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'The Master', inspirado en la cienciología

Filme protagonizado por Philip Seymour Hoffman y Joaquin Phoenix.

The Master es un inquietante drama que muestra la turbia relación entre el creador de una secta y el más perturbado de sus seguidores. Paul Thomas Anderson, escritor, director y coproductor de la película reconoció que su argumento está “inspirado” en los inicios de la cienciología y su fundador, L. Ron Hubbard. Philip Seymour Hoffman lo interpreta con el nombre ficticio de Lancaster Dodd. Joaquin Phoenix encarna a Freddie Quell, un psicótico veterano de la Segunda Guerra Mundial que cae en las manos de Dodd y se convierte en su principal conejillo de indias.

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Joaquin Phoenix y Philip Seymour Hoffman protagonistas de la película - The Master

Foto: Cortesía Phil Bray/The Weinstein Company

Joaquin Phoenix y Philip Seymour Hoffman protagonizan la película 'The Master'.

El filme transcurre en los años 50 (Hubbard fundó la Iglesia de la cienciología en 1952) y la cinta fue filmada en espectacular 70 mm, un formato que no se usaba desde hace dieciséis años. Esto le permite a Anderson el trazo amplio para revelar un mundo que en apariencia es pura luz y colores suaves. Un panorama inmenso, un horizonte cargado de posibilidades abiertas a todos los estadounidenses después de la Segunda Guerra Mundial. A todos, menos a quienes les había tocado vivir el infierno y asomarse al abismo. Freddie es uno de ellos y se comporta como un animal, desenfrenado, irreprimible, de pasiones extremas sin el menor auto-control. La actuación de Phoenix raya en la locura y tiene la misma peligrosa intensidad que llevó a Vivien Leigh al límite después de Un Tranvía Llamado Deseo.  

Para Freddy, la guerra no ha terminado. Dodd está también en guerra. No sabemos bien contra qué o quién, pero su actitud iracunda parece dirigirse hacia la vida misma. “Peleamos contra el día y resultamos triunfantes”, dice el líder en una ocasión. Cuando conoce a Freddie, el muchacho está en su peor momento. Embriagado y sin un centavo, deambula por los muelles de San Francisco una noche cuando divisa un barco iluminado que navega bajo el Golden Gate. A bordo hay una fiesta y todos parecen felices y elegantes, en contraste con su desarrapada figura. Freddie logra subirse a la que resulta ser la “nave de los locos”. 

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El organizador de la fiesta es nada menos que el “maestro” y un grupo de sus incipientes seguidores. El alcoholismo y la locura de Freddy lo convierten en el espécimen perfecto para Dodd. Liberarlo de sus excesos, la prueba irrefutable de su éxito. Como Rousseau, Dodd aboga por recuperar al “buen salvaje” que en su caso es el alma tal cual era en un milenario pasado, antes de ser raptada por lo que según el credo de su secta son seres espaciales que la desviaron de su curso natural.

La primera profesión que encuentra el traumatizado Freddy después de la guerra es la de fotógrafo en una gran tienda comercial. Ahí, entre bellas mercancías, Freddie saca fotos de parejas perfectas de sonrisas radiantes y  promesa en la mirada. En este mundo donde no hay cabida para los inadaptados, un  místico carismático como Dodd puede verse como la única solución para quien no cabe en el patrón. El niega que este mundo de perfección pueda dar pie a personas dañadas, niega que los traumas puedan responder a eventos en esta vida y los adjudica a vidas pasadas. Así, no solo expía de culpa a quien no encaja en el modelo, sino al modelo mismo incapaz de crear seres imperfectos o infelices.

Aunque aparenta tener todas las respuestas, el maestro Dodd termina por no articular ninguna. La avidez con la que esperan una palabra para “sanar su alma” es escamoteada a sus seguidores. De igual manera, Anderson nos deja colgando de un hilo; esperando un momento de gran revelación que nunca llega. Las motivaciones de Dodd continúan tan ocultas al final como al principio. Más que señalar, la dirección de Anderson sugiere, y el filme tiene una energía contenida, jamás expresada ni en gesto ni palabra.

Igualmente, su virtuosismo se queda a nivel visual, en el retrato del ilusorio “sueño americano” de los años 50. Es a través de esta elección estética – con su mirada a la imperfección subterránea de familias felices y prados verdes – que Anderson trató la mejor forma de “explicación” de sus personajes.

Desafortunadamente, un tema fascinante en manos de un cineasta igualmente fascinante, no se traduce necesariamente en una película fascinante. Aunque The Master es sobre la salvación de alma, al filme de Anderson le falta justamente eso, alma.

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