¿Qué hacer ante un cuadro de sarcopenia?

Causas, síntomas, cómo prevenirla y tratarla.

Hombre levantando pesas

— T.T./Getty Images

Mi madre solía decir que al envejecer algunas personas “se secaban”. En mi limitado entender de niño me resultaba difícil interpretar lo que ella quería decir, pero se me quedó por siempre grabada esa expresión. Ya en la facultad de medicina entendí que lo que ella decía era relativamente cierto. A medida que uno envejece se va perdiendo masa y fuerza muscular, lo que explica por qué muchas personas mayores lucen frágiles, débiles y más delgadas. En la actualidad, ese proceso de disminución de masa y fuerza muscular, se llama sarcopenia.

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Si bien es cierto que la pérdida de masa muscular empieza poco a poco después de los 40 años, y que una persona en sus ochentas ya ha perdido la mitad de su masa muscular; no existe una definición precisa de sarcopenia, tampoco un estudio de su frecuencia en la comunidad. Eso se debe a que en las consultas médicas no se miden usualmente los elementos que pueden ayudar a evaluarla, entre ellos la fuerza del apretón de manos, la velocidad al caminar y la masa muscular. Ante la falta de estos datos es difícil establecer un plan de acción para enfrentar este proceso y estudiarlo. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) han creado un código especial para que los doctores puedan reportar su diagnóstico. Esto ayudará mucho a recabar datos acerca de su frecuencia, sus principales síntomas y la respuesta a los tratamientos.

Cuáles son las causas

No se conocen las causas de la sarcopenia, aunque se piensa que factores relacionados al medio ambiente, especialmente la nutrición y la actividad física, son determinantes en su desarrollo. Pero además de esas causas obvias, que tienen que ver con la formación de masa muscular nueva y saludable, se ha visto que ciertos procesos inflamatorios y la disminución de las conexiones entre los nervios y los músculos a consecuencia del envejecimiento, podrían contribuir a su desarrollo. Se ha visto también que cierto tipo de células musculares, llamadas células satélites —que representan las células de reserva de los músculos y de las cuales se formarán las células musculares nuevas— disminuyen con la edad.

La ciencia concluye que si una persona no se alimenta bien, no ejercita sus músculos y encima tiene pérdida de las células que originan nueva masa muscular tendrá más posibilidades de desarrollar sarcopenia.

¿Aparecen síntomas?

Sabiendo que la masa muscular representa el 60% de la masa en el cuerpo de un adulto joven, la disminución de la masa muscular tendrá profunda repercusión en el bienestar de la persona mayor. Los síntomas de la sarcopenia están relacionados a la perdida de la función de los músculos, principalmente a la fatiga y la debilidad. Estas ocasionan menor resistencia al ejercicio y menor capacidad de recuperación física; por lo que una persona con sarcopenia tiene tendencia a las caídas, las cuales pueden ocasionar graves complicaciones como fracturas o conmociones cerebrales.  

Obesidad sarcopénica

Si hemos dicho que el principal signo de la sarcopenia es la disminución de la masa muscular (lo cual explicaría la delgadez de algunas personas mayores), existe un fenómeno que explica cómo una persona obesa pueda presentar sarcopenia. Los estudios han demostrado que cuando las células de grasa invaden el tejido muscular, esto hace que disminuya la masa muscular funcional, produciéndose el curioso hecho de tener a una persona obesa, pero con severa disminución de su masa muscular.

¿Qué hacer?

Sabiendo que la sarcopenia tiene sus orígenes en el estilo de vida y el proceso de envejecimiento natural, es importante centrar los esfuerzos en adoptar y mantener un estilo de vida saludable. En ese sentido es importante tener una alimentación muy balanceada, con una adecuada cantidad de proteínas animales o vegetales de alta calidad. Diferentes tipos de pescados y carnes magras son fuentes importantes de proteína animal; mientras que quinua, soya y lentejas son algunas fuentes excelentes de proteína vegetal.

En relación a la actividad física, es fundamental entender que los músculos necesitan actividad física diaria programada para mantener una función adecuada. Es importante, asimismo, recordar que existen dos tipos de ejercicios, los aeróbicos y los anaeróbicos. Los ejercicios aeróbicos son aquellos que necesitan una gran cantidad de oxígeno para realizarse (correr, nadar, jugar básquetbol, fútbol, etc.). Este tipo de ejercicio es excelente para la salud cardiovascular pues estimula el funcionamiento del corazón, los pulmones y los vasos sanguíneos.

El ejercicio anaeróbico es aquel que necesita menos oxígeno y más actividad muscular para realizarse. El levantar pesas o hacer ejercicios musculares de tensión son los mejores ejemplos. Es muy importante que, para evitar la sarcopenia, las personas mayores practiquen ambos, pero en especial los anaeróbicos. Ejercicios diarios de estiramiento, movimientos contra resistencia y uso de pesas para brazos y piernas son algunos ejemplos.

Con respecto al tratamiento médico, al desconocerse la causa exacta de la sarcopenia no se han desarrollado todavía medicamentos específicos para tratarla. Pero, sin duda, la mejor arma es la prevención.

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