In English | Se anunció a sí misma entre los jóvenes. Cinco hombres de Los Ángeles que, salvo por eso, eran sanos, habían sido afectados por una rara y debilitante forma de neumonía. Los desconcertados médicos informaron las novedades en junio de 1981, y un poco después, otros científicos revelaron su propio misterio médico: hombres jóvenes con un cáncer de piel que, por lo general, se observa entre los ancianos.
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En 18 meses, el gobierno federal relacionó estas dolencias con una nueva enfermedad que denominó “síndrome de inmunodeficiencia adquirida”, o SIDA. Para 1983, cuando los científicos aislaron el virus de inmunodeficiencia humana (VIH) como la causa, 1.300 estadounidenses habían muerto; la mayoría de ellos tenía menos de 40 años. Sin embargo, 30 años después, el SIDA es una enfermedad que afecta cada vez más a las personas mayores, quienes conforman el segmento de la población VIH-positivo de más rápido crecimiento. Del total de estadounidenses con VIH (estimado en 1,1 millón), alrededor de 407.000 son mayores de 50 años; para el año 2017, la mitad de la población VIH-positiva tendrá más de 50 años. Los nuevos tratamientos han permitido que muchos pacientes vivan mucho más y mucho mejor de lo que hubieran podido hacerlo en los primeros tiempos. Pero, el envejecimiento del SIDA no se debe solamente a los nuevos tratamientos. Sorprendentemente, uno de cada siete nuevos diagnósticos de VIH o SIDA, corresponde a una persona mayor de 50 años.
“Los adultos mayores serán quienes cargarán con el mayor peso de esta enfermedad”, señala el doctor Stephen Karpiak, de AIDS Community Research Initiative of America (ACRIA, Iniciativa Americana para la Investigación Comunitaria del SIDA) de la ciudad de Nueva York. Y el sistema de salud sentirá el impacto. Las personas mayores con VIH contraen más enfermedades de la vejez que sus pares, aun cuando el virus no haya progresado lo suficiente como para asegurar un diagnóstico de SIDA. Y aunque muchas veces el SIDA se transmite por compartir agujas hipodérmicas, los estadounidenses mayores son más propensos a contraer la enfermedad a través del sexo sin protección. Muchos creen que los condones son sólo para prevenir embarazos, o que una pareja mayor de 50 años es menos propensa a padecer la enfermedad.
Sobrevivientes de larga data dicen que el envejecimiento del SIDA genera una nueva serie de situaciones desconocidas. “Era como ingresar caminando en un bosque oscuro”, afirma el diseñador jubilado Bradford Branch, de 59 años, al recordar los primeros tiempos de la epidemia. “Es algo parecido a lo que pasa ahora. Somos adultos mayores y VIH-positivos, y no tenemos modelos para lo que estamos pasando”. El escenario ha cambiado: VIH/SIDA no es la enfermedad de los homosexuales blancos de antaño. Afecta a más afroestadounidenses y latinos, a más personas heterosexuales, a más personas pobres.
De todos modos, si bien enfrenta desalentadores desafíos, la gente con VIH/SIDA está mucho más alerta, esperanzada y completamente viva. Conocimos a varias personas que enfrentaron la enfermedad y terminaron teniendo una idea mucho más clara de lo que es la vida.




















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