In English | Seis años atrás, Jackie y Alan McDonald se preguntaban cómo harían para pagar la educación universitaria de su hijo, Brendan. Hoy, Jackie y Alan pasan las noches en vela preocupados por resolver cómo harán para cuidarlo por el resto de su vida.
Brendan tenía 16 años el día en que iba manejando, demasiado rápido, a la casa de un amigo, que quedaba cerca de la suya en Charlotte, N.C. (Carolina del Norte). El camino dio una curva y Brendan se deslizó por el resbaladizo sendero para, finalmente, estrellarse contra un árbol. El impacto lo dejó con numerosos huesos rotos, heridas internas y, lo más devastador de todo, con daño cerebral.
Brendan, que ahora tiene 22 años, presenta problemas de memoria a corto plazo. Las tareas múltiples representan un desafío enorme para él. Si bien su madre espera que algún día pueda vivir de manera independiente, los médicos sostienen que las tareas complejas, como conducir un automóvil, estarán para siempre fuera de sus posibilidades.
Este verano, Brendan comenzará las clases en una universidad local, pero los McDonald no tienen ninguna garantía de que su hijo pueda, alguna vez, encontrar un empleo rentable.
Por tanto, Jackie, de 55 años, y Alan, de 62, están intentando planificar, no sólo para sus últimos años, sino también para el resto de la vida de su hijo, unos 50 años más o menos.
Pero no son solo ellos. Los McDonald integran el número de padres de unos 717.000 adultos estadounidenses con trastornos del desarrollo (que incluye a los que presentan síndrome de Down y autismo) que viven con cuidadores hasta más allá de los 60 años.
“Nos dijeron que necesitaríamos $1,8 millones para mantenerlo por el resto de su vida —afirma Jackie McDonald—. No sé quién tiene ese dinero. Recuerdo que, cuando escuché esa cifra, me pregunté: ‘¿Quién, en el mundo, se prepara para algo así?’”
Nadie se prepara para eso, pero, cuando ocurre la necesidad, la planificación es fundamental. Los programas gubernamentales como Medicaid y el Supplemental Security Income (SSI, Seguridad de Ingreso Suplementario) pueden ayudar a costear algunos de los gastos de los adultos discapacitados.
Sin embargo, el SSI apenas alcanza para cubrir el alquiler en una casa hogar; actualmente, el beneficio mensual federal es de $637, y algunos estados proporcionan subsidios adicionales. El dinero que usted ahorre puede ayudar a evitar que su hijo termine viviendo en la pobreza.
En el nivel más básico, le podría permitir vivir con comodidad y tener algunos pasatiempos. O, si usted planifica con tiempo y de manera adecuada, podría solventar un estilo de vida más cómodo en un centro de vida asistida privado, donde las tarifas pueden llegar a los $3.000 mensuales.
No importa la edad que tenga, nunca es tarde para comenzar a ahorrar para el futuro de su hijo. El primer paso es adquirir un plan financiero lícito para su hijo.
“Es mejor contar con un plan propio que tener lo que yo llamo plan gubernamental —sostiene Ryan Platt, planificador de cuidados especiales certificado de MassMutual, que trabaja con el grupo financiero Hinrichs Flanagan, de Charlotte, N.C.—. En este último caso, su hijo se convierte en pupilo del estado. Será el estado quien determine dónde vivirá, quién lo cuidará y qué tipo de vida llevará. Por lo general, no es el tipo de situación en la que los padres desearían dejar a sus hijos.”
“Una de las preocupaciones más estresantes que hemos tenido que enfrentar es asegurarnos de que Brendan recibirá los cuidados necesarios cuando nosotros ya no estemos —cuenta Jackie McDonald—. Hace un año, creamos un fideicomiso para ayudar a preparar su futuro. Ahora, sabemos que Brendan está protegido en caso de que algo nos suceda a Alan o a mí. Esto me ayuda a dormir por las noches.”
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