In English | Mide 4 pies y 11 pulgadas (1,50 m) y su vocecita infantil afirma, de cierto modo desafiante, que no dejará de luchar hasta que haya justicia en el mundo.
"Sé que soy una idealista. Mi objetivo final es evitar que los ricos se vuelvan más ricos y los pobres se vuelvan más pobres", dice Erica Fernandez, sin hacer una pausa ni para respirar ni para impresionar.
Si eso suena demasiado ingenuo podría ser porque ella tiene 20 años, cursa el penúltimo año de la Stanford University y cree en la magia.
"¿De qué otra manera puedo llamarlo?", dice la ambientalista y activista comunitaria, quien el año pasado fue honrada por la renombrada primatóloga y conservacionista Jane Goodall. Fernandez también ha conocido al presidente Obama, se codea con actores de cine con mentalidad ambientalista como Pierce Brosnan y ha recibido elogios y premios de organizaciones como New Leaders Initiative del Earth Island Institute, que le otorgó el codiciado premio Brower Youth Award cuando tenía sólo 16 años. Los gastos de su educación los cubre una beca de Gates Millenium y una ayuda de Stanford.
"Miren dónde comencé y dónde estoy ahora. Todo esto es como mágico, ¿verdad ?", dice Fernandez.
Quizás, pero también está su trabajo duro y su habilidad de conectar con distintas generaciones para organizar comunidades alrededor de temas que van desde la reforma de la ley de inmigración y viviendas a precios razonables, hasta el problema del agua potable y los espacios verdes. Algunos de sus amigos y mentores, incluida Goodall, son lo suficientemente mayores para ser sus abuelos.
"Uno de mis mensajes clave es que cada persona marca una diferencia", escribió Goodall en un correo electrónico. "Erica sin duda alguna ilustra la diferencia que una persona es capaz de lograr".
Gloria Roman, de 56 años, conoció a Fernandez hace siete años, cuando tenía 12 años. Fernandez se acercó a ella durante una limpieza de la playa en Oxnard, una ciudad 60 millas al norte de Los Ángeles.
"Fue su entusiasmo, su avidez, la manera en que se entrega a un proyecto, lo primero que me atrajo de ella", dice Roman. "Estaba claro que no tenía problemas para hablar con personas mucho mayores que ella", dice la activista comunitaria.
Ese encuentro resultó profético. Guiada por Roman, Fernandez pronto se incorporó al trabajo de grupos locales que durante años habían intentado evitar que la compañía minera más grande del mundo, BHP Billiton, construyera una estación terminal de gas natural licuado justo frente a las costas de Oxnard y Malibu. El plan requería la instalación de una tubería de 36 pulgadas que atravesaría un barrio de latinos de bajos ingresos. Como mínimo, el proyecto habría provocado el desplazamiento de numerosas familias. Según los activistas locales, un escape de gas u otro tipo de accidente habría puesto a muchos más en peligro.
Fernandez hizo campaña puerta por puerta, habló en colegios en contra del proyecto, participó en protestas y expresó sus apasionados argumentos ante varias comisiones estatales. Al final, BHP Billiton canceló el proyecto.
Un funcionario de la compañía que no quiso ser identificado confirmó que la organización no ha vuelto a intentar construir este tipo de proyecto en ningún otro lugar de Estados Unidos. "Eso quedó en el pasado", dijo. "Hemos seguido adelante".
Fernandez también. Desde entonces, ha sido entrenada como organizadora comunitaria y ha participado en una variedad de campañas proambientalistas y proinmigrantes. También ha trabajado como voluntaria para enseñar inglés y ayudar a trabajadores agrícolas a organizarse para reclamar sus derechos.
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