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Vota: temas críticos como Medicare y el Seguro Social están en juego

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Los retos de un gobierno dividido

¿Cuál será el efecto de las elecciones en el déficit, sus impuestos y el seguro social?

In English | El nuevo Gobierno federal dividido se enfrenta a la difícil tarea de controlar el gasto y crear empleo al mismo tiempo. Los republicanos y los activistas del conservador Tea Party, por una parte, y el Presidente Obama y los traumatizados demócratas por la otra, se encuentran en una coyuntura política muy tensa y en las decisiones de los dos próximos años habrá mucho en juego. ¿Cómo responderán los políticos a las exigencias del electorado? ¿Colaborarán entre partidos o se atrincherarán en sus posturas, en preparación para una dura campaña en el 2012?

El enfrentamiento ocurrirá en un contexto de terribles dificultades: la consternadora situación económica, con uno de cada diez estadounidenses sin empleo, altos déficits presupuestarios estatales y federales, dos costosas guerras y varias propuestas de reducciones presupuestarias presentadas por tres comisiones sobre el déficit.

Muchos de los temas sobre el tapete son cruciales para los estadounidenses de edad avanzada —el déficit, el empleo y los impuestos, la atención médica, Medicare y el Seguro Social—. La forma en que se manejen esos temas dependerá en gran manera de los líderes de dos partidos políticos cada vez más polarizados.

Las elecciones ponen a John Boehner, de Ohio, en el puesto de presidente de la Cámara de Representantes, donde tendrá que integrarse a un grupo tradicionalmente republicano, con unos 80 recién llegados cuya promesa electoral fue que iban a hacer cambios políticos radicales y rápidos. "Está bastante claro que los estadounidenses quieren un Gobierno más responsable, de menor tamaño y menos costoso", dijo Boehner.

No hay duda de que Obama y sus demócratas recibieron lo que él denominó una "paliza" el día de las elecciones. Los demócratas no habían sufrido un golpe tan fuerte en más de 70 años. El Tea Party ha volcado a los republicanos del Congreso a la derecha y las elecciones han acabado con los demócratas moderados al polarizar a dicho partido más aún hacia la izquierda, lo que dificulta las perspectivas de colaboración y de concesiones mutuas.

Sin embargo, ese es el rumbo trazado por Obama desde las elecciones. El pueblo estadounidense quiere que en Washington "se junten y combinen diversas ideas, se busquen puntos en común y se actúe sobre ellos, y que se expresen diferencias de opinión sin ser ofensivos", afirmó Obama.

Pero en este ambiente partidista es muy complicado hacerlo. "Ahora hay una actitud maliciosa. Los partidos ni siquiera se hablan", asegura Stephen Hess, becario de alto nivel en la Brookings Institution.

John Rother, Vicepresidente Ejecutivo de AARP, comenta que "No parece haber mucho apoyo para las posturas intermedias". Sin embargo, tiene esperanzas de que Obama y los republicanos sigan queriendo unir fuerzas. Los republicanos tienen la responsabilidad de gobernar ahora que cuentan con la mayoría en la cámara baja. "Creo que el público respondería de forma negativa si su única respuesta fuera 'no' ", añade Rother.

Este Gobierno dividido se enfrenta a varios temas cruciales:

El déficit y la falta de empleo: El electorado dice que su mayor preocupación son los $1,3 billones ($1.3 trillion en inglés) de déficit presupuestario (junto con la deuda nacional acumulada de $13,7 billones ($13.7 trillion) de dólares) y el empleo. Los grupos que estudian soluciones al déficit, incluido el panel creado por el presidente, ofrecen a los legisladores una variedad de opciones.

La comisión del presidente sobre el déficit, dirigida por el ex senador Alan Simpson y el ex jefe de despacho de la Casa Blanca, Erskine Bowles, fue clara en su propuesta: recortar el gasto en defensa en $100.000 millones ($100 billion), incrementar gradualmente la edad de jubilación de 67 a 69 años, aumentar en 15 centavos el impuesto sobre la gasolina, reducir el impuesto empresarial al 26%, limitar la desgravación fiscal de los intereses de las hipotecas de las viviendas, reducir los subsidios agrícolas y recortar el personal que trabaja para el Gobierno federal en 10%.

Eso es mucho. "Hemos cazado todas las ballenas del océano y parte de los alevines", dice Simpson. Pero la reacción de los políticos y los grupos de especial interés, incluida AARP, es casi universalmente de crítica.

