In English | El cuidado de las casas del área adinerada de San Francisco colma de orgullo a Catalino Tapia, de 64 años de edad. Pero nada le ha producido más orgullo a este inmigrante mexicano que el día en que su hijo menor, Noel, se graduó en la Facultad de Derecho de Berkeley, de la Universidad de California, en 1999. “Aún me emociono cuando hablo del tema —cuenta Tapia, un jardinero de Redwood City, California—. Me pellizcaba para comprobar que fuera cierto”.
Pero ese día sucedió algo más importante aún. Tapia, que emigró hace 40 años con sólo sexto grado aprobado, comenzó a pensar en formas de darles a otros estudiantes latinos la misma oportunidad que había tenido su hijo. Ahora tiene otro motivo para estar orgulloso: Tapia recibió el premio Purpose Prize 2008, por valor de $100.000, en honor a su trabajo en el lanzamiento de la Bay Area Gardener’s Foundation (fundación de jardineros de la Bay Area), que otorga becas a estudiantes latinos de bajos recursos.
Inicialmente, luego de que Noel ayudara a su padre con los documentos legales para lanzar la fundación, Tapia se acercó a sus clientes para recaudar fondos.
“Al principio me daba temor pedirles dinero —relata Tapia, que en 2008 también ganó un Premio Jefferson al Servicio Público, otorgado por Carnegie Endowment y la facultad Kennedy School of Government, de la Universidad de Harvard—. ¿Y si me despedían?” Sorprendido por haber conseguido recaudar $10.000 en dos semanas, reclutó a otros jardineros para que pidieran donaciones a sus clientes, entidades caritativas locales y comercios pertenecientes a latinos.
Hace dos años, la fundación otorgó sus primeros subsidios —de $1.500 cada uno— a cinco estudiantes, apenas lo suficiente para colaborar en la compra de libros, gastos de vivienda, transporte o una computadora. Desde entonces, la organización ha recaudado casi $300.000 y ha otorgado 30 becas, tanto a alumnos documentados como indocumentados. “Nada debería interponerse en el camino de un niño para conseguir una buena educación”, señala Tapia.
Muchos de los estudiantes becados son los primeros miembros de su familia que acceden a la universidad. Marlene Castro, de 18 años de edad, de Redwood City, cuyos padres son un jardinero y la propietaria de una empresa de limpieza de viviendas, ganó una beca en 2008. “Es difícil para mis padres afrontar hasta los gastos de la casa; por lo tanto, sin la ayuda de Catalino hubiera ido a una facultad comunitaria e intentado ser transferida a Berkeley”, cuenta Castro, que tiene la intención de buscar una doble licenciatura en medios de información y retórica en la Universidad de California, en Berkeley.
Su madre, Ana Ramirez Castro, comenta: “Nada llena más de orgullo a un padre que el saber que su hijo ha sobresalido. Sentí escalofríos en todo el cuerpo cuando Catalino nos llamó para contarnos que Marlene había ganado". El éxito académico de Marlene ha inspirado a su hermano menor, Jose Jr., para solicitar una beca de la fundación para asistir a la Academy of Art University, en San Francisco, el año próximo.
Cada beca es importante, dado que sólo el 14% de los latinos nacidos en Estados Unidos y el 5% de los latinos nacidos fuera del país cuentan con títulos de bachiller, según la Oficina del Censo de EE.UU.
Las familias latinas de bajos ingresos valoran mucho una educación universitaria, pero las limitaciones financieras a menudo obstaculizan sus sueños, según el Public Policy Institute. Además, los estudiantes y los padres tal vez no están familiarizados con el sistema escolar y los recursos locales, indica la economista del instituto, Deborah Reed.
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