In English | Las emociones se agitan y las lágrimas caen por el rostro de Petra Mata, tal como lo hicieron 20 años atrás cuando, sin previo aviso, perdió su empleo en la fábrica de Levi Strauss & Co. A pesar de las lágrimas, prosigue narrando su historia. Actualmente, a los 64 años, está acostumbrada al dolor inherente a su éxito.
Petra Mata — Stewart Cohen
El papel de Mata como directora ejecutiva de Fuerza Unida presenta un marcado contraste con su empleo en la planta, donde, como costurera, ganaba $9,73 la hora.
Mata, una madre, abuela y bisabuela, transformó ira y tristeza en fortaleza, convirtiéndose en algo más que una ex trabajadora de la confección que perdió su empleo al haber sido reemplazada por mano de obra más barata en el extranjero. En 1990, Mata y un grupo de trabajadoras despedidas de la fábrica de Levi Strauss en San Antonio fundaron Fuerza Unida, y han pasado las últimas dos décadas fortaleciéndola. Esta organización sin fines de lucro sostiene una cooperativa de costura, una despensa de alimentos y un centro de capacitación, y participa en marchas y protestas comunitarias. Empodera a mujeres, latinos y a toda la comunidad.
“Salieron adelante sin ayuda y se dijeron: ‘Saquémosle provecho a esto’. Y así lo hicieron”, afirma Eva Trevino Garcia, directora del proyecto del Programa de Empleo de Personas Mayores en Servicios a la Comunidad (SCSEP, por sus siglas en inglés) de la AARP Foundation, que refiere a adultos mayores a Fuerza Unida para que encuentren ayuda. “Crearon una organización que realmente se desvive por ayudar a la gente”.
Y no sólo a los tejanos. Después de que Arizona aprobara una ley que permite que la policía le pida documentos de identidad a cualquiera que haya sido detenido o arrestado, Mata y otros activistas de San Antonio marcharon para protestar en contra de la ley, ya que sentían que podía llevar a la discriminación racial. (Actualmente, un juez federal ha bloqueado partes de la nueva ley).
El papel de Mata como directora ejecutiva de Fuerza Unida presenta un marcado contraste con su empleo en la planta, donde, como costurera, ganaba $9,73 la hora. “Fue el mejor trabajo que jamás había tenido. Cuando lo perdí, fue como perder el mundo”, recuerda. “Pero esta pérdida me introdujo a un nuevo mundo”. Mata afirma que cuando ella y las demás trabajadoras se enteraron de los despidos, “...fue como si se hubiera muerto un pariente”.
Cuando la planta cerró, en 1990, unas 1.150 costureras perdieron empleos que les había permitido a muchas de ellas disfrutar un nivel de vida de clase media, pese a contar sólo con estudios primarios y un inglés limitado. Sus salarios costeaban viviendas, automóviles y muebles. “Confiábamos mucho en la compañía”, afirma Mata. “Cuando nos dijeron que la fábrica se cerraba, nos sentimos defraudadas y traicionadas”.
La pérdida de empleo llevó, en muchos casos, a crisis familiares, desalojos y divorcios. Pero, para algunos, también marcó el inicio de una rápida transformación personal.
“Nunca pensé que podía hacer lo que hago ahora”, declara Viola Casares, 66, coordinadora de programas de Fuerza Unida. “Sólo cursé hasta el sexto de primaria. En Levi’s, nunca participé en nada. El cierre de la planta nos abrió los ojos”.
- 1
- 2
- Siguiente »










¿Qué opina?
Deje su comentario en el campo de abajo.
Debe registrarse para comentar.
Ingrese | InscríbaseMore comments »