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Nadia Comaneci

La niña gimnasta que obtuvo un diez perfecto en los Juegos Olímpicos de 1976.

Nadia Comaneci


— Carlos Barria/Reuters/Corbis

In English | Esta semana se cumplen 34 años en que recordamos cómo una tímida jovencita de 14 años, peinada con cola de caballo, obtuvo el primer puntaje de un diez perfecto en la historia de la gimnasia olímpica. Hoy, Nadia Comaneci es una madre con múltiples actividades quien se las arregla para cumplir, al mismo tiempo, con sus tareas de caridad, apariciones en público y promociones de productos, mientras también participa activamente en Twitter.

Nadia, quien habló con AARP Bulletin mientras se ejercitaba en una cinta de correr en su casa de Norman, Oklahoma, mientras su hijo de 4 años dormía la siesta, está casada con el gimnasta Bart Conner, quien también obtuvo la medalla olímpica de oro. Juntos dirigen la Bart Conner Gymnastics Academy, la revista International Gymnast, una compañía productora de televisión y una empresa proveedora de elementos para gimnasios.

Su trayectoria comenzó en el pequeño pueblo de Onesti, Rumania, cuando a los 6 años se unió al primer equipo de gimnastas. «Tenía mucha energía, y mi madre decidió buscar un lugar donde pudiera gastar esa energía», recuerda, «porque saltaba sobre el sillón y los muebles, y encima de todo lo que encontrara en la casa».

Ocho años después y con muchas competencias ya, entró marchando a un estadio de Montreal con sus pequeños compañeros de equipo en mallas blancas, se subió a unas barras paralelas asimétricas y realizó la rutina por la cual obtendría su 10 perfecto.

Debido a que ningún gimnasta había obtenido jamás un diez, la pizarra de puntaje no estaba configurada para mostrarlo correctamente,  y en su lugar exhibió un 1.00. La entrenadora Bela Karolyi gesticuló molesta a los jueces para preguntarles qué significaba ese puntaje. Uno de ellos le mostró los diez dedos de la mano para indicarle el puntaje.

Al final de los Juegos Olímpicos de 1976, Nadia Comaneci había obtenido siete veces un 10 perfecto, tres medallas de oro, una de bronce y una de plata. En apenas una semana, ya aparecía en la portada de Time, Newsweek y Sports Illustrated. «Es perfecta», declaraba Time en su portada.

Pero a su triunfante regreso, la vida en Rumania se tornó cada vez más sombría bajo el régimen de Nicolae Ceausescu, el despiadado dictador de ese país.

Y en 1981, después de que la entrenadora Karolyi desertara en Estados Unidos mientras encabezaba una gira de gimnastas rumanos, entre los que estaba Nadia, ya no le fue permitido viajar fuera de Rumania. Y fue consumiéndose bajo las múltiples restricciones que se le imponían.

«Sólo me decían no, no, no. Y entonces dije: ‘Bien, voy a ver cómo logro transformarlo en sí, sí, sí’», recuerda.

Huyó de su país con un pequeño grupo de personas una noche de 1989, luego de caminar horas en la oscuridad hacia la vecina Hungría. Al día siguiente, el grupo fue conducido a la frontera con Austria. Esa noche trepó siete cercas de alambre de púas. En su autobiografía declaró que estaba «cubierta de sangre». Después de presentarse en la embajada estadounidense y pedir asilo, en cuestión de horas fue ubicada en un vuelo a Estados Unidos.

«Había atravesado a duras penas el agua helada y los campos congelados, y había trepado cercas de alambre de púas, y todo el tiempo estaba esperando que me dispararan», recuerda en sus memorias Letters to a Young Gymnast (Cartas a una joven gimnasta), del 2003. «Después de todo eso, entré en un cuarto lleno de periodistas que gritaban preguntas y cámaras que disparaban sus flashes. Basta decir que yo estaba conmocionada».

Su primer recuerdo del encuentro con Bart Conner fue cuando viajaron juntos en un autobus durante la gira de 1981. Luego de su huida, se reunieron en un programa de entrevistas y él le recordó que, en realidad, se habían conocido en un encuentro de 1976, en el Madison Square Garden. A sugerencia de un fotógrafo, él le había dado un beso en la mejilla, y la foto apareció en el New York Times. Le mostró la foto para refrescar su memoria. Ella recuerda que: «era alguien rubio, pero no necesariamente tenía que ser él, porque todo el equipo estadounidense era un montón de niños rubios”.

Su casamiento, en 1996, fue un suntuoso evento en Bucarest que duró dos días, con 1.500 invitados, televisado en vivo.

«En el transcurso de 30 años, la gente y la cultura habían sido prácticamente destruidas, y mi casamiento fue una oportunidad para que todos volvieran a enamorarse de Rumania», dijo Nadia.

Su hijo Dylan nació 10 años más tarde. No es de sorprender que ame la gimnasia, comenta ella, quien le advierte con frecuencia que tenga cuidado. «Soy superprotectora», dice entre risas, y agrega que ahora entiende cuánto solía preocuparse su madre por ella.

A los 48 años, mantiene su belleza y su salud con ejercicio, durmiendo bien e inyecciones de botox. Es vocera de Allergan, fabricante de botox, y de su campaña Expressions of Kindness (Expresiones de Amabilidad), que dona $25 a obras benéficas por cada acto de amabilidad que describan los participantes en el sitio web de la compañía.

«Uno busca pequeños retoques que lo hagan sentir mejor», expresa, «pero igual hay que hacer un poco de ejercicio para las otras partes del cuerpo».

Dedica a esas otras partes de su cuerpo, diariamente, media hora: 20 minutos de ejercicios cardiovasculares seguidos de una ligera elongación y pesas livianas.

Si bien Bart Conner y Nadia Comaneci dedican su tiempo a numerosas organizaciones de beneficencia, incluida la Muscular Dystrophy Association (Asociación de Distrofia Muscular), están principalmente comprometidos con Special Olympics, que, entre otras cosas, organiza las Olimpíadas Especiales. Ambos forman parte de su junta directiva. «Es parte de nuestra familia ahora», manifestó.

Nadia viaja por el mundo, a menudo con Dylan a su lado, para realizar apariciones comerciales y ocuparse de obras de caridad. En diciembre pasado, filmaron juntos un comercial en Polonia. Cada cierto tiempo, viajan a Rumania para que Dylan pueda visitar a sus abuelos y ella pueda ver cómo va todo con la nueva clínica infantil Nadia Comaneci, de Bucarest.

En su hogar, en Norman, está conforme con las simples rutinas de la vida, junto a su marido y su hijo. «No sueño con, ya sabes, viajar algún día a la luna. Logré algo de joven que era mucho más de lo que yo esperaba», expresó. «Los resultados que obtuve fueron mucho mayores de lo que jamás soné».

Kitty Bennett es periodista de investigación y redactora, y reside en St. Petersburg, Florida.

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