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La difícil tarea presupuestaria puede ser demasiado para la supercomisión

El creciente presupuesto hace cada vez más difícil lograr el objetivo de reducir el déficit.

In English | Tan sólo doce legisladores comienzan ahora la intimidante tarea de buscar 1,5 billones de maneras de recortar el déficit federal. El resultado de ese empeño podría afectar a Medicare, los impuestos, los programas de servicios sociales y otras formas de gasto federal que son de interés para los estadounidenses de edad avanzada.

Ver también: Es hora de proteger el Seguro Social.

Los doce integrantes de la nueva comisión mixta seleccionada para proponer una reducción del déficit —(Joint Select Committee on Deficit Reduction, o "supercomisión") tienen la tarea de reducir en $1,5 billones ($1.5 trillion), para el Día de Acción de Gracias, el exceso que se espera en el presupuesto federal, mediante una combinación de mayores impuestos, cambios en los programas ayuda social, como el Seguro Social y Medicare, y la eliminación de programas que conllevan un gasto.

“Me aterra pensar que los recortes futuros pudieran tener consecuencias catastróficas para la gente mayor”, dice Tim Gearan, cabildero de alto nivel de AARP. “Tiene un impacto importante”.

El ánimo en Washington oscila entre una actitud optimista, por pensar que el comité reducirá el déficit por la presión de los tenedores de bonos y de los mercados financieros, y el pesimismo de que el Congreso no podrá cumplir con sus promesas de reducir la deuda, haga lo que haga el supercomité.

También se consideran los impuestos

Una de las opciones que se considera es reformar los códigos del impuesto sobre el ingreso y la tributación de las empresas, pero el proceso de eliminar exenciones fiscales a cambio de reducir la tasa impositiva general (algo en que ambos partidos están interesados) es un proceso complicado y que lleva tiempo, explica Bill Frenzel, de Brookings Institution, quien fue el integrante republicano de mayor jerarquía en el Comité de Presupuesto de la Cámara de Diputados.

Robert Bixby, presidente de la Concord Coalition, una organización no partidaria que promueve la reducción del déficit federal, dice que ya se ha hecho mucho del trabajo inicial. “No es como si no se hubiera pensado en nada aún”.

Un billete de dolar lleno de huecos - La tarea del presupuesto puede ser demasiado para la súper comisión

Foto: Jeff Spielman/Getty Images

Michael Franc, vicepresidente de estudios gubernamentales de la Heritage Foundation, explica que es posible que el comité haga un importante cambio tributario, y asegura que la eliminación de exenciones fiscales a cambio de menores tasas impositivas generales podría incentivar la economía. “De todos los grandes temas a que se enfrenta esta comisión, el que tiene mayor acogida bipartidista es el de la reforma fiscal”,  añade. “Si la dinámica es propicia, se podría improvisar una muy ambiciosa propuesta de reforma fiscal”.

La reducción de los programas de ayuda social, como el Seguro Social y Medicare, recibe menos apoyo bipartidista. Quienes defienden estos programas manifiestan que no deben formar parte de la totalidad del debate sobre la deuda, y que sus problemas a largo plazo deben resolverse por separado. Pero otros no están de acuerdo.

“Tiene que haber alguna concesión respecto a los programas sociales. Es un problema obvio inmenso del que nadie quiere hablar. Son programas insostenibles”, señala Tad DeHaven, analista presupuestario del centro de estudios Cato Institute.

Franc se pregunta si la baja en la calificación otorgada por Standard & Poor será el acicate necesario para abordar debidamente la situación del Seguro Social, Medicare y Medicaid (los grandes programas cuyo crecimiento, considera él, es el gran factor en la deuda a largo plazo). En los debates sobre cambiar los programas de jubilación, se ha asumido, en general, que cualquier cambio no afectará a las personas de 55 años en adelante porque están cerca de la edad de jubilación, pero Franc insiste que es hora de hacer cambios también en ese grupo de edad, porque eximir a la generación de los boomers significa no recortar suficientemente el déficit. 

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“Si no se cambia fundamentalmente esa relación del ciudadano con el Gobierno federal durante su jubilación, no podremos salir del círculo vicioso”, dice Franc. "Y el resultado será básicamente decirle a la siguiente generación ‘que aguante las consecuencias’ ".

