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Informe de AARP: Casi el 40% de los hispanos que cuidan de un ser querido son milénicos

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“La ola de inmigración no va a continuar”

La experta en la población hispana en Estados Unidos habla sobre el futuro de los latinos mayores de 50.

Abuelo ayudando a montar bicicleta a su nieto - Censo para los latinos

Foto: Brand X / Getty Images

Según el Censo del 2010 hay 9 millones de hispanos mayores de 50 años en Estados Unidos.

Lo primero que se ve al llegar a la oficina de Marta Tienda, en Princeton, es una puerta abierta y un pequeño corral de madera, como los que suelen usarse para proteger a los niños que gatean. Luego se escucha el ladrido de un perro y la doctora sale a saludar.

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“Su nombre es Malita, un poquito mala”, dice, sonriendo. Luce un vestido verde brillante y nos invita a pasar a su espaciosa oficina en el primer piso, con ventanales de cristal que miran hacia un generoso jardín. “Yo llego muy temprano y paso 12 ó 14 horas aquí; así que tengo que traer a Malita — no puedo ir a casa a buscarla”.

Eminente socióloga y demógrafa — conocida como una de los principales expertos del mundo en ‘Hispanicidad (un término que ella inventó) — esta profesora de la Universidad de Princeton, en Nueva Jersey, es la segunda hija de un mexicano que llegó indocumentado a Estados Unidos para trabajar en el campo y se casó aquí con una estadounidense de origen también mexicano. Autora de un libro seminal — La población hispana en los Estados Unidos (1987) —, estudió literatura española en la Universidad de Michigan con beca completa y tiene un doctorado en sociología de la Universidad de Texas, en Austin.

A los 61 años, Marta Tienda es obviamente una fuerza a tener en cuenta. Hablamos con ella sobre las tendencias demográficas que se desprenden del Censo 2010 y lo que significan para el segmento de la población hispana mayor de 50 años.

“Siempre digo que necesitamos una AARP para los niños”, opina, “porque los niños no tienen voz ni pueden votar. Las personas mayores tienen una gran voz, un lobby poderoso en Washington D.C., y además pueden votar”.

Marta Traba

Foto: Jon Roemer

La profesora Marta Tienda en el Woodrow Wilson School de la Universidad de Princeton.

Pues no nos vendría mal, ya que en promedio los hispanos somos más jóvenes que la población general de Estados Unidos… ¿Qué nos puede decir sobre el ritmo de envejecimiento en este país?  

Los únicos países que no envejecen tan rápido son las cuatro grandes naciones que reciben inmigrantes —Estados Unidos, Canadá, el Reino Unido y Australia— pero eso no evita el envejecimiento de la población; solo lo hace más lento. Los hispanos están madurando en una sociedad que envejece y en un momento de gran desigualdad. Las tendencias no auguran nada bueno para un grupo en que los valores familiares y la red de Seguro familiar eran muy poderosos.

Y sigue siendo así. ¿No?

Lo sigue siendo, pero esa red de Seguro se va a hacer trizas si no se invierte en la próxima generación. Y ahí se abre una grieta para los hispanos, que va a afectar a los mayores en la medida en que la siguiente generación no pueda mantenerlos.

¿No supone eso que la ola de inmigración latina va a continuar?

Oh, no. No va a continuar. Por una parte, la tasa de fertilidad ha disminuido en toda América Latina. En México ha llegado a 2,2, lo cual sólo cubre el reemplazo de la población. La población mexicana ya no está creciendo. Por otra parte, México y América Latina se están desarrollando, las economías están creciendo, hay más trabajo. La inmigración mexicana a Estados Unidos ya se volvió más lenta en 2008, con la recesión en Estados Unidos. Probablemente volverá a subir cuando las cosas mejoren aquí, pero en el largo plazo el flujo desde México se va a acabar. México no va a continuar suministrando el número de inmigrantes que necesitamos.

¿Y qué de los inmigrantes que ya se establecieron aquí?

Estados Unidos ha sabido absorber a la gran ola de inmigrantes que hemos tenido. En cambio España e Italia, donde la fecundidad cayó en picada y están envejeciendo mucho más rápido, tienen una inmensa cantidad de inmigrantes que no pueden absorber. Nosotros hemos sido capaces de manejar la situación pagando el precio de la diversificación.

Es un precio que vale la pena pagar, ¿o no?

Yo diría que sí, porque en una economía globalizada la diversificación es una ventaja. No todo el mundo lo ve de la misma manera; pero lo es, y si invertimos en la diversidad —yo llamo a eso capitalizar en la diversidad en vez de administrar la diversidad— estamos invirtiendo en el futuro. El enorme número de latinos que hay ahora en la escuela básica y secundaria serán, dentro de diez años, los trabajadores de este país. De modo que invertir ahora en la juventud significa invertir en una población que es desproporcionadamente latina.

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Al mismo tiempo, los hispanos mayores de 50 años de edad somos ya 9 millones.

Como poblaciónón total, seguimos siendo mucho más jóvenes que el resto de la población de Estados Unidos. Entonces podríamos decir “Ah, nosotros somos más jóvenes” y conformarnos con eso, o bien podemos preguntarnos cuál va a ser nuestro perfil de envejecimiento, dada la actual composición de la fuerza laboral. Y no sólo comparándonos con nuestros padres, sino con todos los demás en el mercado laboral. Esa es la comparación relevante. Si nos contentamos solamente con “Ah, mis hijos están recibiendo más educación que la que yo tuve” y blablablá, la historia suena bien. Pero el problema es que hemos estado perdiendo terreno desde 1970. Estamos mejorando, pero nos estamos quedando atrás al compararnos con el resto de la población. Esa es la gran paradoja de nuestro perfil educativo. Nada bueno.

