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Vida moderna

Su atención, por favor

La sociedad exige que le prestemos atención, pero podemos decirle que no.

— Eddie Guy

El otro día las conté: tenía 49 ventanas abiertas en mi computadora. Así es. Estaba intentando mirar 49 páginas distintas, casi simultáneamente.

Correo electrónico; blogs; videos en YouTube; artículos relativos a la salud, carreras laborales, entretenimiento, finanzas personales; noticias y artículos de opinión sobre temas desde Corea del Norte hasta la siesta, y una página web (dramabutton.com) donde hay un botón que toca ese tema melodramático que se escucha en las películas antiguas cuando se presiente que va a suceder algo trágico: "Chan, chan, chaaaan...".

Me pareció un buen momento para presionarlo.

Bienvenido a la crisis de atención, también conocida como "cultura de la distracción", "síndrome de fatiga de información" o, simplemente, "vida moderna". Es lo que ocurre cuando los destellos; bips; chan, chan, chaaaans y demás estímulos tecnológicos enmarañan nuestro enfoque, nos destrozan los nervios y malgastan nuestra productividad. Si a eso le sumamos un empleo escaso de personal (o el estrés de buscar trabajo), lidiar con los niños y nuestros padres que están envejeciendo y otras demandas de la vida del siglo XXI, no debería asombrarnos que nuestra atención esté sometida a tanta tensión. Todos los estadounidenses somos vulnerables a este problema, pero especialmente las personas mayores de 50 años debido a que los cambios normales del cerebro dificultan nuestra capacidad de desconectarnos de las distracciones —debido a pequeñas obstrucciones en el flujo de sangre al cerebro y una disminución de los químicos que envían señales nerviosas—.

"Hemos llegado al límite de la capacidad humana para hacer frente a los estímulos en nuestro ambiente", explica Maggie Jackson, autora de Distracted: The Erosion of Attention and the Coming Dark Age. Y los estímulos continúan multiplicándose. Los investigadores de la University of California-San Diego descubrieron recientemente que, en promedio, los estadounidenses escuchan, ven o leen 34 gigabytes de información por día (unas 100.000 palabras) en la tele, internet, libros, radio, periódicos y otras fuentes. Esa cifra ha crecido más de un 5% anual desde 1980.

Lo peor es que nuestros mecanismos de defensa podrían aumentar nuestros niveles de estrés. Hacemos miles de cosas a la vez, pero nuestra lista de tareas pendientes crece cada vez más. Prestamos "atención parcial continua" —según Linda Stone, ex ejecutiva de Microsoft, que escribe un blog llamado The Attention Project—, leemos todo muy por encima con la esperanza de no perdernos de nada. Caemos en agujeros negros del tiempo y emergemos pestañeando, horas después, sin haber obtenido resultados. Nos olvidamos de nuestras citas, abandonamos proyectos y arriesgamos nuestra seguridad (en el 2008, el 16% de las muertes en accidentes automovilísticos se vincularon a distracciones; un aumento del 4% desde el 2004, según informa la NHTSA (Administración Nacional de Seguridad de Tráfico en las Carreteras)).

A mediados de los 1990, el Dr. Edward M. Hallowell, un psiquiatra especializado en ADD (trastorno de déficit de atención), comenzó a recibir más quejas de los adultos que, dice, se sentían "forzados y excedidos". Evidentemente estar ocupados no es algo nuevo, pero con cada año que pasa, la tecnología empeora el problema. "Con la proliferación de 'dispositivos electrónicos' (como los llaman las aerolíneas), prácticamente el único lugar donde uno está 'no disponible' es en la ducha", afirma Hallowell, autor de CrazyBusy: Overstretched, Overbooked, and About to Snap!

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