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‘Bombshell: The Hedy Lamarr Story’: Genio incomprendido

La increíble historia de una de las actrices más bellas de Hollywood.

DIRECTOR: Alexandra Dean
GUION: Alexandra Dean
ELENCO: Hedy Lamarr, Peter Bogdanovich, Mel Brooks, Diane Kruger y Robert Osborne
DURACIÓN: 90 minutos

Hedy Lamarr, una de las mujeres más bellas que—seguramente—ha habido en la historia, era aún más inteligente que hermosa; de hecho, era un genio. Esa es la insólita revelación del documental Bombshell: The Hedy Lamarr Story. La estrella de la época dorada del cine de Hollywood en los años 40, inventó una forma de transmisión de señales de radio en la que hoy se basa la tecnología del Wi-Fi, Bluetooth y GPS. La tragedia es que cuando presentó su descubrimiento al gobierno estadounidense en plena Segunda Guerra Mundial, nadie le hizo caso: la noción de que una mujer tan bella pudiera tener también una mente brillante, era simplemente inconcebible. Además, Lamarr no tenía ninguna preparación académica que la avalara —apenas si acabó la secundaria: su inteligencia era intuitiva y producto de una extraordinaria imaginación—.

Utilizando clips de sus filmes, películas caseras y entrevistas a familiares y amigos, la directora Alexandra Dean recrea la increíble historia de Lamarr. El recurso más valioso, sin embargo, es el punto de vista de la propia actriz. Dean rescató una entrevista en audio que le realizó un periodista en 1990 para un articulo en la revista Forbes. En las grabaciones inéditas escuchamos a una Hedy Lamarr de 75 años hablando de todos los temas que toca el documental. Hedwig Kiesler nació en Viena en 1914 de acaudalados padres judíos. A los 5 años, desarmó una caja de música para ver como funcionaba, y la volvió a armar. La pregunta que plantea Bombshell es de haber sido hombre, ¿no la habrían animado a seguir una carrera técnica o científica? En todo caso, era su espectacular belleza, antes que su sexo, lo que desviaba la atención. Hedwig dejó la escuela a los 16 años para buscar fortuna en el cine. A los 19 consiguió el estelar en una una película de la cual se arrepentiría toda su vida: Éxtasis. La cinta causó furor mundial por su desnudo. Según diría Lamarr años después, el director Gustav Machatý la engañó diciéndole que, aunque tenía que correr sin ropa por el bosque, la cámara estaría tan lejos que apenas si se vería. Por supuesto, el fotógrafo utilizó el zoom y su cuerpo se ve nítidamente. Hedy obtuvo mala fama instantánea y su propia familia se sintió avergonzada y la rechazó. Hedy tomó entonces el único camino abierto a una mujer para tener respetabilidad: el matrimonio. En 1933 se casó con Fritz Mandl, un magnate que fabricaba armas para los Nazis. Mandl intentó (sin éxito), comprar y destruir todas las copias de Éxtasis. Desconfiaba tanto de Hedy que la tenía casi como una prisionera en uno des sus castillos. Hedy salió huyendo hacia Londres en 1937.

Hedy Lamarr con estrellas a su alrededor

Cortesía de Everett Collection via Zeitgeist Films

La actriz de Hollywood Hedy Lamarr fue una mente brillante un poco ignorada.

Enterada de que Louis B Meyer, el jefe de la MGM, viajaba de regreso a Estados Unidos en el Normandie, reservó un pasaje en el mismo transatlántico. Meyer, que era muy puritano, dudó en contratarla por la marca de Éxtasis. Sin embargo, cuando vio el impacto que causaba entre los pasajeros, se apresuró a ofrecerle un contrato. Al llegar a Nueva York la presentó a la prensa como Hedy Lamarr: “la mujer más bella del mundo”.  Pocos estuvieron en desacuerdo. Hedy sirvió de modelo para la Blancanieves de Disney y de inspiración para Cat Woman. Meyer, sin embargo, no sabía que hacer con ella: apenas si hablaba inglés y tenía un fuerte acento. Finalmente, en 1938 Hedy hizo su debut en Argel, que la convirtió en una estrella instantánea. Meyer la obligó entonces a actuar sin descanso en películas de mediana calidad como Lady of the Tropics (1939), I Take This Woman (1940), Comrade X (1940) y Come Live With Me (1941). Sólo Boom Town con Clark Gable fue un éxito indiscutible.

Lo peor es que, para que pudiera aguantar el agotador ritmo, le daban anfetaminas y luego pastillas para dormir. Hedy se volvió adicta a los barbitúricos, lo cual afectaría su estabilidad emocional. Su conducta se volvió muy errática. Además, aunque su carrera le dio fama y fortuna, sus actuaciones nunca la dejaron satisfecha —ni a los críticos—. Hedy se sentía muy sola, a pesar de estar siempre rodeada de pretendientes. Solamente uno de ellos, el legendario Howard Hughes, pudo ver más más allá de su belleza. Hugues puso a su disposición todo un equipo para que ejecutara sus invenciones. Fue Hedy quien diseñó las alas que volvieron más aerodinámicos los aviones del imperio de Hugues. En 1942, Hedy concibió, en colaboración con el compositor vanguardista George Antheil, una forma de transmisión secreta para que los alemanes no pudieran interceptar las señales de radio que controlaban los torpedos. Hedy llevó su invento a la marina y se rieron de ella. Cuando alguien encontró los papeles un tiempo después en un cajón, pusieron la técnica en práctica, pero jamás se lo hicieron saber a Hedy.

La carrera de Hedy se fue deteriorando poco a poco. Su último éxito fue Sansón y Dalila que se convirtió en la película más taquillera de 1950. Se casó cinco veces más, pero con hombres que no la valoraban y que llegaron a aprovecharse de su fortuna. Tuvo dos hijos que aparecen en el documental. "Había tantos lados de ella ", dice su hijo Athony Loder, "incluso yo no sabía quién era mi mamá". Lo peor de todo, como lo dice Lamarr misma, es eso: "Nunca fui vista más allá de mi cara".

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