Ayuda para Haití

Los socios de AARP y la AARP Foundation lograron cambios positivos para las víctimas de la tercera edad del terremoto del 2010.

In English | El día que llega una delegación al hogar de ancianos Asile St. Vincent de Paul, las piernas de la hermana Claudette Charles le laten por el dolor de la artritis. Aun en febrero, la temperatura ya alcanza los 90 grados a mitad de mañana y el sol está que arde. La hermana siente que se derrite a causa de las medias gruesas para la circulación que le llegan hasta la cintura y que lleva puestas bajo su hábito de color azul grisáceo.

Aun así, al llegar la delegación de AARP, se llena de energía y acelera el paso para darles un apretón de manos a aquellos que ella denomina sus ángeles de la guarda. dejó a otros 3 millones sin alimentos, vivienda, ropa o atención médica.

Ve también: La autora Julia Alvarez nos habla de "Wedding in Haití".

En enero del 2010, el terremoto de magnitud 7.0 que mató a por lo menos 150,000 haitianos y destrozó casas, negocios, escuelas y otras estructuras, también destrozó el hogar de ancianos que ella dirige en Léogâne, Haití. Hasta 30,000 de los residentes del pueblo costero fallecieron, un 90% de los edificios del pueblo quedaron reducidos a escombros, y montañas de cuerpos yacían cubiertos de una capa densa de polvo.

A menudo, los ancianos eran abandonados en minúsculos claros, llorando silenciosamente mientras los niños de la aldea gemían con tristeza. Solo quedaron ruinas del hogar y la escuela que la hermana Claudette y las demás monjas habían levantado durante tres décadas. La devastación "me partió el corazón", dice ella.

Dentro de una semana del desastre, los socios de AARP y la AARP Foundation, la filial benéfica de la asociación, recaudaron $1.5 millones para ayudar a los estimados 84,000 haitianos mayores de 60 años lesionados o desplazados por el desastre. Estas personas, según las Naciones Unidas, son las víctimas más vulnerables del terremoto. Con la donación, la AARP Foundation ayudó a financiar HelpAge USA, una organización sin fines de lucro que se centra en las necesidades de las personas mayores y que administró la ayuda de auxilio provista por AARP y demás donantes.

Cubrí el terremoto en Haití hace cuatro años y he regresado una docena de veces desde entonces, varias veces con mis hijos. En febrero, mis socios en AARP me pidieron que viajara a Haití para seguir a los líderes de la asociación — Barry Rand, la presidenta de AARP Foundation Lisa Marsh Ryerson y Debra Whitman, vicepresidenta ejecutiva de AARP para política, estrategia y asuntos internacionales— que deseaban comprobar si el dinero de los socios de AARP se había gastado prudente y adecuadamente.

En el período inmediato después del terremoto, las donaciones pagaron por suministros de agua, alimentos, refugio, medicamentos, bastones, anteojos y ropa. Además, el programa respaldó consultas médicas para más de 9,000 adultos mayores en clínicas dirigidas por los socios de salud de HelpAge, además de la capacitación de más de 200 cuidadores de personas en el hogar, que visitaron con regularidad a 4,000 de los ancianos más débiles en los campamentos de tiendas de campaña para los refugiados del desastre.

Mientras camina por calles polvorientas bordeadas de estructuras reedificadas, Ryerson afirma que las donaciones de $1.5 millones ayudaron con "el hambre, y la vivienda, y el aislamiento y la salud. De hecho, hemos logrado algunos resultados. Esa es la parte inspiradora".

Rand se siente claramente emocionado por la devastación que todavía se puede observar y la acogida por parte de tantos socios de AARP.

"Al final", dice él, "nuestros socios desean estar seguros de que la ciudadanía está recibiendo ayuda, si hay oportunidad de brindársela. Si se necesita un poco de dinero, sacan el dinero de sus bolsillos y contribuyen".

La delegación de AARP viaja a otras partes de Haití para conocer a algunos de los 13,000 residentes que recibieron atención médica de emergencia y ahora reciben atención médica financiada, en parte, por HelpAge. En camino, conducimos por vecindarios que se están restableciendo, donde alguna vez HelpAge proveyó tiendas de campaña y lonas, tarjetas telefónicas y alimentos, educación sanitaria y atención médica.

Visitamos varias Older People's Associations (OPAs, Asociaciones de Personas Mayores), establecidas por HelpAge para crear "amistades" en los campos de refugiados. A los adultos mayores les pagaron $5 por día para vigilar a sus vecinos ancianos más vulnerables.

Bertin Méance, el primer empleado de HelpAge en Haití, se siente especialmente orgulloso del trabajo duradero realizado por las asociaciones. Las asociaciones OPA, creadas con fondos de emergencia, que por naturaleza son inmediatos y breves, continúan en la actualidad.

Laguerre Victor, de 74 años de edad, nos presenta al vecino que ha adoptado, Benoit Clerpha, que es aproximadamente 10 años mayor que él. Después del terremoto, Victor fue amigo remunerado de unos 10 haitianos ancianos desplazados o lesionados. Ya no le pagan, pero todavía visita a muchas de estas personas.

HelpAge capacitó a Victor en la atención médica básica. Ahora, cuando visita a Clerpha, delicadamente lo anima a elevar los pies para mejorar la circulación. Entonces Victor se sienta con su amigo en el porche, y de vez en cuando le da palmaditas en la cabeza.

Nicole Ferdinand, coordinadora de las asociaciones OPA en Léogâne, nos presenta a su amiga Rosalie Ajax, que perdió su hogar y su hija. Está criando a los dos hijos de su hija por sí sola.

Ryerson observa a Ajax acariciar las cabezas de sus nietos con amor y preocupación, en igual proporción.

"Está criando a niños pequeños, de 8 y 10 años de edad, durante una etapa de su vida en la cual esperaríamos que fuera ella quien recibiera el cuidado de su familia", dice Ryerson. "En su familia, la generación intermedia no existe".

"Lo que estamos intentando hacer es mejorar la comunidad. Fue a causa de un desastre, pero ha hecho que muchos se miren a sí mismos y a lo que les ha pasado a las víctimas y se pregunten, '¿Cómo puedo ayudar?'"

Las asociaciones OPA también hacen préstamos pequeños a empresarios, principalmente mujeres, para iniciar o restablecer una pequeña empresa y luego cancelar la deuda —para poder prestarles el dinero a otras personas—. Elirose Sineus, que recibió un préstamo de $350, reconstruyó su puesto de mercado de productos de belleza dañado por el terremoto, devolvió el dinero con intereses y ahora desea ampliar su negocio.

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