Nunca ha habido una elección presidencial como ésta en la historia de Estados Unidos: una en la que un afronorteamericano se enfrente a una de las personas de mayor edad que jamás se haya postulado al cargo. Y pareciera estar generando un interés descomunal entre el público, atrapando también, en el fervor de la contienda, a los hispanos.
Según un sondeo exclusivo de AARP realizado entre votantes registrados hispanos mayores de 18 años, ese entusiasmo se traducirá en votos. Entre los encuestados, el 82% —y el 88% de los de entre 45 y 64 años— dice que es "casi seguro" que vaya a votar en noviembre, mientras que otro 7% dice que es probable que vote. Y casi dos de cada tres afirman que es más probable que sus congéneres latinos voten este año que en elecciones anteriores.
Deann Martínez Pujol, residente de Colorado, un "votante incondicional" que jamás se pierde una elección, concuerda. "Tengo una amiga que nunca ha votado, pero va a hacerlo este año —dice Pujol, de 46 años—. La gente promedio, moderada, incluso la que ha sido ambivalente o apática, está siendo movilizada".
De hecho, un estudio de Pew Hispanic Center descubrió que la participación del votante hispano creció repentinamente esta última temporada de elecciones primarias, particularmente en las disputas demócratas de Texas y California. En esta ocasión, el voto latino representó el 30% del total de los votos, un crecimiento notable comparado con el 16% del total en el año 2004; en Texas, el porcentaje creció del 24 al 32%.
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