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'Una amapola entre cactus'

La nieta de una sobreviviente del Holocausto revive el desgarrador testimonio de su abuela.

Casi todos creemos que tenemos una historia que contar o que conocemos a alguien —madre, abuelo, amigo— que tiene una historia fabulosa y que es nuestro deber contarla. Desafortundadamente, casi siempre las historias del tío excéntrico o la abuela sufrida no son tan interesantes para el público como lo son para la familia. Sin embargo, con su libro Una amapola entre cactus, la escritora mexicana Batia Cohen ha probado que siempre hay una excepción a la regla.

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Retrato de la autora Batia Cohen, libro Una amapola entre cactus

Foto: Cortesía Batia Cohen

Batia Cohen autora de 'Una amapola entre cactus'.

La abuela de la historia, Szura Pupko, sí tiene una maravillosa historia que contar y en Cohen, su nieta política y profesora de Florida International University, encontró el vehículo perfecto para darla a conocer.

La autora empezó a reunirse con Szura en 1999 en su departamento de la Ciudad de México. Poco a poco, la anciana se fue olvidando de que estaba ante una escritora e investigadora y se puso a contar su historia.

Cohen no pudo tomar notas porque a Szura no le gustaba, así que lo guardó todo en la memoria hasta que escribió su libro, editado recientemente en versión electrónica, aunque también se puede adquirir la versión de papel. Lo mejor del libro quizás sea precisamente que se lee como las confesiones íntimas de una abuela a su nieta. Aquí no hay grandes recursos literarios ni largos párrafos de cotexto: es, simplemente, la voz de una anciana recordando su vida en gran y asombroso detalle.

El testimonio de Szura llevó a Cohen a viajar por una Europa que casi ya no existe, por pueblos y ciudades donde las fronteras han sido tan frágiles y movedizas como las estructuras que construyen los niños cuando juegan a los soldados en el salón de casa. El amor y dedicación que Cohen le puso al libro queda claro: hay mapas, fotos y un glosario de palabras en yidis, hebreo, polaco, ruso, alemán, francés, inglés y hasta latín.

La historia de Szura es increíble no porque no la hayamos oído antes —el libro cubre el período del Holocausto y Szura es una sobreviviente— sino porque nos deja con la duda existencial: ¿cómo pudo haber ocurrido algo así?

El libro no solamente refleja los horrores del Holocausto y el coraje de los que lograron salvarse de la barbarie: Szura, por ejemplo, se escapa de los nazis lanzándose desde un tren en marcha.  El libro, en realidad, es la historia de una vida marcada por los hechos, pero no destruida.

Comienza en 1914 cuando los padres de Szura se conocen y se casan en Lituania. Pronto tienen a su hija y la madre muere de cáncer a los 27 años. El padre, preso de dolor, le entrega la hija a sus suegros para que la críen como suya, lo cual hacen hasta que la niña cumple 13 años y su padre la reclama. Szura se va a vivir con él y la vida transcurre como suele transcurrir en la juventud: con sobresaltos de amor y otras angustias del camino hacia la adultez.

Pero entonces, ella conoce a un hombre rico y apuesto con el que forma un hogar en el seno de una familia judía, aristocrática y dueña de una gran cervecería. Su suegra y cuñada consideran que el nombre que la protagonista llevaba desde la cuna, Szifra, era vulgar y poco apropiado para su nueva condición de esposa adinerada. Desde entonces fue “Szura.”

Poco después, Szura tuvo una hija, a la que llamaron Masza, como la madre que Szura no llegó a conocer. La llamaron así, Szura le contó a la escritora, para protegerla contra el ángel de la muerte. Decisión acertada puesto que ese capítulo termina con la noticia de que Hitler había anexado a Austria y que Europa estaba al borde de la guerra.

Desde que el libro empieza, el lector sabe que la guerra estallará en algún momento y que se avecinan momentos difíciles. Y la verdad es que, aunque sabemos que Szura sobrevive, se nos oprime el corazón: ¿qué pasará con esta familia? Pasa mucho.

El idilio de la familia se rompe cuando llegan los rusos y los alemanes. Szura y su familia son arrestados y enviados a un campo de concentración en un tren. Los tres logran saltar del tren y refugiarse en un bosque lituano con un grupo de judíos cuyo objetivo principal es la sobrevivencia. Algunos también se dedicaron al sabotaje para debilitar a los alemanes.

“Vivíamos en una madriguera, rodeados de árboles, infestados de mosquitos, entre pantanos y fieras, acechados por enemigos, pero eso sí, éramos libres y estábamos a pie de lucha. No éramos víctimas temiendo las garras del verdugo,” cuenta Szura.

En el bosque se enteran que la guerra ha terminado y regresan a casa, pero —seducidos por la promesa de oportunidades económicas, mejor clima y un pueblo agradable y sonriente— la familia huye a México con la ayuda de unos parientes que allí los esperaban. Ya no se escapaban de los nazis sino de la Unión Soviética, del comunismo, y del recuerdo de la guerra.

No voy a ser yo la que le cuente todos los detalles de esta increíble historia. Batia Cohen ya lo hizo y lo hizo muy bien en este tierno libro sobre una vida bien vivida y el papel que la historia juega en nuestras vidas.

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