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¿Suicidio político?

Los republicanos de la Cámara proponen eliminar Medicare y Medicaid en su nuevo plan presupuestal.

La solución que los republicanos han propuesto para reducir el déficit y disminuir el gasto en la economía del país incluye eliminar los programas Medicare y Medicaid mientras rebajan los impuestos sobre la renta a los millonarios. Dicho en otras palabras, darle más dinero a los que les sobra y quitárselo a los que cada día tienen menos.

Esa es esencialmente la fórmula contenida en la propuesta presentada por el representante republicano Paul Ryan, presidente de la comisión de presupuesto de la Cámara, por la cual votaron los congresistas republicanos la semana pasada sin hacerle un solo cambio. Ni un solo demócrata votó a favor de esa legislación draconiana. 

Resultó indignante para muchos escuchar a serios analistas conservadores dar crédito a Ryan por haber tenido “la valentía” de haber puesto estas ideas descabelladas sobre la mesa de debate. ¿Valentía privar a las personas mayores y a los pobres de sus beneficios de salud para disponer de más dinero para beneficiar al 1% de la población que no lo necesita?

Su argumento es que esos millones que les entregan a los ricos y a las corporaciones encuentran la manera de filtrarse hacia los niveles inferiores de la economía y se traducen eventualmente en más empleos y más prosperidad para todos. Es curioso que eso fue exactamente la fórmula empleada por el gobierno de George W. Bush cuyos ocho años en la Casa Blanca provocaron una pérdida de 2.6 millones de empleos. 

El programa Medicare se convirtió en ley en 1965, sin apoyo republicano, para aliviar la carga de gastos médicos de las personas mayores tras una larga vida de trabajo y a una edad en la que ninguna compañía de seguros se arriesgaba a extenderles una póliza. La actual propuesta republicana es eliminar ese programa y darle a cada persona mayor de 65 años un vale por varios miles de dólares para que compre por su cuenta una póliza a las compañías aseguradoras.

Medicaid también fue creado en 1965. Va dirigido a personas de bajos ingresos y discapacitadas. Muchas familias estadounidenses sobreviven en estos tiempos por recibir los beneficios de Medicaid, programa que no se basa en la edad, como es el caso de Medicare, sino en la demostración de ingresos extremadamente limitados. La solución republicana propone eliminar el programa y concederle esos fondos a los estados para que sean ellos los que los distribuyan.

El presidente Obama, quien la semana pasada presentó también su propia propuesta de presupuesto, ha dicho tajantemente que semejante solución no va a ocurrir mientras él sea presidente. Tras expresar la ineludible necesidad de hacer algo para efectivamente disminuir el gasto y reducir el déficit, el Presidente presentó una serie de medidas, sin eliminar estos programas cruciales, para poder hacer frente y cumplir con las responsabilidades financieras del país sin dejar de disminuir el gasto y reducir el déficit. Admitió que tendría que eliminar muchos programas que efectivamente prestan servicios útiles y necesarios en muchas áreas, pero que lo haría sin llegar a los extremos de alterar los principios y valores que han caracterizado a Estados Unidos a través de la historia y que le han dado su imagen y su sentido de justicia social.

Vivimos en tiempos realmente difíciles.

La situación de la economía continúa en crisis. El desempleo sigue siendo más alto de lo razonable y la brecha entre ricos y pobres continúa ampliándose. Entretanto, el área entre estos dos extremos, anteriormente ocupada por la clase media, se ha reducido tanto que costaría Dios y ayuda volverla a poblar al nivel que estuvo antes. El país que se caracterizó por sus construcciones y su manufactura ahora concentra toda su atención a simbólicos valores financieros. La industria se debilita cada vez más mientras Wall Street y los que especulan en la bolsa ganan millones en salario y en bonos.

La clase obrera, que una vez constituyó el fundamento de una sociedad trabajadora, está bajo ataque en nombre de las corporaciones que cada vez actúan con mayor impunidad. Y mientras esas corporaciones se enriquecen más cada día, el erario público mantiene una creciente deuda con China, un país cuyo sistema combatimos durante el tiempo que duró la Guerra Fría acusándolo de ser todo lo contrario a la prosperidad y la felicidad humana.

Así las cosas, los votantes en noviembre de 2010, motivados por el Tea Party y culpando no a los que habían causado la crisis sino a los que dedicaban todo su tiempo para solucionarla, eligieron una nueva Cámara de Representantes que ahora incurre en estos extremos por los que podrían tener que pagar un precio muy alto en la elección de 2012.

¿Será que ellos han olvidado que las personas mayores de 65 y los que viven por debajo del nivel de pobreza cumplen rigurosamente su deber de votar?

El contenido de esta columna refleja estrictamente la opinión del columnista y no la postura de AARP. AARP es una organización no partidista, sin fines de lucro que ayuda a las personas mayores de 50 años de edad a ser independientes y a ejercer control de sus vidas de manera asequible y que les beneficie a ellos y a la sociedad. AARP no respalda a ningún candidato a cargos públicos ni dona a campañas políticas ni a ningún candidato.

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