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El acuerdo bipartidista sobre impuestos

Cómo una querella entre la derecha y la izquierda encontró una solución sensata.

Ya se sabe que la política es el arte de lo imposible y en la práctica es también el arte de negociar y transigir.

Los líderes del Partido Republicano han estado predicando el evangelio de la austeridad durante los dos años de la administración demócrata haciendo un llamado urgente a la reducción del déficit nacional. Y es sin duda una reclamación justa que el país sea capaz de vivir dentro de sus medios y mantener un balance entre lo que ingresa y lo que gasta.

Pero muchos cuestionaron que mientras la oposición clamaba a gritos por una reducción del déficit, insistía de manera intransigente en que el Congreso hiciera permanente la reducción de impuestos a los ricos implementada por George W. Bush cuando expirara el último día de este año, a pesar de que esa medida tendría un impacto negativo sobre el déficit de unos $700 mil millones.

No hay mensaje más claro, sin embargo, que el que proviene de una elección. Los comicios de noviembre favorecieron a los republicanos con una ola de votos que les ganó la mayoría en la Cámara de Representantes y un buen número de nuevos escaños en el Senado. Y con este giro de 180 grados la ecuación de la política nacional sufrió un sacudión que, a pesar de que el nuevo Congreso no toma posesión hasta enero del 2011, fortaleció a los republicanos de manera inmediata.

A nadie sorprendió, pues, que el Presidente Obama se sentara a escuchar los argumentos republicanos. Y es así como, tras dos años de una ausencia total de bipartidismo en Washington, el Presidente y la oposición acordaron dirimir su querella y negociar en serio.  Después de largas conversaciones, brazos torcidos, tiras y encoges, viajes presurosos del vicepresidente Joe Biden de un extremo a otro de la Avenida Pennsylvania, la administración aceptó apoyar una extensión a la reducción de impuestos de Bush por el Congreso actual, cuyos últimos meses de actividad se conocen en el argot político estadounidense como lame-duck session, una especie de cojera legislativa en la que tradicionalmente muy poco se logra porque los congresistas derrotados están empacando para regresar a casa.

El resultado ha sido una ley de reducción de impuestos de $858 mil millones en el que no sólo se mantiene la reducción fiscal a los millonarios durante dos años más, sino que, a cambio de ello, el Presidente ha logrado un generoso paquete de beneficios para la clase media y estudiantes universitarios, además de una suerte de nuevo estímulo para los pequeños y grandes negocios que los economistas de ambos bandos aseguran tendrá un impacto favorable en la recuperación de la economía.

Claro que ambos extremos del espectro político del país —la izquierda más liberal del Partido Demócrata y la derecha más  furibunda del Partido Republicano— se oponen a todo lo que mueva la aguja nacional hacia el centro y alegan que han sido traicionados .

No obstante, cuando la ley finalmente se aprobó abrumadoramente por ambos partidos en ambas cámaras y el Presidente la firmó, los analistas políticos de todos los colores no cesaban de preguntarse quién había salido ganando realmente en esta bronca.

Y la respuesta última a esa pregunta es que en la política, y a veces también en la vida, se puede ganar perdiendo y se puede perder ganando. Y en este caso quien verdaderamente salió ganando fue el pueblo estadounidense, que no sólo sale beneficiado con los pormenores de esta nueva ley, sino que puede observar complacido cómo su voto de noviembre logró lo que primariamente buscaba: la civilidad en la gestión de gobierno bajo un bipartidismo verdaderamente efectivo.

El contenido de esta columna refleja estrictamente la opinión del columnista y no la postura de AARP. AARP es una organización no partidista, sin fines de lucro que ayuda a las personas mayores de 50 años de edad a ser independientes y a ejercer control de sus vidas de manera asequible y que les beneficie a ellos y a la sociedad. AARP no respalda a ningún candidato a cargos públicos ni dona a campañas políticas ni a ningún candidato.

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