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Qué sucede con Washington

El descontento popular es notorio, pero ¿Cuánta culpa tienen los votantes?

In English | ¿Debemos culpar a las alarmantes noticias por cable, al aire acondicionado o quizás a Thomas Jefferson? Los estadounidenses se sienten defraudados con lo que perciben como una disfunción en Washington. Su decepción ha sido tal que ha dado pie a movimientos conservadores como el del "Tea Party" (el Partido del Té) y el del “Occupy Wall Street” (Ocupemos Wall Street), surgidos de extremos opuestos del espectro político para expresar la decepción pública con el gobierno federal. 

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El espectáculo del verano pasado con el enfrentamiento por el límite de la deuda, cuando los dos partidos estuvieron a punto de dejar al país en suspensión de pagos por primera vez, hizo que muchos ciudadanos sintieran que el gobierno no está trabajando bien. La crisis económica prolongada, los repetidos escándalos y los polémicos rescates del gobierno han contribuido a la decepción.

Ilustración del tío Sam noqueado. Mala Función del gobierno americano.

Ilustración: Ross MacDonald

Los estadounidenses se sienten frustrados con la disfunción del país.

"El sistema está roto", dice David Gergen, un asesor de presidentes—de Nixon a Clinton— y director del Centro para la Función Pública de la Harvard Kennedy School of Government. "Tendría que estar ciego para no ver la disfunción del gobierno. Y si usted es ciego, seguramente escuchará hablar sobre ello".

Por supuesto, a algunas personas les gusta que su gobierno sea disfuncional si eso implica que se aprueben menos leyes, señala Karen Hult, profesora de ciencias políticas en Virginia Tech: "La disfunción puede estar a la vista del observador".

¿Qué está ocasionando la "dis" en disfunción? Estos son cinco culpables: polarización, un ciclo de campaña permanente, una ciudadanía desconectada, el diseño original del gobierno federal y grupos de presión con intereses especiales.

Polarización. Aquí es donde interviene el aire acondicionado. A medida que su uso se extendió, una gran parte de los jubilados se mudó al sur y el marco político de la región se tornó más conservador, lo que provocó que el Sur sea homogéneamente más republicano y algunas partes del medio oeste y noreste sean más demócratas. A medida que esos cambios se extendieron, las regiones y los partidos políticos se han tornado menos diversos ideológicamente, dice Norm Ornstein, un intelectual del American Enterprise Institute, especialmente, al ser exhortados por fanáticos ideológicos a través de cable e internet .

Hult coincide en que los partidos se han vuelto más homogéneos. Los republicanos son mucho más conservadores, dicen Hult y Ornstein y los demócratas se han corrido a la izquierda, pero no tanto como los republicanos se corrieron a la derecha.

El resultado puede ser más votos en línea con el partido y la paralización. Antes de mediados de la década del 80, los políticos construyeron coaliciones que involucraban compromisos en todas las líneas del partido. Pero con partidos más cohesivos, los votos en línea con el partido son la norma en la actualidad, dice Betty Koed, historiadora del Senado. Y con el Senado bajo el control de los demócratas y la Cámara liderada por los republicanos, cierto estancamiento es inevitable.

A Ornstein le gusta imaginar un campo de fútbol en Washington lleno de legisladores clasificados por ideología. En la década del 60 y con anterioridad, los políticos formarían una curva de campana con la mayoría de ellos cerca de la línea de las 50 yardas. El mapa actual del campo de fútbol del Congreso tendría un "mediocampo desértico, muchas personas en los palos y no pocos flotando en el río Anacostia", afirma.

Grover Norquist, un conservador influyente que lidera a los estadounidenses que exigen una reforma impositiva, percibe el cambio hacia partidos más homogéneos como algo útil porque los votantes pueden ver una etiqueta del partido y tener una buena idea sobre la postura del candidato respecto de la mayoría de los temas. "En lugar de dividirse de acuerdo a la ideología de su bisabuelo en la Guerra Civil", afirma, "se dividen por principio; gobierno más grande o gobierno más pequeño".

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Campaña permanente. Lograr que algo se apruebe en Washington es difícil cuando la nueva temporada de campaña comienza a la mañana siguiente de la última elección. "En la actualidad estamos completamente dominados por la campaña permanente. Todo se filtra a través de la campaña," dice Ornstein, y agrega que él noto una actitud de: "Si Obama está a favor, nosotros estamos en contra, incluso si es bueno para el país".

La reciente ley de reforma del sistema de salud es un ejemplo perfecto, dice Ornstein. Los republicanos se opusieron y trataron de desarticularla, incluso algunas ideas que ellos habían apoyado originalmente porque quieren marcar claras diferencias entre los partidos.

