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In English | Conversar, conversar y conversar. Eso es lo que todos los planificadores financieros me dicen que tienen que hacer las parejas cuando les viene a la mente por primera vez la idea de jubilarse. Las personas que están solas únicamente tienen que pensar en sí mismas a la hora de planificar. En cambio, las parejas deben tomar decisiones que afectan a sus dos integrantes. ¿Están ambos preparados para jubilarse? De ser así, ¿qué es lo que deben hacer a continuación? Si uno de los dos quiere seguir trabajando, ¿cómo manejarán la nueva relación?

Los cónyuges suelen asumir que ambos ven la jubilación de la misma manera, pero eso no es necesariamente así. Cuando comiencen a conversar, alguno de los dos podría sorprenderse —para bien o para mal— por lo que piensa el otro.

Vea también: Los mejores estados para jubilarse.

Por ejemplo, un esposo podría esperar que su esposa que aún trabaja se jubile cuando él lo haga, cuando en realidad, ella no está lista para renunciar a su empleo. Una esposa que solo se dedica a los quehaceres domésticos podría pensar que su marido debería seguir trabajando un tiempo más, para acumular más ahorros. Podrían, también, tener sueños diferentes respecto de dónde y cómo vivir una vez jubilados. “Hemos tenido casos de parejas cuyos integrantes se reprochaban mutuamente, y no de manera muy agradable, el hecho de que uno no tuviera idea de qué era lo que el otro quería al respecto”, cuenta el planificador Marc Roland, de San Diego. Roland, al igual que otros especialistas aquí citados, pertenece a la National Association of Personal Financial Advisors (Asociación Nacional de Asesores Financieros Personales).

El planificador Jamie Milne, de St. Johnsbury, Vermont, está ayudando a una pareja cuyos integrantes, ambos de 62 años, tienen visiones distintas respecto del trabajo y los riesgos. Él quiere jubilarse; ella quiere mantener su empleo cuatro años más, pero le preocupa la eventualidad de, en caso de que les fuera mal económicamente, tener que seguir trabajando incluso más allá de esos cuatro años. Según ella, él la está dejando sin opciones.

Algunas jubilaciones son motivadas por una mala situación en el entorno laboral. La planificadora Mary Lacey Gibson, de San Juan Bautista, California, tenía una clienta de 59 años que odiaba su trabajo. En una reunión en la oficina de Gibson, la mujer le preguntó si podía jubilarse. Eso significaba que su esposo tendría que seguir trabajando tres años más, y él estuvo de acuerdo. Gibson asegura que la sonrisa que se dibujó en el rostro de esa mujer fue “la primera sonrisa verdadera” que ella jamás haya visto.

Sin embargo, si lo que quiere es jubilarse temprano, el planificador Andy Tilp, de Sherwood, Oregón, tiene esta pregunta cautelar: “¿Y qué hará después de jubilarse?” Puede que no haya considerado este punto en su real dimensión. Hay muchas horas y días por llenar, especialmente si su cónyuge continúa trabajando. ¿Está planeando dedicarse a una segunda profesión? ¿Dedicar todo su tiempo a los nietos o al golf? ¿Hacer trabajo voluntario a tiempo parcial? ¿Seguir estudiando?

La jubilación es una decisión tanto financiera como emocional. Podría sorprenderlo lo mucho que tendría que recortar sus gastos al no contar con un sueldo mensual. La planificadora Joan Gagnon, de Mansfield, Massachussets, aconseja a quienes están próximos a jubilarse que, antes de hacerlo, intenten subsistir tan solo un año con el dinero del que vayan a disponer realmente una vez que dejen de trabajar. Eso los forzará a analizar —como pareja— en qué se va el dinero y si sería prudente o no continuar trabajando durante un par de años más. “Los números no mienten”, asegura.

Los números también pueden ayudar a las parejas a llegar a un acuerdo respecto de sus vidas futuras. Al inicio de la conversación, anoten sus metas u objetivos individuales. Vean en qué están de acuerdo y, luego, analicen sus otros deseos a la luz del dinero del que dispondrán. “Eso ayuda a las partes a comprender si alguna de sus metas resulta inalcanzable”, señala el planificador Craig Larsen, de St. Charles, Illinois.

“La mayoría de las parejas gasta más de la cuenta en los primeros años de jubilación”, indica Tyler Cook, planificador de Columbus, Ohio, especialmente cuando uno de los cónyuges sigue trabajando. ¿Por qué? “Porque siguen teniendo un ingreso extra”, asegura, “de modo que piensan que está bien recurrir a sus inversiones a poco de haberse jubilado”. Pésima decisión.

El seguro de salud es fundamental a la hora de decidirse respecto de la jubilación. Si tiene menos de 65 años (edad a partir de la cual uno es elegible para Medicare) y presenta problemas de salud, tal vez no pueda conseguir una cobertura particular asequible. Uno de los cónyuges podría tener que seguir trabajando, tan solo para mantener el seguro de salud grupal, aunque eso podría cambiar en función de lo que suceda con la ley de salud.

En última instancia, una buena jubilación reside en una buena relación, lo que incluye negociar al discutir sobre el retiro. Por algunos años, mi difunto esposo, un abogado, quiso dejar de trabajar, pero nunca me lo dijo. Creía que yo no querría asumir la responsabilidad de ser el único sostén de familia. Pero ¡a mí no me importaba! De hecho, la vida se tornó menos complicada para mí cuando él se jubiló, porque se hizo cargo de algunas tareas de la casa, además de las que ya estaban a su cargo. Recuerdo a mi hijo llevándolo al lavadero y diciéndole: “Papá, este es el lavarropas…”.

Jane Bryant Quinn es experta en finanzas personales y autora de Making the Most of Your Money NOW. Escribe regularmente para AARP Bulletin.

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