In English | En la parroquia San Bernardo de Luisiana es muy común el apellido Robin; quienes lo llevan son los descendientes de una mujer de las Islas Canarias que llegó en los años 1770. Desde entonces, muchos miembros de la familia Robin se han ganado la vida como pescadores.
Pero, lo menos que están haciendo los Robin en estos días es pescar.
Por causa del cierre de grandes extensiones del Golfo de México, decretado por el Gobierno Federal a raíz del derrame de petróleo, el pescador Charles Robin III, de 50 años, quien pertenece a la quinta generación de una familia de pescadores, es una de las tantas personas del lugar que han aceptado a regañadientes trabajar para British Petroleum, limpiando la playa y la superficie del mar.
"Le digo que este derrame de petróleo está acabando con todos nosotros'', dice Robin en su peculiar manera de hablar, un acento bien diferenciado característico de la parroquia Saint Bernard.
''Sabemos cómo lidiar con un huracán'', dice. ''Nos levantamos, nos lamemos las heridas, recogemos lo que queda y seguimos adelante. Aquí, no sabemos cuáles serán los efectos a largo plazo. Tal vez no podamos volver a pescar''.
Después de participar en un entrenamiento de 12 horas diarias por varias semanas y de estar de guardia todos los días, Robin optó por cuatro días de trabajo y dos de descanso. Tanto él como la tripulación de su barco pesquero, el Ellie Margaret, buscan petróleo derramado en las aguas de Breton Sound y alrededor de las Islas Chandeleur, pero solamente han encontrado una franja grande del petróleo vertido.
¿Qué nos depara el futuro?
El dinero no ha faltado; hoy en día gana tanto o más de lo que ganaba en una semana usual de pesca. ''Está bien por esta semana, pero ¿qué pasará dentro de cinco años?, pregunta.
''La pesca puede ser difícil o fácil. A medida que uno envejece no necesita ganar tanto dinero porque ya no está levantando una familia".
La instalación del tapón en el pozo es ''una buena noticia'', dice. Pero, todavía no sabe si eso repercutirá en la duración de su trabajo con BP.
Entretanto, este trabajo lo dejó con una lesión grave, el meñique de la mano izquierda destrozado. Se lesionó con el cabrestante mientras la embarcación se arrastraba buscando restos de petróleo. Está en espera de otra opinión de un médico, para saber si habrá que amputar parte del dedo.
"Por 40 años he venido haciendo lo mismo, pero me descuidé por una fracción de segundo'', dice. "De tanto pensar en el derrame de petróleo, me descuidé. Bajé la guardia y eso me costó un dedo".
Por esos mismos días, su hermano Ricky Robin, otro pescador experto, tuvo que someterse a una operación urgente de derivación coronaria cuádruple. Según Robin, el estrés del derrame de petróleo repercutió en la salud de su hermano.
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