Ante un diagnóstico del mal de Alzheimer a un ser querido:
1. Reconozca los cambios. La enfermedad de Alzheimer se caracteriza por una pérdida progresiva de las facultades y de la personalidad del paciente, que degenerará en su calidad de vida hasta llegar al desconocimiento de sus seres queridos y a la inmovilidad. Recuerde que es una enfermedad sobre la cual no tiene control el paciente, ni de la cual tiene culpa.
Vea también: Cómo cuidar al enfermo de Alzheimer.
2. Acepte la realidad. Su ser querido dejará de ser la persona con quien convivió y pasa a ser otra. Con la ayuda de los terapeutas en los talleres, se aprende a hacer un duelo en vida del enfermo. Es un aprendizaje que tiene dos etapas: despedir al ser querido y recibir a la nueva persona.
Si será el principal responsable del cuidado del paciente:
3. Protéjase. El cuidador principal inevitablemente, se verá afectado por conflictos con el resto de los familiares. Es muy posible que sienta que su trabajo es desvalorizado por el paciente y otros familiares. En especial, se podrá sentir obsesivamente hostigado por el enfermo. Querrá abandonar su tarea. Esto es totalmente normal y usted deberá buscar el apoyo de otros familiares y personas que le permitan un descanso de sus tareas. Quien no es capaz de asumir el cuidado diario, puede dar dinero o puede ser cuidador un día a la semana.
4. Mantenga intacto el entorno del paciente. Se aconseja no cambiar de lugar al paciente, porque él no puede aprender cosas nuevas. Muchas familias optan por llevarse al paciente a su casa y eso no es siempre recomendable. El cambio desorienta al enfermo y —si se ha decidido que el paciente recibirá cuidado de diferentes miembros de la familia— se aconseja que el encargado vaya siempre donde reside el paciente, y así evitarle esa desorientación que significa una casa nueva.
5. Interprete las acciones y reacciones del paciente. El cuidador debe aprender a interpretar las emociones del paciente quien —al no saber expresarlas— no duerme, se agita, se levanta y desarrolla conductas incoherentes, por motivos tan simples como que le cambiaron de lugar sus cosas habituales.
6. No discuta. Persuada al enfermo en vez de regañarlo. El regaño también daña al cuidador. Además, el paciente olvidará enseguida que mantuvo una discusión y a lo largo de una jornada reiterará el motivo de discusión.
7. Sonría al paciente. Hágale un gesto amistoso, una caricia, un abrazo. El contacto físico puede ser un medio de comunicación muy efectivo.
8. Estimule al enfermo. Si el enfermo lo tolera, póngale música a un volumen normal. Terminadas las actividades del día, ejercite la mente del enfermo con sopa de letras, sudoku o crucigramas.
9. No reaccione con violencia ante críticas externas. Trate de que el cuestionador se ubique también como cuidador. Explíquele las dificultades sin autovictimizarse. Entienda que el familiar o amigo que cuestiona, también sufre al ver el deterioro del paciente.
10. Cuídese. Realice con frecuencia, durante el día, ejercicios de estiramiento y rompa su rutina de cuidador al menos una vez a la semana. Intégrese con otros cuidadores de pacientes de Alzheimer, ellos tendrán aportes y usted podrá compartir los suyos.
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