Cada vez que Julia Alvarez publica un libro es ocasión de regocijo para los lectores que, como yo, leemos todo lo que escribe, aunque sea para niños. Este mes nos llega A Wedding in Haiti, el cuento de la boda de Piti, un joven haitiano que trabajaba en la finca de café de la escritora y su esposo y a quien le tomaron mucho cariño. Pero el libro es mucho más.
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Entre otras cosas, es una meditación profunda sobre el amor, la amistad y la vida; un comentario franco y agudo sobre asuntos raciales y sobre las relaciones entre Haití y la República Dominicana, naciones que comparten más que una isla del Caribe. También es una narración detallada y poética sobre dos viajes de Alvarez a Haití: uno antes del devastador terremoto de enero de 2010 y otro después. Se lee en dos días, pero sus palabras calan y dejan secuela.
P: ¿En qué momento y por qué decidió escribir este libro?
R: Siempre escribo en un diario cuando viajo porque me ayuda a entender lo que estoy viviendo y sintiendo. Así que durante mi primer viaje a Haití para ir a la boda de Piti llevé mi diario, aunque nunca pensé que sería algún día la semilla de un libro. Pero mi esposo Bill y yo nos quedamos tan emocionados con nuestras experiencias en ese viaje que empecé a preguntarme si no habría un libro en esas notas, un libro que yo todavía no podía definir. Pero sí sería sobre la amistad entre dos personas cuyos países históricamente no han tenido las mejores relaciones, sobre los grandes cambios en mi vida, y también sobre el amor —el amor joven y el amor que perdura—.
Empecé a escribir sin saber claramente hacia dónde iba. Y en eso estaba cuando el terremoto devastó a Port-au-Prince; en ese momento mi proyecto cobró urgencia: Tenía que escribir este libro para construir algo después de tanta destrucción, algo que me permitiera solidarizarme con Haití, a través de la amistad y de las historias.
P: En Haití la consideran una mujer blanca. En Estados Unidos es latina, una de las llamadas “personas de color”. En el proceso de escribir este libro, ¿a qué conclusiones llegó sobre asuntos raciales?
R: Una de las mejores experiencias de estar en un lugar como Haití es que, como extranjera, lo que ellos llaman blan —que también es la palabra que describe el color de piel blanco— uno de pronto se convierte en minoría, en el “otro”. Eso te ayuda, una vez que regresas a casa, a entender más a los que están marginados aquí. Es realmente una oportunidad de caminar en los zapatos del otro, lo cual es la mejor manera de aprender, desde adentro. Y que es, por cierto, lo mismo que se logra en la literatura.
La cuestión racial es muy complicada en el Caribe, por eso los que estamos en la diáspora hemos tratado de cambiar el tono de la conversación en la República Dominicana y no queremos definirnos más con conceptos raciales anticuados y divisorios. Queremos reclamar nuestra historia racial con orgullo, y creo que eso nos ha ayudado a todos, los de aquí y los de allá.
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