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¿Nos hacen daño las telenovelas?

Estereotipos, violencia, y personajes que deberían evolucionar.

Cada cierto tiempo surge un estudio o una reclamación sobre la mala imagen que se proyecta del latino en determinadas producciones de cine y televisión en inglés. Loable esfuerzo sin duda: Gracias a esas preocupaciones y denuncias hay empresas que han tomado conciencia sobre el tema. Pero pocas veces encontramos voces que se levanten en contra de los estereotipos dañinos que a cualquier hora bombardean en español al telespectador.

Vea también: Pablo Escobar: El patrón del mal rompe moldes y ratings.

Angelique Boyer y David Zepeda en una escena de la telenovela Abismo de Pasión. Abrazo romántico al lado de una laguna azul.

Foto: Cortesía Univision

Escena de la telenovela 'Abismo de Pasión', con dos de sus protagonistas: Angelique Boyer y David Zepeda.

Sobre todo cuando consideramos el género de la telenovela, el que más espacio ocupa en las programaciones de la televisión hispana; una tendencia que aumenta día a día, sacando de parrilla otros formatos de variedad, musicales e informativos. Son millones de personas las que siguen a diario las telenovelas que nos llegan, mayormente de México, Brasil, Colombia y Venezuela, además de algunas que se producen en EE. UU.

Lo curioso es que, independientemente de la variedad de orígenes, acentos, épocas y temáticas, además de los cambios y esfuerzos por actualizar tramas y realizaciones, hay estereotipos poco alentadores que se reiteran y permanecen ligados a este tipo de programación, sin que se analice o critique el legado de esos mensajes concretos.

Son comunes en las telenovelas las escenas violentas de diferente índole, ya sea entre pandillas o clanes familiares, por tráfico de drogas, abuso del alcohol o, simplemente, como parte de la vida de parejas donde la violencia y el abuso son comunes. Costumbres negativas que se perpetúan en la mente del público televidente, incluso de los niños, que ve estas escenas a cualquier hora. Argumentos que a simple vista parecen inofensivos, están en realidad repletos de torsos masculinos al desnudo y escenas de pasión erótica, a veces sin mucha justificación, donde casi lo único importante es el dinero y el poder.

Cierto que estamos refiriéndonos a un género con normas certeras para captar y mantener a la mayor parte de los televidentes, historias que suelen generalizar y personajes que se presentan de manera lineal sin claros oscuros. El bueno es buenísimo y el malo, es de lo peor. Se trata de una de las características que definen el melodrama. Si no, fuera drama o tragedia, géneros serios, pero menos populares. También es lógico que los guionistas aprovechen que en el melodrama es creíble que la suerte, lo imprevisto y la casualidad incidan en el destino de los personajes.

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Pero, ¿es que acaso no hay cientos de miles de mujeres latinas profesionales? ¿No abundan las jóvenes que estudian y trabajan para hacerse de un futuro mejor? ¿Es que no hay madres trabajadoras, cuya principal razón de existir no es ser escogida por su galán? ¿Es que no hay mujeres latinas que no permiten que abusen de ellas? ¿Es que no hay matrimonios latinos con principios de respeto, igualdad, cooperación y sueños conjuntos que se amen con pasión y romanticismo?

Sin embargo, pese al ejemplo que podrían ofrecer las series en inglés, donde proliferan mujeres ejecutivas, soldados, doctoras, biólogas, policías, carteros, taxistas o expertas en finanzas, arte o aeronáutica, resultan excepcionales los casos donde una protagonista en español se aparte de los patrones de clásicos del género como Cenicienta o Blancanieves.

Entre las excepciones, hay un caso curioso, Por ella soy Eva, transmitido por Univision en hora primetime. En esta telenovela el protagonista, interpretado por Jaime Camil, tras una etapa como abusador machista, termina disfrazándose de mujer, lo que le permite entender la discriminación y los atropellos que sufren la mujeres en general y su amada, interpretada por Lucero.

Sin embargo, no abundan tramas donde los hispanos luchen por su integración, superación y desarrollo y donde el argumento que se presenta no enfatice el odio, la venganza, la avaricia, la mezquindad y la violencia como en El conde de Montecristo y Cumbres Borrascosas o, las diferencias de clase y el racismo, como en El Derecho de Nacer. Muy pocas, ni siquiera en las que se producen en español en EE. UU, muestran a protagonistas femeninas inteligentes que tengan como objetivo en su vida algo más que conquistar, llenas de ingenuidad, bondad y honradez, a su galán joven y apuesto.

La realidad social en Estados Unidos se diferencia de la de otras naciones, precisamente, por logros en materia de derechos, igualdad y oportunidades para la mujer que generalmente no se reflejan ni estimulan en estas telenovelas. Los hispanos en Estados Unidos hemos logrado mucho. Entre los principales logros se encuentra el poder ejercer nuestros derechos a ser parte activa en la sociedad, partiendo del estudio y trabajo honrado, dando infinitas muestras positivas que nos distancian de esos estereotipos que siguen llenando las pantallas en español a toda hora.

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