Mathew Ramirez Warren: ‘El boogaloo mantuvo viva a la música latina’

El director de 'We Like It Like That' nos lleva tras la cámara.

Mathew Ramirez Warren

Mathew Ramirez Warren

Uno de los elementos más llamativos de We Like It Like That, el documental sobre el fenómeno del boogaloo que hace poco debutó en varios festivales de cine, es la atención al detalle que define a cada una de sus escenas. Esta excelencia es el fruto de un arduo trabajo que duró más de cinco años. En el 2010, el periodista Mathew Ramirez Warren empezó a filmar entrevistas con músicos latinos en Nueva York, con la finalidad de transformar este material en un largometraje. Warren, de madre colombiana y fanático coleccionista de música latina, habló con AARP en español sobre su enamoramiento con el boogaloo y la clave para realizar un documental inolvidable.

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¿Cuándo fue la primera vez que escuchaste una canción de boogaloo?

Como casi todo el mundo, había escuchado los éxitos más grandes, como Bang Bang o I Like It Like That, especialmente cuando Tito Nieves la grabó en los años 90. Pero a principios del nuevo milenio, cuando fui a la universidad, empecé a coleccionar discos viejos. En los mercados de pulga en Nueva York, inevitablemente uno encuentra muchos discos latinos. Hubo algunos que me causaron una gran impresión, como Acid de Ray Barretto, que me fascinó desde el primer momento que lo escuché. También Subway Joe de Joe Bataán y Boogaloo Blues de Johnny Colón. Tuve mucha suerte de encontrarlos, así como LPs de salsa de Willie Colón y otros artistas.

Escuchar estos discos me ayudó a entender el papel preponderante que Nueva York ha tenido en la música latina. Me llamó la atención el boogaloo por su mezcla, tan neoyorquina de rhythm & blues, soul y funk con ritmos latinos. Algo así como un símbolo de la fusión de culturas que ocurrió en esta ciudad.

Realizar una película sobre un género de música significa un esfuerzo descomunal. ¿Por qué decidiste hacer un documental justamente sobre el boogaloo?

Una lección que aprendí y puedo compartir con cualquiera que esté planeando filmar un documental es que si uno tuviera la menor idea del esfuerzo que significa, ni siquiera empezaría [risas]. Llega un momento en que le dedicaste tanto esfuerzo que no tiene sentido parar, y entonces sigues hasta el final. Inicialmente yo trabajaba como periodista, especialmente para The New York Times, cubriendo crímenes violentos y conferencias de prensa políticas. Era un trabajo angustiante y para escaparme un poco, escribía notas sobre música. Entrevisté a Johnny Colón para una revista, y entonces me puse a buscar a todos los otros protagonistas del boogaloo, especialmente porque los discos latinos de esa época —fines de los 60— fueron siempre mis favoritos.

Empecé a filmar entrevistas solo. Era un equipo de una persona, con cámara, luces y sonido. Realicé varias entrevistas allá por el 2010, como punto de partida. Entonces tuve la fortuna de conocer a Elena Martinez, que se sumó al proyecto como productora. Hicimos una campaña buscando donaciones en Kickstarter, y después conseguimos algunas subvenciones que nos permitieron contratar un equipo de filmación y licenciar el material de archivo. Volvimos a realizar las entrevistas con los músicos, pero en algunas cosas usamos el material original, porque no pudimos recrear la magia de esas primeras charlas. Por suerte, mucha gente se identificó con el proyecto y estuvieron deseosos de apoyarlo.

Muchos grandes artistas de la salsa, desde Eddie Palmieri hasta Larry Harlow, han declarado públicamente que detestan el boogaloo. ¿Qué piensas de eso?

Sí, esos artistas son extraordinarios, se consideran puristas y tienen todo el derecho a su opinión. En el documental buscamos presentar diversos puntos de vista, e inclusive aparece Larry Harlow diciendo que no soporta el boogaloo. Creo que parte de esto tiene que ver con una diferencia de edad, aunque fueran solamente cinco o 10 años. Los músicos que eran un poquito mayores resentían la propuesta de los más jóvenes, que no les llamaba la atención. Lo importante del boogaloo es que llegó en un momento puntual para la música latina en Nueva York.

Todos los entrevistados me contaron que antes del boogaloo, consideraban que los sonidos latinos eran la música de sus padres. A ellos les gustaba lo que se escuchaba en la radio, desde Los Beatles hasta las canciones de la Motown. Y de repente aparece esta nueva música que tiene letras en inglés y mezcla los dos mundos. Además, los artistas más jóvenes no tocaban solamente boogaloo. Hasta los primeros discos de Joe Bataán tienen mambos y descargas. Cuando llegaron los años 70, los oídos de esta gente estaban listos para aceptar el movimiento salsero. Hubo un cambio de mentalidad. El boogaloo, de alguna manera, mantuvo viva a la música latina.

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