Entre las dificultades a que se enfrenta el supercomité, se encuentran: el poco tiempo que tienen para actuar, la polarización en el Congreso, la gente que está harta de que se gaste en exceso, pero que no está dispuesta a renunciar a la ayuda que recibe personalmente, y los mercados financieros que acabarán incrementando las tasas de interés a todos si creen que Washington no está haciendo lo suficiente por resolver el problema.

Seis demócratas, seis republicanos, una enorme tarea.

Los líderes del Congreso nombraron, esta semana, a los integrantes del comité. Los demócratas son: Patty Murray, de Washington, el presidente del Comité de Finanzas del Senado Max Baucus, de Montana, y John Kerry, de Massachussets, por parte del Senado; y James Clyburn, de Carolina del Sur, Xavier Becerra, de California, y Chris Van Hollen, de Maryland, por parte de la Cámara de Diputados. Los republicanos son los senadores Jon Kyl, de Arizona, Rob Portman, de Ohio, y Pat Toomey, de Pensilvania; y los diputados Jeb Hensarling, Texas, el presidente de la Comisión de Medios y Arbitrios David Camp, de Michigan, y Fred Upton, de Michigan.

El supercomité se creó en un intento de última hora por superar el impase político que casi resultó en una histórica suspensión de pagos por la dificultad del Congreso en elevar el límite del endeudamiento gubernamental. El trato promete hacer reducciones de más de $900.000 millones ($900 billion) en programas nacionales y de defensa, durante los próximos 10 años, además de los $1,5 billones ($1.5 trillion) que determine este nuevo comité. 

Para el Congreso eso es mucho, pero los mercados financieros observan a Washington con atención, especialmente después de que Standard & Poor redujera la calificación crediticia del país, por las disputas políticas sobre cómo resolver el problema de la deuda a largo plazo.

El supercomité tiene un reto que muchos otros no han sido capaces de afrontar este año, incluidas dos comisiones bipartidistas sobre el déficit, el “Grupo de los Seis” (Gang of Six) senadores bipartidistas y las negociaciones del presidente Obama con el presidente de la Cámara de Representantes John Boehner.

“Hay muchos ánimos alterados en Washington en este momento. Llevan peleándose todo el año por el presupuesto”, dice Bixby.  “Me imagino que están bastante hartos los unos de los otros, y con todas las disputas, la situación ha ido de mal en peor”.

Poco tiempo y mucho que hacer

El supercomité tiene que acabar de presentar las recomendaciones de reducción en noviembre, lo que irá seguido de votaciones en la Cámara de Diputados y el Senado antes de Navidad.  El Congreso tiene que votar sobre la propuesta sin cambios ni enmiendas.  Si no se aprueba, habrá una reducción automática de $1,2 billones ($1.2 trillion) en el presupuesto de defensa y otros programas de gasto, así como en Medicare. El efecto en Medicare será una reducción del 2 % en los pagos a los proveedores de atención médica, incluida la tarifa de reembolso de los médicos. Los defensores de los derechos de las personas mayores temen que ello podría hacer que los médicos se rehúsaran a aceptar a nuevos pacientes de Medicare.

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“Tienen que hacer esto en un tiempo récord”, dice Gearan, a quien le preocupa que estos cambios se hagan sin plenas audiencias públicas.  “Este dictamen apresurado es muy preocupante”.

Se vuelve cada vez más difícil llegar a una solución aceptable para las diferentes partes, a medida que la nación y el Congreso están cada vez más polarizados, explica Frenzel. “Las políticas de unos y otros se han vuelto casi teologías”.

Mientras tanto el público observa consternado que Washington es incapaz de cuadrar su propia chequera.

“La gente dice que gastamos más de la cuenta”, comenta Frenzel, pero también [dicen] "no recorten lo que recibo, ni me aumenten los impuestos”.

Para lograr un acuerdo con cesiones mutuas, los dos partidos tienen que llegar a la conclusión de que es mejor resolver el problema de la deuda que usar el tema para recriminarse mutuamente en las elecciones del próximo año a la presidencia y el Congreso.

“Las elecciones del 2012 no se pierden de vista, y esa atención se vuelve más intensa a medida que nos acercamos a septiembre y octubre este año”, dice DeHaven.

