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Es necesario abordar los sacrificios personales de los cuidadores familiares

AARP Wisconsin aboga por un crédito en los impuestos estatales sobre la renta para ayudar a personas como Sherrie Palm.

Sherrie Palm con sus padres

Ackerman + Gruber

Sherrie Palm, a la derecha, junto con sus padres.

In English | Es sumamente frustrante que a mi edad madura, los conflictos entre el trabajo y mi vida personal sean cada vez más difíciles de navegar.

Tengo 65 años y, finalmente, la causa por la que he luchado todos estos años —la salud pélvica de las mujeres— ha captado la atención de quienes formulan las políticas públicas a nivel nacional. Pero así como mi vida profesional está llegando a la cima, de igual manera están llegando a la cima las complicaciones relacionadas con el cuido de mis padres mayores.

Mi padre de 90 años, y mi madre de 85, insisten en no mudarse de su finca, que queda a tres horas de distancia de mi hogar por carretera.

Llevo doce años cuidando de ellos. Hago viajes cada quincena durante todo el año. Son muchas millas.

Siempre que emprendo viaje hacia la finca de mis padres en mi viejo y cansado Subaru, que tiene 300,000 millas, voy con el temor de que el auto se rompa en el camino.

Además de mis gastos de transporte, el tiempo es un factor increíblemente frustrante. Es indispensable que tome tiempo libre de mi empleo en una organización sin fines de lucro para poder ayudarlos.

AARP Wisconsin hace lo correcto al abogar por un crédito en los impuestos estatales sobre la renta para ayudar a compensar los gastos de bolsillo asociados con cuidar de un ser querido y, sobre todo, para destacar las dificultades de los cuidadores. Yo confío en que la oficina estatal de AARP protegerá mis derechos ante los legisladores y los encargados de formular políticas públicas.

Coordino el cuidado de mis padres incluso cuando voy de camino al trabajo.

Ambos sufren de demencia. La ropa sucia se apila. No comen alimentos saludables. Su refrigerador está lleno de comidas con fechas de vencimiento que han caducado hace tiempo. Mis padres no entienden cómo tomar sus medicamentos apropiadamente.

Tuvimos una situación delicada cuando una enfermera visitante mezcló los medicamentos. Se percató del error después de haberse ido, pero solo llamó a mis padres para que lo corrigieran. Por supuesto, mis padres estaban confundidos. Nadie me llamó a mí ni a algún otro familiar.

Por suerte, un miembro de la familia se dio cuenta de que las pastillas estaban mal organizadas, pero no antes de que mi padre saltara cuatro días de anticoagulantes y sufriera múltiples síntomas.

Estoy agradecida con mis hermanos y sobrinos, que también ayudan. Pero mis padres necesitan más.

—Según relatado a Joanne Cleaver

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