In English | Normalmente son pequeños detalles los que hacen hervir la sangre de una persona.
Un clásico ejemplo: Ann Allnutt le dio a su mamá de 85 años una cesta para guardar el correo. Lee tu correo, le dijo, y cuando termines, colócalo en la cesta para que yo pueda verificarlo fácilmente.
Vea también: Qué es y cómo tratar el Alzheimer.
"En esa cesta, encuentro todo menos el correo'', dice Allnutt de 68 años. "Por eso, hemos dejado de pagar a tiempo el seguro, o hemos pasado por alto algo que teníamos que resolver. He cambiado las direcciones en los estados de cuenta bancarios, pero ella llama y las vuelve a cambiar".
Luego, están las citas médicas que su mamá cambia sin decirle nada. Allnutt reconoce que es posible que todo esto se deba a la demencia senil, pero también piensa que quizás haya alguna otra razón para ello: su madre está creando dificultades para poder aferrarse a su independencia.
Por otra parte, también está su padre, de 90 años, sobreviviente de dos derrames cerebrales, quien dice que no necesita a nadie que lo ayude, pero, en realidad, necesita que le hagan todo. Ambos se niegan a contratar a un asistente para el cuidado en el hogar, y ambos insisten en quedarse en su propia casa.
"Hasta cierto punto, ellos piensan que pueden hacerlo todo sin ayuda, pero luego esperan que yo llegue para arreglar todo lo que les salió mal", dice Allnutt, quien regresó a Archdale, Carolina del Norte, hace 13 años para ayudar a cuidar a sus padres.
¿Cómo se siente Allnutt en medio de todo esto? Estresada, impotente, deprimida y solitaria, dice. Esta situación hace que sienta que sus padres no aprecian lo que hace por ellos y esto ha deteriorado las relaciones, en especial con su madre.
Falta de armonía con mamá y papá
Todas estas emociones, junto con los conflictos y las discusiones, culminan en una relación "sin armonia", según califica la profesora de la Universidad de Southern California, Merril Silverstein. Esta situación es bastante común, al menos en Estados Unidos. La relación entre hijos adultos y los padres que están envejeciendo tiene mayores probabilidades de carecer de armonía aquí que en Europa o Israel, (enlace en inglés) según un estudio del 2010 publicado por Silverstein en el Journal of Marriage and Family.
Silverstein comparó datos de un estudio estadounidense de las generaciones con un estudio similar europeo que incluía respuestas de familiares cuidadores de Inglaterra, Alemania, Israel, Noruega y España. El estudio de cada país evaluó las respuestas de un promedio de 450 personas que prestan cuidados.
En el estudio de Silverstein, 20 % de los estadounidenses calificaron sus relaciones con los padres como carentes de armonía, y esta tasa equivale a más del doble de la tasa encontrada en Inglaterra, Alemania, Noruega, España e Israel.
"Parece que aumentaban los conflictos y disminuía la cercanía cuando los hijos adultos estaban cuidando a sus padres o cuando el padre o la madre estaban delicados de salud", dijo Silverstein. Por ejemplo, el estudio comparó la capacidad de los ancianos de subir escaleras con la calidad de la relación padres e hijos. Si los padres tenían problemas de movilidad —que es una medida de la fragilidad— aumentaba la probabilidad de que mencionaran una relación difícil con sus hijos adultos.
¿Por qué? Algunos sociólogos, como Silverstein, creen que las diferencias en la forma en que las culturas manejan los asuntos relacionados a la prestación de cuidados influyen directamente en las relaciones en el hogar.
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