¿Generará el caos en los mercados la voluntad de hacer concesiones?

Los mercados financieros también están atentos.  La reducción en la calificación crediticia, como la otorgada por Standard & Poor, generalmente da lugar a tasas de interés más altas para el Gobierno, pero también para los consumidores, que adquieren préstamos para viviendas y automóviles, o utilizan tarjetas de crédito.

Frenzel dice que los mercados quieren ver más recortes de los que se están considerando. La nación necesita reducir entre $4 y $5 billones ($4 trillion to $5 trillion) en el gasto para realmente reducir el tamaño de la deuda en proporción a la situación económica, añade.

“Creo que el Congreso realmente tiene que actuar con seriedad.  Tienen que renunciar a cosas a las que no quieren renunciar”, afirma Frenzel.

La primera ronda de recortes en el gasto, que ya ha sido aprobada por el Congreso, sólo indica el total del ahorro, pero no qué programas específicos se recortarán. Pero DeHaven dice que no espera que eso tenga mucho impacto. Se tienen que eliminar $900.000 millones ($900 billion) en 10 años, y mucho de ello ocurrirá en la última parte de ese período.  En el próximo año, se gastarán $25.000 millones ($25 billion) menos de lo que se hubiera gastado sin este acuerdo, señala. “No estamos hablando de un montón de dinero, si consideramos el panorama total de la situación”.

Pero Paul Van de Water, integrante de alto nivel en el Centro de Prioridades de Presupuesto y Política, no está de acuerdo. “Va a afectar a muchas de las tareas federales importantes”, dice, señalando ejemplos como los niveles de personal en las oficinas del Seguro Social, las investigaciones sobre enfermedades, la reparación de carreteras y el abastecimiento de alimentos.

Pero los observadores presupuestarios temen que el Congreso no cumpla con sus promesas de recortar el gasto.  El Congreso no puede hacer que los legisladores futuros se abstengan de revocar los recortes.

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“¿Cuáles son las probabilidades de que dentro de nueve años, o incluso el año que viene, vayan a atenerse a todo esto?” se pregunta DeHaven.

El Congreso creó incentivos para promulgar las propuestas del supercomité, al establecer recortes que se aplicarán automáticamente si la rama legislativa se queja de las propuestas del grupo. Entre dichos recortes automáticos están los del gasto en seguridad que es algo tan protegido por los republicanos, y el gasto nacional en Medicare que los demócratas no quieren disminuir.

Pero Franc predice que si hubiera que hacer esos recortes automáticos, los defensores de derechos lucharían contra ellos y el Congreso podría fácilmente eliminar algunas o todas las reducciones. “Han establecido formas de asegurar que el resultado final sea nulo”.

Franc y otros señalan que el Congreso con frecuencia ha hecho a un lado los problemas espinosos. Por ejemplo, el Congreso ha venido manteniendo año tras año el nivel de reembolso de pagos de Medicare a los médicos, que iba a recortarse en 1997 después de un acuerdo para cuadrar el presupuesto.

“Hacen oídos sordos a muchas cosas”, dice Bixby, que advierte que el Congreso promoverá el cinismo político si no se atiene a los recortes que promete.

Si tienen lugar los recortes automáticos, el tema de los médicos se volverá más complicado cuando surja de nuevo al final de año. Sin el “arreglo” del Congreso, los médicos pueden ver su pago por los pacientes de Medicare reducido en alrededor del 30 %.

Pete Sepp, vicepresidente ejecutivo de la National Taxpayers Union (Unión Nacional de Contribuyentes), dice que todo el mundo está de acuerdo en que hay que cambiar Medicare, pero no ocurre nada al respecto.

Él quisiera que el Congreso adopte una enmienda constitucional que exija cuadrar el presupuesto federal, para que no se desborde el gasto.  Le preocupa que, de no ser así, el Congreso apruebe recortes en el gasto que sean más bien un ejercicio contable, y no ataquen realmente el déficit del país.

Bixby se pregunta si el Congreso entiende lo que se le está pidiendo. “Los mercados y el público están básicamente diciéndole que haga algo”.

Tamara Lytle es una periodista de vasta experiencia en temas políticos.

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