In English | No me pregunten la fecha. No me pregunten la hora. Y no me dejen olvidar cómo me sentí al deshacerme por completo. Prestar cuidados es difícil, duele, te eleva con la esperanza para luego dejarte caer en un abismo de temor.
Papá falleció de cáncer de páncreas, en fase IV. Cansado de ser pinchado, escaneado y cortado —dos meses antes de cumplir los 87 años—, José D. Bencomo eligió hospice, un programa para enfermos terminales. Nosotros, sus ocho hijos, optamos por ayudar a mamá a cuidarlo en casa. Nos turnamos para viajar unas cuadras o miles de millas para estar con papá en su última etapa de vida. Fue demasiado corta. Sobrevivió tres semanas después del diagnóstico.
A poco de fallecer papá, nuestros corazones ya rotos se destrozaron. Nuestra madre, Julieta S. Bencomo, de 86 años, empezó su declinación. Retomamos las visitas para atenderla; esta vez, se prolongaron durante 10 meses. A pesar de que compartíamos el cuidado —se sumaron también los parientes políticos y los nietos—, en un momento u otro cada uno se dio de cara contra sus limitaciones. Cuando eso nos ocurría, ¿quién nos atendía? Apañárselas para atender enfermos, criar familias y ser buenos empleados exige asistencia. He aquí lo que nos ayudó:

— Reneé Comet
Comparta, y hágalo de manera diferente: El fallecimiento de mamá y el de papá nos enseñaron lecciones de vida. Aprendimos a valorar y a emplear las fortalezas de cada uno. Los cocineros cocinaban, los que arreglaban problemas encontraban soluciones, los más fuertes ayudaban a levantarlos y transportarlos, el psicólogo escuchaba y aconsejaba, el más paciente pasaba horas relajando extremidades que se atrofiaban y cuerpos frágiles, y los investigadores buscaban información. Todos nos apoyábamos en el humor.
Úselo o piérdalo: Cuando se instala el agotamiento o su ser querido le formula una pregunta por centésima vez, respire. Si la residencia para enfermos terminales es parte de su plan de cuidado, solicite atención para tomarse un respiro. La mayoría ofrece personal profesional para el cuidado del paciente, que periódicamente asume tareas durante el día o la noche. Si su ser querido reúne los requisitos para acceder a Medicaid –un programa para personas de bajos recursos– pregunte acerca de los cuidadores a domicilio, cuidado de adultos durante el día y otros servicios que pueden aliviar a quien atiende al enfermo. No salga perdiendo; pregunte siempre acerca de estos beneficios.
En el trabajo: Averigüe si su empleador ofrece un programa de asistencia a los empleados. A menudo, estos programas pueden contribuir a mantener el equilibrio entre el trabajo y la vida al proporcionar orientación, estrategias y otros servicios. Nosotros aprovechamos el servicio gratuito ofrecido a los empleados que evaluó las necesidades de mamá –mentales, emocionales y físicas–, y puso recursos y orientación a nuestra disposición.
A su salud: Puede ocurrir que nos involucramos tanto en atender a nuestro ser querido que nos olvidamos de nuestras necesidades sanitarias. Hágase un tiempo para los estudios físicos anuales, odontológicos, oculares y otras citas médicas.








¿Qué opina?
Deje su comentario en el campo de abajo.
Debe registrarse para comentar.
Ingrese | InscríbaseMore comments »