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Dormir poco aumentaría el riesgo cardíaco

La contradicción que se presenta entre nuestras sociedades "abiertas" las 24 horas y nuestros genes, que sintonizan con los mismos ritmos de sueño y vigilia que hace miles de años, no conduce a nada bueno.

Es más: dormir menos de lo necesario o a horas inadecuadas, además de ponernos irritables, restarnos capacidad de concentración y aumentar nuestra propensión a los accidentes, podría promover varias de las condiciones que integran el síndrome metabólico, un trastorno vinculado con la ateroesclerosis y que afecta a entre el 10 y el 25% de la población mundial.
        
Tal es la principal conclusión a la que acaba de llegar un equipo de investigadores que analizó una treintena de estudios sobre la falta crónica de sueño. "Hemos creado un mundo atemporal, donde el sueño se retacea cada vez más o se interrumpe constantemente -afirma el doctor Daniel Cardinali, investigador de las facultades de Medicina de la UBA y de la Universidad Católica Argentina, y primer autor del trabajo que acaba de publicarse en  Neuroendocrinology  -.

Y la realidad es que estas casi dos horas del tiempo dedicado a dormir que hemos perdido en 40 años están comenzando a golpear muy fuerte en nuestra salud."
        
Según Cardinali y sus colegas de la Universidad Complutense de Madrid, este mundo en el que vivimos no corresponde a las necesidades de nuestro organismo y eso tiene un impacto insoslayable en nuestro delicado y complejo engranaje fisiológico.
        
"En varios trabajos se ve con claridad cómo los genes del reloj biológico que regula la periodicidad circadiana cambian su secuencia normal en individuos que comen una dieta hipergrasa -explica Cardinali-.

No solamente la carencia de sueño aumenta el riesgo de la obesidad, sino que además los excesos en la dieta están perturbando los mecanismos de sincronización de nuestras funciones biológicas. Se crearía algo así como un círculo vicioso."
        
La obesidad es precisamente uno de los componentes del síndrome metabólico, un cuadro caracterizado además por una medida de cintura que exceda los 102 cm en los hombres y los 88 cm en las mujeres, altos niveles de triglicéridos (superiores a 150 mg/dl), bajo colesterol "bueno" (menos de 40 mg/dl de HDL), hipertensión (más de 130/85 mmHg) y altos niveles de glucemia (más de 110 mg/dl de glucosa en sangre).
        
Para los investigadores, la alteración sostenida de los relojes circadianos puede desquiciar nuestro metabolismo. Esto comenzó con la iluminación artificial y se acentuó con la difusión de los medios de comunicación y la globalización.
        
"Según consta en registros de la época, en el medioevo las personas llegaban a dormir hasta 16 horas con dos tipos de sueño -cuenta Cardinali-: la primera parte, muy vinculada con la fatiga del día, y luego una segunda mucho más electiva, después de un intervalo en el que la gente se despertaba.

Cada período onírico era seguido por un semidespertar, y más de una vez me he preguntado cuánto del materialismo del ser humano contemporáneo se debe a la pérdida de ese estado que debe haber sido el momento en que uno se conectaba con los mitos, con las leyendas... En ese momento no había fuentes artificiales de iluminación, que tenían un costo fenomenal. El mundo cambió sustancialmente con el desarrollo de la energía eléctrica."
        
Aunque actualmente existe consenso acerca de que la actual epidemia de síndrome metabólico se debe a un exceso de comida, tanto Cardinali como las investigadoras españolas Pilar Cano, Vanesa Jiménez-Ortega y Ana Esquifino sugieren que la alteración de los ritmos circadianos debidos a las dietas hipergrasas y los cambios en el estilo de vida, como la actividad durante la noche, cambian el equilibrio del sistema nervioso autónomo y resultan en hipertensión, deficiencias en la absorción muscular de glucosa, hiperinsulinemia, aumento de la grasa intraabdominal e hígado graso.
        
"Un creciente número de estudios epidemiológicos muestran una asociación entre la falta de sueño y la diabetes tipo II", escriben.
        
Y más adelante agregan: "Un estudio encontró que sujetos que dormían menos de seis horas tenían el doble de riesgo de desarrollar diabetes, incluso después de descartar factores como la edad, la circunferencia de cintura, el tabaquismo y la educación".
        
Según el cronobiólogo Diego Golombek, investigador del Conicet y la Universidad de Quilmes, que no participó en este trabajo, "en años recientes se encontró una relación estrecha entre el reloj biológico y el metabolismo, que se ve reflejada en situaciones patológicas como la obesidad o el síndrome metabólico.

Se sabe que si este reloj anda mal (tanto sea por desperfectos internos o por la falta de sincronización con el ambiente) aumenta la incidencia de enfermedades metabólicas, así como de eventos cardiovasculares y hasta de cáncer. Incluso se ha encontrado que en ratones mutantes para genes relacionados con el reloj circadiano aparecen síntomas de obesidad, hiperglucemia e hiperlipidemia, que obviamente se asemejan al síndrome metabólico humano".
        
Agrega Golombek: "En trabajadores con turnos rotativos, cuyos ritmos biológicos diarios se encuentran claramente perturbados, se ha demostrado una mayor incidencia de trastornos metabólicos (incluyendo un aumento en el colesterol «malo» y una disminución del «bueno»).En definitiva, las agujas del reloj biológico apuntan a todo el cuerpo, y cuando están fuera de hora en forma crónica, nos enfermamos."
        
Para comprobar que estamos durmiendo lo que necesitamos, Cardinali recomienda no fijarse en la noche, sino en el día: "Si hay somnolencia durante la vigilia, hay que preocuparse", dice. Entre sus consejos figuran, además, no comer demasiado de noche, no dejar el teléfono celular prendido al lado de la cama y, cuando se pueda, dormir la siesta.
       

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