Eugene Steuerle, un becado del Urban Institute y ex funcionario del Departamento del Tesoro, señala que ambos partidos llevan gastando durante años más de lo que el país recauda. Pero ahora el electorado exige que se haga algo. El próximo año, aclara, el Gobierno gastará alrededor de $30.000 por hogar, mientras que tan sólo recaudará $20.000 en impuestos. "Hagan lo que hagan, va a haber daños a nivel político —añade Steuerle—. El dilema político es decirle a la clase media que algunas de las promesas, como menos impuestos y mayores beneficios, no podrán mantenerse".

Con el nivel de desempleo en casi el 10%, la creación de puestos laborales es otra prioridad. Pero si ello implica tomar prestado y gastar dinero, las dos exigencias del electorado son incompatibles.

Seguro Social: Debido a su tamaño, los desafíos financieros que enfrenta a largo plazo y los planes del partido republicano de privatizarlo parcialmente, el Seguro Social forma parte del debate presupuestario. Un plan presentado por la comisión del presidente es elevar la edad de jubilación a 68 años para el 2050 y a 69 para el 2075, y reducir gradualmente las prestaciones.

El republicano por Wisconsin Paul Ryan, que probablemente se convertirá en el nuevo presidente del Comité de Presupuesto de la Cámara de Representantes, será uno de los principales propugnadores del cambio. Está a favor de las cuentas privadas del Seguro Social, a las que AARP se opone. La Vicepresidenta Ejecutiva de AARP, Nancy LeaMond, declaró que los "estadounidenses, especialmente la clase media, se enfrentan a pensiones menguantes, ahorros inexistentes e incrementos en el costo de la atención médica, y dichas propuestas desequilibradas llevan al país por mal camino, en vez de responder a los temores reales de la gente".

Este tema, sin duda, será un centro de atención. “Significa que estaremos bajo mucha más presión que antes”, dice Barbara B. Kennelly, presidenta y directora ejecutiva del National Committee to Preserve Social Security and Medicare (Comité Nacional para Preservar el Seguro Social y Medicare).

Atención médica: Los republicanos se han concentrado en oponerse a la “Obamacare”, la reforma que ofrecerá seguro de salud a más de 30 millones de personas que no tienen seguro en la actualidad, al introducir nuevos requisitos para las empresas, las compañías de seguro y los particulares. Muchos de los republicanos recién elegidos han prometido lograr que se revoque la ley y tratarán de reducir los fondos necesarios para implementarla.

Si bien es cierto que tendrán dificultad en obtener los votos necesarios para anular un veto presidencial, pueden tratar de ralentizar el financiamiento de la reforma del sistema de salud o eliminar algunos de los servicios, dijo James Thurber, director del Center for Presidential and Congressional Studies (Centro de Estudios Presidenciales y del Congreso) de American University.

Boehner también les envió una carta a los gobernadores republicanos recién elegidos, prometiendo ayudarles a ralentizar la aplicación de toda la maquinaria necesaria para implementar el plan nacional.

Impuestos: Los recortes fiscales de la época Bush, así como los promulgados con el plan de estímulo del 2009, vencen a final del año. Obama ha anunciado un posible trato con los republicanos en el Congreso para extender los recortes fiscales de la administración del Presidente George W. Bush a todos los niveles de ingreso por dos años. El paquete legislativo también preservaría las prestaciones para quienes llevan tiempo desempleados y reduciría los impuestos de nómina de los empleados por un año.

¿Y ahora qué? El público parece pensar que las divisiones en el seno del Gobierno son algo bueno, dice el encuestador republicano Bill McInturff, de Public Opinion Strategies. Si mis colegas republicanos son astutos, encontrarán unos pocos demócratas moderados que los apoyen para poder decirle al electorado que están trabajando de forma bipartidista. Y si los republicanos hacen lo que prometieron en las elecciones, como recortar el gasto, ello podría dar mayor relieve al partido en las elecciones del 2012, añadió McInturff.

Por su parte los demócratas siguen teniendo la mayoría en el Senado, aunque los resultados de noviembre pueden asustar a los 23 senadores demócratas que tendrán que presentarse a reelección en el 2012. Y Obama sigue de presidente, con todos medios a su alcance, y el prestigio y el poder que ello implica.

"Los demócratas no van simplemente a aguantarse", dice David Gergen, del Center for Public Leadership (Centro para la Función Pública) de la Escuela Kennedy de Harvard. Pero Stephen Hess señala que "si no están dispuestos a colaborar, todo esto es tan solo un anuncio de lo que nos espera en el 2012, y muestra el nivel de estancamiento a que el pueblo estadounidense tendrá que enfrentarse".

Tamara Lytle fue la corresponsal en jefe de la oficina de Washington del Orlando Sentinel.

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