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El estado de la unión

El Presidente Obama delinea los desafíos que enfrenta el país para ‘conquistar el futuro’.

El presidente Barack Obama ante el Congreso, mientras da su discurso del Estado de la Unión el 25 de enero 2011 en Washington, DC.

— Pablo Martinez Monsivais/AP

Si tuviéramos que reducir a una sola palabra el tenor y propósito del discurso sobre el estado de la unión del Presidente Obama la noche del martes, sensatez sería acaso el mejor vocablo que pudiéramos encontrar. Su determinación a actuar razonablemente frente a los enormes desafíos que desde el fondo de su crisis económica contempla el país es capaz de mover al más acérrimo adversario a reflexionar sobre las opciones que realistamente pueden impactar el futuro del país a corto y largo plazo.

Su tono conciliatorio —una suerte de prolongación del matiz de su discurso en  Tucson, Arizona— no quitó énfasis a un mensaje que llevaba la urgente apelación de una sacudida nacional. A lo largo del discurso el imperativo de “conquistar el futuro” se convirtió en una suerte de mantra, presentada además desprovista del carácter defensivo que a veces tuvieron las reacciones de Obama a la desastrosa derrota que sufrió su partido en los comicios de noviembre.

El martes el presidente estaba otra vez a la ofensiva. Y una vez más enumeró las áreas de prioridad en su agenda extendiendo una invitación a demócratas y republicanos a trabajar juntos en pos de esos logros. La cuestión no era sentarse juntos, dijo refiriéndose al hecho de que demócratas y republicanos habían decidido mezclarse sin la tradicional separación entre una y otra ala de la Cámara, sino “trabajar juntos”. 

El Presidente comenzó su enumeración con un llamado a estimular la innovación tecnológica a través de la libre empresa. En un mundo cambiado por la Internet y la alta tecnología el Presidente pidió la repetición del impulso del Sputnik, el cual movió a la generación anterior a erguirse victorioso ante el desafío espacial soviético para conquistar el espacio y llegar a la luna.

Entre los elementos más urgentes de la innovación refirió la necesidad de transformar la industria energética hacia fuentes más limpias y productivas, lo cual generaría nuevos empleos. Y sugirió pagar esa transformación mediante la eliminación de los subsidios que se le otorgan a la industria petrolera. Lanzó además un reto al Congreso y el país de lograr que para el año 2035 el 80% de la electricidad consumida en Estados Unidos proceda de fuentes de energía limpia.

La educación fue otro tema al que el presidente dedicó una gran parte de su discurso, y dijo que sólo es posible ganar la carrera de las innovaciones mediante la educación de los niños desde muy temprana edad. Aunque los maestros son importantes, dijo, son los padres quienes deben sembrar la semilla de la educación en sus propios hogares.

Tocó brevemente el tema de reforma de inmigración mediante un llamado a tomar acción “de una vez y por todas en el tema de la inmigración ilegal”. (Esa referencia movió al senador John McCain, republicano de Arizona, a ponerse de pie y aplaudir efusivamente). Pero nadie debe aguantar la respiración esperando que esto realmente se traduzca en una acción más o menos próxima.

El Presidente se movió rápidamente hacia el espinoso tema de la infraestructura, afirmando categóricamente que no es posible conquistar el futuro sin reconstruir a Estados Unidos. Este tema seguramente le ganará una férrea oposición de los republicanos, quienes durante los primeros dos años de la administración del Presidente Obama se han referido a las obras públicas como gastos innecesarios. “Para atraer nuevos negocios a nuestras costas”, dijo el Presidente, “necesitamos los medios más rápidos y confiables para transportar personas, mercancías e información: desde transportes ferroviarios de alta velocidad hasta Internet de alta velocidad”.

Aquí fijó dos fechas: “Dentro de 25 años, nuestra meta es darle al 80% de los estadounidenses acceso a transporte ferroviario de alta velocidad”. Y “dentro de cinco años, crearemos la posibilidad de que las empresas ofrezcan cobertura inalámbrica de alta velocidad al 98 por ciento de los estadounidenses”.

Defendió enérgicamente la ley de reforma de la salud que firmó hace un año. Dijo estar dispuesto a arreglar lo que hubiera que reparar en la ley, pero (en una obvia referencia al voto reciente de la nueva Cámara de Representantes por anular la ley) aclaró que en lugar de repetir el litigio sobre este tema que ocupó la atención y la energía del país en los dos últimos años había que marchar adelante.

Finalmente, el Presidente habló de la necesidad de reformar el sistema de gobierno y reestructurar sus agencias y dependencias para hacerlo más eficiente y costeable. Anunció que en las próximas semanas enviaría una propuesta al Congreso para iniciar esa tarea que le traerá ahorros significativos al país.  

Tras un mensaje lleno de relativa sustancia y positivos augurios sobre la economía, habrá que esperar la reacción republicana en los próximos días. No la respuesta protocolar inmediata del representante republicano Paul Ryan, quien parecía haber escrito su texto antes del evento de la noche sin verdaderas referencias específicas. Y mucho menos la de la representante oficial del Tea Party en la Cámara, Michelle Backman, que venía armada de tablas y gráficos.

Lo más importante ahora será esperar si el “Partido del No” acepta constructivamente estos retos y opta finalmente por compartir el liderazgo con el presidente hacia la consecución de estas ambiciosas aspiraciones.  

El contenido de esta columna refleja estrictamente la opinión del columnista y no la postura de AARP. AARP es una organización no partidista, sin fines de lucro que ayuda a las personas mayores de 50 años de edad a ser independientes y a ejercer control de sus vidas de manera asequible y que les beneficie a ellos y a la sociedad. AARP no respalda a ningún candidato a cargos públicos ni dona a campañas políticas ni a ningún candidato.

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