia”, dice. Debido a que los “machos” generalmente no piden ayuda, los hombres de la comunidad LGBT adulta mayor evitan especialmente solicitar servicios como apoyo sanitario, cuidados y vida asistida, y asesoramiento financiero.
El cuarto desafío, asegura, es la religión. “Nuestra comunidad ha sido profundamente católica —dice—. A pesar de que el rol de la iglesia sigue siendo prevalente, está cambiando muy rápidamente. Sin embargo, muchas de las objeciones morales y religiosas provienen de la iglesia”.
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