La necesidad de reducir el gasto puede significar un impacto en los programas de ayuda social, como la Seguro Social y Medicare. Hay gran preocupación.

Y es justificada. Los hispanos enfrentan un problema serio al llegar a la edad de jubilación, porque tienen mucha mayor probabilidad de trabajar en empleos que no ofrecen planes de pensiones...

Así que muchos de ellos dependerán casi exclusivamente en la Seguro Social y Medicare.

Si cumplen los requisitos. Para ser elegibles, necesitan haber trabajado 40 trimestres [10 años] en empleos cubiertos por el Seguro Social. Los inmigrantes de mayor edad puede que no alcancen a trabajar 40 trimestres y, por lo tanto, no serían elegibles para Medicare. Y un desproporcionado número de quienes llegaron jóvenes, tienen salarios bajos, por lo que sus pensiones también van a ser bajas, si es que llegan a tenerlas.

Respecto de los latinos que están envejeciendo, me preocupa el hecho de que cualquier reducción o empobrecimiento de la red de Seguro social va a tener un impacto muy duro en ellos. Los trabajadores como mi papá —que se asentó finalmente en Detroit para trabajar en las fábricas de acero y pasó allí el resto de su vida— se jubilaron, tuvieron su pensión, nada grande, pero él tenía un buen seguro de salud, complementario a Medicare, que fue suprimido cuando vendieron Great Lakes Steel a los japoneses. Afortunadamente, mi hermana y yo pudimos ser su red de Seguro y nos incorporamos a AARP. El seguro complementario de AARP es fenomenal, siempre que puedas pagarlo.

Usted y su hermana encarnaron la red social de la familia…

En algunos casos, la segunda o tercera generación puede asumir ese gasto. Los frutos de una mayor educación fueron aumentando a partir de 1970, y hoy los hijos de los hispanos mayores tienen más educación y empleos mejor pagados, pero no está claro que tengan los recursos adicionales para pagar la atención de salud de sus padres. Algunos tenemos trabajos bien pagados, pero la clase trabajadora, hoy en día, no tiene margen de maniobra. Mi hermana menor, por ejemplo, nunca podría haber pagado un seguro adicional para mi padre.

La buena noticia es que no somos tan viejos como el resto de la población. La mala noticia es que debido a que somos tantos, cuando empecemos a envejecer, la realidad nos va a pegar fuerte.

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He escuchado que, dado que los hispanos son más jóvenes que la población en general, sólo deben sentarse a esperar y heredar la solución, porque el problema del Seguro Social habrá sido resuelto antes de que la gran masa de hispanos lleguen a la edad de jubilación. ¿Está de acuerdo?

Los hispanos somos la minoría más grande, pero también somos la menos educada. Si quieres proyectar esto a futuro, lo que vamos a heredar es la ruina. No vamos a ser capaces de aportar al sistema para mantenerlo a flote. Si no invertimos hoy en los jóvenes que van a pagar la Seguridad Social, si esto no se arregla, el problema va a ser gigantesco. Y en vista de lo que está pasando en Washington, lo qué va a estar bajo asalto serán, precisamente, los programas de ayuda social.

¿Qué sabemos de los inmigrantes latinos de más de 50 años de edad?

He empezado a trabajar con esa población—los de mayor edad— y, específicamente, en quienes han nacido en el extranjero y llegan a este país después de cumplir 50 años. Un dato importante es que el 10 % de todos los inmigrantes son mayores de 50 años, y ese dato debiera estar levantando algunas cejas. Mayoritariamente se trata de padres que vienen a Estados Unidos porque sus hijos se han vuelto ciudadanos y los están llamando. Muchos de ellos no hablan inglés, así que es improbable que vayan a trabajar los 40 trimestres que se necesita para ser elegible para Medicare. Por lo tanto, después de cinco años de vivir aquí, son elegibles para Medicaid, sin haber aportado al sistema. Esto constituye una presión adicional para un sistema que ya está presionado…

¿Propone usted entonces algo similar a lo que existe en Australia, donde se exige a los inmigrantes de mayor edad (o a sus hijos) que paguen por los servicios de salud que eventualmente usarán?

Yo pienso que los propios inmigrantes de mayor edad, o quienes los auspician (normalmente sus hijos adultos), debieran ser responsables de su atención de salud. Ellos deberían tener seguro de salud a fin de que no constituyan una carga para Medicaid.

¿Es cierto que los hispanos tienden a mantener su lengua más que otros inmigrantes?

Bueno, sí y no. Este país, a diferencia de Europa, es un cementerio para los idiomas. Aquí, para todos los efectos prácticos, el lenguaje se pierde en la tercera generación, incluso en lugares como Los Ángeles, donde hay una alta densidad de población que habla español. Uno de los factores que mantienen el idioma es estar en un entorno como Miami o Los Ángeles o San Antonio, donde hay una masa crítica de personas que lo usan inter-generacionalmente, a pesar de que los niños están aprendiendo inglés. De modo que sí, mantenemos el idioma un poco más debido a esa masa crítica, pero a la altura de la cuarta generación, el español también se pierde.

Pero al menos hay interés entre los hispanos de mantener la cultura y el idioma. Usted crió a sus hijos en español; yo también.

Espere hasta que se casen con alguien que no habla español…

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