El futuro del Seguro Social
En esta era de atención a la seguridad, las personas están más alertas que nunca. Estamos más que listos para enfrentar cualquier cosa que amenace nuestra seguridad, nuestro futuro, o nuestros valores. Todo ello está en juego en el debate que va a iniciarse sobre el futuro del Seguro Social.
Aunque casi todos están de acuerdo en que debe tomarse medidas para fortalecer al Seguro Social para el futuro, mucho, incluyendo a AARP, vamos a dar la pelea de nuestras vidas para tener la certeza que la seguridad de la jubilación de las personas mayores no se ponga en peligro sin necesidad
Nos vamos a oponer vigorosamente a la creación de cuentas privadas que tomen dinero del Seguro Social. Tomar parte del dinero que los trabajadores contribuyen al sistema y desviarlo a nuevas cuentas privadas que pudiera crearse, debilitaría al Seguro Social y pondría en riesgo los beneficios de las actuales y futuras generaciones.
Demos una mirada a los hechos. El Seguro Social es el programa interno de mayor éxito en la historia de la nación. Desde 1935, ha sido la única fuente de ingresos de jubilación garantizados en los Estados Unidos. Es una promesa que el país hace a las personas que trabajan y a los jubilados. Nosotros no creemos que una promesa deba tener fecha límite.
Aunque el Seguro Social se mantiene firme hoy, es cierto que el programa requiere algunos cambios, de modo que siempre pueda pagar beneficios plenos a todas las generaciones, de hoy y de mañana. Los cambios que se necesita no tienen que ser drásticos y la garantía que ofrece el Seguro Social merece ser fortalecida, no reemplazada.
Bajo las condiciones que ofrece actualmente, el Seguro Social va a poder pagar hasta el último centavo de los beneficios prometidos hasta el año 2042. La única garantía que las cuentas privadas pueden ofrecer es que son capaces de perder dinero tan rápidamente como lo pueden ganar. Cualquiera sea el nivel de ingresos de una persona, una red de seguridad es vital para proteger su confianza en la jubilación.
Además, las cuentas privadas que toman recursos del Seguro Social pueden costarle a la gente más de lo previsto. Es un contrasentido que muchos paguen más y obtengan menos. El sólo cambiar al nuevo sistema puede requerir dos billones (dos millones de millones) de dólares y eventualmente, puede tener como consecuencia el recorte de beneficios, nuevos impuestos o mayor deuda. La mayor parte de nosostros tendremos, entonces, que pagar dos veces para apostar a ese nuevo programa: Primero, para mantener nuestro compromiso con los jubilados actuales y luego, nuevamente, para hacer depósitos en las cuentas privadas. Algunos críticos de esas cuentas personales piensan que el real beneficiario va a ser el mercado financiero de Wall Street y no los jubilados.
Por supuesto que el Seguro Social es sólo una de las columnas de un plan de jubilación sólido. AARP exhorta a las personas a planificar, a ahorrar y a invertir para sus años de jubilación y además cree que tener acceso a cuidado de la salud que se pueda pagar, incluyendo cobertura de medicamentos recetados, es esencial para una jubilación segura. Pero también entendemos que el Seguro Social es la línea divisoria entre una vida digna y otra de lucha precaria para millones de personas de ingresos medianos o bajos. No vamos a quedarnos quietos y permitir que esa sólida garantía sea reemplazada por una apuesta riesgosa
Pero esto es más que una simple cuestion de dólares y centavos. Es una cuestión de valores. Como nación que siempre ha cumplido sus compromisos con su propia gente y su futuro ¿qué sería de nosotros si frustráramos la promesa del Seguro Social? Como pueblo que siempre ha valorado el bienestar y la dignidad de cada persona ¿qué sería de nosostros si trazáramos una línea divisoria entre generaciones, enfrentando a los mayores contra los jóvenes? Como gobierno que siempre ha entendido que la seguridad de su pueblo está primero ¿qué sería de nosotros si abandonáramos nuestros puestos y dejáramos en riesgo a millones de personas?
Ahora que el Seguro Social se presenta como la primera prioridad en la agenda política, debemos, todos juntos, esforzarnos por protegerlo. Debemos asegurarnos que los beneficios de por vida del Seguro Social, garantizados y protegidos contra la inflación, se mantengan vigentes para las generaciones venideras. Tenemos la convicción que se trata de un beneficio y de una promesa por los que vale la pena luchar.