Norquist ve a la ley de reforma del sistema de salud como un tipo distinto de ejemplo perfecto: fue el apoderamiento por parte del gobierno de una parte mayoritaria de la economía lo que generó el enojo de los estadounidenses que lo consideraron una extralimitación política. "La gente sabe lo que es ir al correo. Ellos no quieren que sus visitas al médicos sean igual. Tuvimos una masiva expansión del gobierno", afirma.

La expansión masiva de campañas es innegable. A medida que los costos se dispararon, los legisladores han tenido que recaudar fondos durante sus períodos en el cargo para ser reelectos. Las campañas eternas también desviaron su atención y sus energías de los aspectos básicos de la legislación.

Para poder satisfacer las exigencias de las arduas campañas, los legisladores a menudo viven en sus distritos para poder pasar más tiempo con los votantes y vuelan a Washington para votar a mediados de semana. Eso, dice Gergen, no ayudó al nivel de civilidad del debate político y ni a la habilidad de encontrar compromiso.

"Entran y salen y no se conocen entre sí", dice Gergen. "Es mucho más fácil tildar de villano a alguien que uno no conoce".

Pero Norquist ve a la campaña permanente como una parte saludable de la democracia: "Personas hablando permanentemente sobre lo que hay que hacer y cómo votar, eso está bien".

Deficiencias de los ciudadanos. Hult dice que la falta de información de los ciudadanos y su negativa a votar dificulta a los políticos la posibilidad de representar a la gente.

"La mayoría de nosotros ya nos hemos rendido", dice. "Es nuestro error como votantes".

Ornstein dice que los problemas son inevitables cuando los votantes apoyan a candidatos que se jactan de no saber nada de política. "Mientras los votantes se sientan atraídos por necios cuyo principal argumento es: "Yo no soy como los otros", vamos a tener más disfunción.

Disfunción por diseño. Parte de la disfunción del gobierno vino con el sistema. "Los creadores no querían un gobierno eficiente", dice Hult. "Sólo les preocupaba que las cosas no se hicieran demasiado rápido".

Pero el mundo ha cambiado.  Las comunicaciones, la velocidad de los negocios y la velocidad del cambio son mucho más rápidas que en los tiempos de los lapiceros de pluma. Thomas Jefferson con su preocupación histórica por las prerrogativas del estado agregó otra dimensión al conflicto, protegiendo un rol gubernamental significativo para una iniciativa estatal que se reaviva en la actualidad. Norquist considera que el problema es menor en la estructura que en el tamaño del gobierno.

"El gobierno no está trabajando bien, porque un gobierno que llega a tener este tamaño no trabaja bien. Hay que reducir el gobierno y que haga las cosas que sabe hacer", dice. "Los fundadores querían un gobierno pequeño porque sabían que el gobierno era peligroso. Tenemos que reducirlo nuevamente".

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Intereses especiales. Entre los problemas que percibe el público con respecto al gobierno, tienen suma importancia la influencia de los grupos de presión y otros intereses especiales. En un estudio del Pew Research Center, el 82 % de los encuestados se quejó de la influencia comprada con el dinero de los grupos que tienen intereses especiales.

Los grupos con intereses especiales han crecido drásticamente desde la década del 60, dice Hult, y además de ejercer presión pueden realizar sus propios anuncios publicitarios durante las elecciones. Ese tipo de influencia puede decidir lo que se logra hacer o no en Washington.

"Mi preocupación es que no es un campo de juego equilibrado. Algunos de esos intereses se escuchan con mayor fuerza y tienen más dinero", dice Hult. "Ese puede ser el motivo por el cual no tenemos políticas públicas que reflejen lo que la mayoría de las personas quiere".

Y cuando hay mucho en juego y los intereses especiales poderosos se meten en el medio, como en el caso de los esfuerzos por recortar el déficit, el resultado es el estancamiento, dice Hult.

También se produjo una crisis de confianza.

"Hay un enorme deterioro de la confianza en el gobierno", dice Gergen. "Tanto la derecha como la izquierda sienten que el sistema está en su contra".

El importe gastado en los grupos de presión se ha disparado de $1.440 millones en 1998 a $2.440 millones en el último año, de acuerdo con la organización no partidaria Center for Responsive Politics. Eso incluye los $22 millones que AARP gastó el año pasado.

Asimismo, la cantidad de dinero que el gobierno federal está gastando ha aumentado rápidamente, lo que incentivó a los intereses especiales a ejercer presión en Washington. Los desembolsos del gobierno federal fueron de unos $3.500 millones en el 2010, en comparación con $1.800 millones el año pasado.

James Madison afirma que la influencia de los intereses especiales aumentará y bajará a medida que el poder cambie de manos. Pero Gergen dice, "nuestro problema ahora es que el péndulo se detuvo. Nadie logra hacer nada".

Tamara Lytle ha cubierto temas relacionados con el Congreso, la Casa Blanca, política y elecciones durante más de 20 años.

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