Después de décadas de hacer referencia a ella, la metáfora del “gigante dormido” del poder político latino se puede descartar: el 4 de noviembre, más de 10 millones de hispanos —en comparación con los 7,6 millones que votaron en 2004—acudieron a las urnas, ayudando a pintar de azul estados rojos y sumar para la abrumadora victoria del senador Barack Obama en el colegio electoral.
Según datos de las encuestas de CNN.com correspondientes a las elecciones presidenciales 2008, en todo el país, el 63% de los votantes hispanos mayores de 45 años votaron por Obama, y cerca del 35%, por su rival republicano, el senador John McCain. Entre los grupos étnicos y raciales, sólo los afronorteamericanos registraron un mayor porcentaje de votos favorables a Obama.
Roberto Suro, profesor de periodismo de University of Southern California y ex director del Pew Hispanic Center, le otorga a los hispanos un papel clave en la creación de lo que él denomina una “mancha azul” en la región oeste de Estados Unidos. Obama ganó en Colorado, Nuevo México y Nevada —tres estados que se inclinaron por el candidato republicano George W. Bush en 2004—, y según las encuestas de CNN, el senador por Illinois obtuvo el 73% de los votos latinos en Colorado, el 69% en Nuevo México y el 78% en Nevada.
En Colorado, donde ningún demócrata había ganado una puja presidencial en 16 años, la victoria de Obama es el resultado de un deseo de cambio; punto y aparte, expresó el senador Ken Salazar (demócrata por Colorado), quien hizo campaña a favor del candidato de su partido. “Los coloradenses… están cansados de la dirigencia partidaria ideológica del pasado, y quieren líderes que solucionen problemas dispuestos a trabajar juntos, más allá de lo partidario, para volver a encarrilar el país”, señala. Salazar también da crédito al “alcance y enfoque sin precedentes de la campaña [de Obama]” —con más de 50 oficinas en 64 condados— para llegar a los hispanos del estado.
Independientemente del voto generalizado en favor de los demócratas, Danny Vargas, presidente nacional de la Republican National Hispanic Assembly (Asamblea Nacional Hispana Republicana), ve un resquicio de esperanza en estas elecciones: “Es grandioso ver a la comunidad hispana comprometida con el proceso electoral —apunta—. Los hispanos mostraron un elevado nivel de interés, no sólo por inscribirse para votar, sino, además, por emitir su voto”.
Así fue para Ana Rodriguez, de 51 años, de Catonsville, Maryland. Sin ser demócrata ni republicana, dijo que, por primera vez en su vida, se sintió obligada a participar como voluntaria y a donar dinero para una campaña política. “Me movilizó el hecho de que el presidente electo Obama dejara claro que es nuestra responsabilidad participar en el gobierno —dijo la oriunda de Puerto Rico—. Al concurrir a las urnas, mi prioridad fue llevar a la Casa Blanca una nueva manera de pensar que se vaya a reflejar en nuestro gobierno, en la economía, el medio ambiente y en la política exterior”.
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