Skip to content
 

El boom hispano

Tras un crecimiento del 43% en la pasada década, la población latina ahora sobrepasa los 50 millones.

Las cifras del censo de 2010 publicadas la semana pasada indican que los hispanos se han convertido en la población de más rápido crecimiento en la sociedad estadounidense. El número exacto reportado por la Oficina del Censo es de 50.477.594 habitantes hispanos, más de un 16% de la población general estadounidense que es ahora de 308.745.538. Y las proyecciones indican que los hispanos sumarán más de 131 millones en 2050, cuando serán un tercio de la población general.

No sin razón, la mayoría de los hispanos ha reaccionado con orgullo ante estos números. Los trabajadores hispanos constituyen el 15% de la fuerza de trabajo estadounidense, casi el mismo por ciento de las cifras generales de población. Además, uno de cada cuatro bebés nace de padres hispanos y tres de cada cuatro residentes latinos han adoptado la ciudadanía estadounidense.

Las estadísticas han tenido también un impacto global. ¿Alguien se ha detenido a pensar que la segunda mayor población hispana en el mundo es Estados Unidos, superada sólo por México? ¿Y que la comunidad hispana estadounidense ocupa el lugar número 15 en el nivel de consumidores del mundo?

Pero estos no son meros números. Detrás de estas cifras está la formidable y creciente presencia hispana en Estados Unidos. La influencia de la cultura española y latinoamericana en las artes de este país ha sido enorme. Antes había jazz. Ahora, desde que el percusionista cubano Chano Pozo sumó su talento a los de Dizzy Gillespie y Charlie Parker en los años 40, existe también el Latin Jazz. Existen canales de televisión en este país que transmiten telenovelas latinoamericanas dobladas al inglés.

El American Ballet Theatre, uno de los troupes de mayor excelencia en el mundo del baile clásico, tiene bailarines latinoamericanos entre sus figuras principales. Esta semana el ABT organizó en Nueva York un homenaje-despedida a uno de sus bailarines principales, el fabuloso e incomparable José Manuel Carreño, cuando éste anunció su retiro de las tablas.

La gastronomía estadounidense se ha enriquecido con platos latinoamericanos que ahora se consideran poco menos que nacionales. Una vez me comí un exquisito plato de frijoles negros en un restaurante sureño, no-latino, en Tennessee. Y ni hablar de los tacos mexicanos. El ron y el tequila se han insertado en bares de ciudades y suburbios, convirtiendo el mojito cubano y la margarita mexicana en tragos nacionales.

En deportes, el talento latinoamericano ha hecho contribuciones excepcionales. En béisbol, por ejemplo, los jugadores dominicanos, venezolanos, cubanos y de otros países latinoamericanos están entre los más consagrados, mejor pagados y más admirados por los fanáticos.

Y así, no hay área en la sociedad estadounidense que no tenga una presencia hispana. Sin embargo, tal vez sea en la política donde los hispanos imprimen su más determinante huella. Es un hecho establecido que el voto hispano es capaz de alterar el rumbo de una elección, razón por la cual los políticos se acercan ansiosos a la comunidad hispana cuando le llega la hora a los votantes de acudir a las urnas a depositar sus boletas.

En la elección presidencial de 2008, por ejemplo, puede decirse con certeza que el voto favorable del 67% de los hispanos llevó al senador Barack Obama a la Casa Blanca. El perdedor, el senador John McCain, en cambio, recibió sólo el 31%. Los analistas políticos calculan que ningún candidato que obtenga menos del 35% del voto hispano puede ganar una elección.

Hubo una época en que se daba por sentado que los hispanos eran todos demócratas. Y aunque es cierto que la mayoría lo sigue siendo, en las elecciones de medio término en 2010 tres republicanos ganaron sus candidaturas esencialmente con el voto hispano: el senador Marco Rubio en Florida, y los gobernadores Susana Martínez en Nuevo México y Brian Sandoval en Nevada.

En las proyecciones de las elecciones presidenciales de 2012 existen estados enteros que pueden ir a uno u otro candidato dependiendo del voto latino, el cual podría arrastrar consigo los votos electorales necesarios para determinar el ganador. En este momento, aún no se han lanzado al ruedo los candidatos de la oposición para disputarle a Obama su posible reelección. No obstante, en estados cruciales como Arizona, Colorado y Nevada ya comienzan a definirse las estrategias para asegurar el voto latino.

En toda esta problemática de cultura, etnia y números, es curioso estudiar cómo y cuándo comenzó el fenómeno hispano en Estados Unidos. Ello ocurrió siglos antes de que llegara el primer anglosajón a estas tierras. Fueron las expediciones de los conquistadores españoles Hernando de Soto, Juan Ponce de León y Alonso Álvarez de Pineda, a principios del siglo 16, las que clavaron sus banderas por primera vez en este territorio habitado entonces por indios. Y fue Ponce de León quien, en medio de su búsqueda de la fuente de la juventud, fundó la primera ciudad de Estados Unidos, San Agustín, en un estado que él descubrió el Domingo de Resurrección de 1513 y que nombró Florida para honrar la Pascua Florida que se celebraba ese día.

¿Qué opinas?

0 | Add Yours

Deje su comentario en el campo de abajo.

Debe registrarse para comentar.

LEE ESTE ARTÍCULO