Segundo Acto
Por Jennifer Haupt
Para muchas personas mayores de 50 años, la segunda mitad de la vida es un momento para renovar viejos sueños o para dedicarse a una nueva pasión volviendo a estudiar y empezando una nueva carrera. "La gente vive más y con más salud que nunca, manteniendo cuerpos fuertes y dinamismo mental" dice Anne Gottlieb Angerman, MS, asesora consejera en carreras profesionales de Denver, Colorado. "Con frecuencia, vuelven a sus pasiones y sueños más deseados, después de que sus hijos crecen y se independizan". Ésta es la historia de tres estudiantes que nos sirven de inspiración y que hicieron, precisamente, lo antedicho:
En la variedad, está el gusto que siente por la
vida
Patricia Ryan, de 56 años, había soñado con
ser veterinaria desde que tenía alrededor de 25
años. Pero la vida nos lleva por sorprendentes caminos.
"Me casé, y cuando llegué a los 31, ya
tenía dos hijas", explica Ryan. "Asistir a la
universidad todo el día, y dedicarme de lleno a mi propia
carrera no era, en realidad, algo fácil de llevar a cabo
en ese momento".
En la década de sus 30 y 40 años, la carrera de Ryan la llevó a trabajar de modelo, así como en la elaboración de escritos, producción teatral y relaciones públicas. Pero su dedicación a los animales se mantuvo como pasión constante; adoptaba perros callejeros y recaudaba fondos para la ASPCA (Asociación Estadounidense para Evitar la Crueldad con los Animales) de Houston. A los 48 años, cuando sus hijas habían crecido y empezaban a formar sus propios hogares, Ryan decidió que era hora de hacer realidad su sueño tan deseado. "Al principio, mi esposo estaba muy disgustado", recuerda Ryan. "Me preguntó: '¿por qué quieres hacer esto ahora, cuando por fin podemos viajar y disfrutar de nuestras vidas juntos?'" "Pero cuando saqué una "A" en mi primer examen (nada menos que en física), se sintió orgulloso de mí. Desde entonces, me ha prestado todo su apoyo".
Ryan pasó tres años tomando cursos de prerrequisito, tras lo cual, ingresó a la Facultad de Medicina Veterinaria de Texas A&M University, en septiembre de 2000, a los 52 años. En mayo de 2005, se distinguirá por ser el alumno de mayor edad que haya recibido un diploma como médico en medicina veterinaria en esta facultad. "El ajuste más importante no tuvo nada que ver con mi edad", explica. "Tuve que enfrentarme a los mismos problemas que todo el mundo: el alto volumen de trabajo de las clases durante todo el día, y, luego, tener que estudiar hasta que te quedas dormida. Pero el entusiasmo me mantiene con energías. Todas las noches, cuando me voy a dormir, aguardo con impaciencia el momento de levantarme e ir a la universidad al día siguiente".
Una reducción en el número de empleados lo
lleva a un cambio de carrera
Cliff Losak, de 52 años, no cambió de carrera por
decisión propia. En marzo de 2003, lo despidieron por
reducción de personal, después de más de 10
años trabajando como administrador de instalaciones, y
décadas en otros cargos administrativos medianos.
"Aunque me sentía cómodo en mi trabajo,
siempre pensé que no estaba explotando el aspecto
más creativo de mí mismo", dice Losak, que
obtuvo un diploma técnico en arte comercial cuando
tenía alrededor de 25 años. "Durante casi un
año, intenté encontrar otro trabajo en
administración de instalaciones, hasta que entendí
que no lo encontraría. Pensé entonces que
podría intentar algo distinto".
Losak pasó, de este modo, al diseño de páginas web, lo que combinaba su interés en las computadoras con su facilidad para el arte. Buscó programas en establecimientos de dos años y escuelas técnicas, hasta que encontró una que le gustó: Chubb Technical School en Parsippany, New Jersey, cerca de su casa, en Teaneck. "Me daba mucho miedo volver a los estudios, pero me dejaron asistir durante tres días con la garantía de que me devolverían el dinero si las cosas no salían bien", dice Losak. Después de unas semanas, ya se sentía cómodo, aunque sigue manteniendo sus opciones abiertas. "Pago mes por mes, y puedo abandonar los estudios en cualquier momento", menciona. "No tuve que comprometerme financieramente a pagar el programa completo".
Hasta ahora, se ha mantenido en el programa. "Soy mayor y más maduro, así que me tomo la educación con más seriedad", dice Losak, que no había pisado un aula en 30 años. "Me quedo después de clases cuando hace falta, me aseguro de terminar mi tarea, por lo general, incluso antes de volver a casa. También es cierto que mi situación ha cambiado: ahora cocino y me ocupo de la casa, ya que es mi esposa la que trabaja todo el día".
Nunca es tarde
Jeanette Goldstein ha comprobado, una y otra vez, que nunca es
tarde para volver a los estudios y cambiar de carrera. Obtuvo un
diploma en docencia en 1943, y su master en trabajo social a los
70 años. "Me encanta aprender. Mi filosofía
siempre ha sido que si uno quiere cambiar de vida, debe lanzarse
a ello", explica Goldstein.
Así que, a los 81, decidió lanzarse de nuevo. Se inscribió como estudiante de jornada completa en la Facultad de Leyes de la Universidad de Syracuse. En mayo de 2004, caminó orgullosa para recibir su diploma, bajo las ovaciones y vítores de 100 parientes, incluidos 23 nietos y dos bisnietos, todos con camisetas que decían "Jeanette" por delante y "¡Nunca es tarde!", en la parte posterior.
Goldstein dice que siempre se ha interesado mucho en los negocios y las leyes. Incluso, mientras estaba criando a sus ocho hijos, ayudaba a su esposo David con la empresa óptica de la familia, y pronto se vio envuelta en los aspectos legales de la empresa. "En 1958, fuimos a Japón para negociar un contrato de distribución de una marca nueva de microscopios", dice, "y cuando leí el contrato, lo rompí por la mitad. Lo volví a escribir para asegurarme de que no había lagunas jurídicas que permitieran a la otra empresa retirarse del negocio; esto resultó ser una verdadera sorpresa para los hombres de negocios japoneses!".
Después de la muerte de su esposo, en 1996, Goldstein, que se interesa en derecho empresarial y del mercado de valores, decidió que nuevamente era la ocasión de comenzar un nuevo capítulo. "Muchos de mis amigos están en instituciones para jubilados, jugando a las cartas todo el día; eso no era para mí", añade.

