In English | Las aproximadamente mil muñecas en la casa de Anne y Albert Gonzales nunca cambian de expresión: sus mejillas permanecen sonrosadas, sus sonrisas nunca se desdibujan. Cuando los problemas de mantenimiento del hogar comenzaron a aparecer, Anne Gonzales intentó mantenerse sonriente también. Sin embargo, no pudo. Los desafíos de mantener su casa en condiciones —a pesar de que tiene menos de 1.000 pies cuadrados— es una carga demasiado pesada para ella. “Realmente, no sé qué hacer”, se lamenta esta mujer de 65 años, de Santa Ana, California.
Los expertos en viviendas dicen que este caso es similar al de miles de adultos mayores de bajos ingresos que son dueños de casa, pero no pueden mantenerlas. No pueden hacer el trabajo ellos mismos, no pueden darse el lujo de pagarle a un contratista ni pueden —con los precios de las viviendas en caída— vender y mudarse. Afortunadamente, algunos grupos están comenzando a darles una mano.
“El resultado es que las personas mayores se encuentran atrapadas en el medio. Poseen una propiedad, pero no tienen liquidez”, explica Greg Secord, director de proyectos especiales y de Safe at Home para Rebuilding Together una organización nacional sin fines de lucro que brinda asistencia relacionada con la vivienda a adultos mayores. Secord sostiene que postergar el mantenimiento para poder pagar la comida y los medicamentos, si bien es necesario, puede “convertirse en una espiral negativa”, ya que el valor de la propiedad baja a medida que la casa se deteriora.
Según Secord, los problemas de la economía empeoran las cosas. El costo de los servicios como la electricidad o el combustible ha subido desmesuradamente, y los programas que podrían ayudar a los mayores con sus viviendas están recibiendo menos dinero a su vez que reciben más solicitudes de ayuda. Secord añade que los mayores podrían tener dificultades para obtener líneas de crédito para propiedades y, aun en el caso de que obtuvieran un préstamo, con sus limitados ingresos podrían tener problemas para realizar los pagos correspondientes.
La situación de los adultos mayores en cuanto a la vivienda parecería ser brillante en algunos aspectos. Según el Departamento de Vivienda y Desarrollo Urbano de EE.UU. (HUD), en 2007, los propietarios representaban el 80% de los 21,8 millones de familias encabezadas por personas mayores de 62 años, y el 73% de los adultos mayores eran dueños de sus hogares, libres de deuda. Sin embargo, un informe del Joint Center for Housing Studies de Harvard informó que más de un millón de estadounidenses mayores de 65 años gastan más de la mitad de sus ingresos en la vivienda, y que cerca de la mitad de los adultos discapacitados no contaban con las modificaciones estructurales —como, por ejemplo, pasamanos, barras de agarre, rampas, ascensores y elevadores de escaleras— que podrían ayudarlos a moverse con más facilidad en sus hogares.
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