En su juventud, Martha Melecio soñaba con crear una empresa ecológica. Hoy —en su sede de Chicago y a sus 40 años— ella se encuentra a las puertas de ese sueño.
Su empresa de camisetas Bangledox es reconocida en Estados Unidos y en su natal Puerto Rico por el uso del algodón reciclado, el cáñamo y los tintes no tóxicos. Su línea de accesorios es creada a partir de residuos de madera, vidrio, metal y hierro, provenientes del reciclaje.
Todo empezó como una afición, cuenta Melecio, y “fue ocupando horas en diseño, plan de negocio y la búsqueda de nombre, hasta que nació Bangledox”, con el lema “más que una marca, somos un movimiento”.
Orgullosamente explica que “tenemos que hacer más para que la gente se interese en el reciclaje, comenzando por las familias que deben enseñar a sus hijos a reciclar”, dice Melecio. Y no está sola. Emprendedores y artistas coinciden con el objetivo de cambiar la mentalidad de “usar y botar” por la de “usar y buscar la forma de hacerlo útil otra vez”: es decir, el llamado “reciclaje inteligente”.

Gran parte de los procesos de manufactura de las camisetas de Bangledox son manuales. — Cortesía de Bangledox
Detrás de cada objeto, una historia
El encanto del material usado es que “detrás de cada objeto hay una historia”, dice Scott Coleman, un arquitecto californiano que descubre tesoros donde otros sólo ven basura. El recoge hermosísimas puertas, ventanas y piezas de construcción antiguas, desechadas en países de Latinoamérica, para utilizarlos nuevamente.
“Inicialmente incorporaba mis hallazgos a construcciones de mis clientes, logrando acabados originales y elegantes”, dice Coleman, quien tiene clientes de todo el mundo. Hoy, a sus 52 años, Coleman y su esposa Melissa son los propietarios de La Puerta Originals, una empresa con la más grande colección de materiales de construcción recuperados.
“Hay materiales (reciclables) que pasan desapercibidos porque reutilizar no resulta rentable para ciertos grupos”, dice Coleman.

Puertas y ventanas de construcción antigua, y que se desechan en varios países, son recuperados por Puerta Originals que los reutiliza logrando acabados finos y originales. — Cortesía de Scott Coleman
Según cifras de la organización ambiental sin fines de lucro Clean Air Council (en inglés), que supervisa el cumplimiento de leyes ambientales de Estados Unidos, un estadounidense produce 4,39 libras de desperdicios sólidos por día. Además 2,5 millones de botellas de plástico se botan cada hora, 65.000 millones de latas de soda se usan anualmente.
Sólo el 10% de toda la basura sólida se recicla en Estados Unidos, según Clean Air. “Es una pena que muchas cosas todavía útiles vayan a la basura”, dice Coleman.
Sobre todo si se considera el impacto positivo del reciclaje en comunidades y personas. Un caso excepcional es El Ceibo, una cooperativa de Buenos Aires, Argentina, que recicla materiales, pero también personas, como dice su fundadora Cristina Lescano. Un ejemplo de la transformación de vidas humanas y de la basura se ve en el documental Waste Land (Tierra de desechos) basada en los “catadores” de Río de Janeiro y el trabajo artístico del fotógrafo brasileño Vik Muniz.
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