Pablo Larraín: ‘¿seremos todos iguales ante Dios?’

Entrevista al director de la controvertida película chilena ‘El club’.

Retrato del director de cine chileno Pablo Larraín

El director de cine chileno Pablo Larraín habla de su cuarta película, El club. — William Lacalmontie/Getty Images

Pablo Larraín, director de El club, una de las películas más celebradas —y polémicas— de  América Latina en los últimos tiempos, nació en Santiago de Chile en 1976. A sus 39 años, es uno de los más directores y productores de cine más exitosos de su país. Ha ganado premios en los festivales de cine de Cannes, La Habana, Chicago y Rotterdam, y su cinta No fue nominada al Oscar como mejor película extranjera en el 2013. Durante la primera parte de su carrera realizó películas cuyo tema central era la dictadura de Pinochet, pero tratado de forma indirecta. Ahora con El club, película con la que ganó el Oso de Plata en el Festival de Cine de Berlín y que plasma la vida de varios sacerdotes católicos recluidos en una “casa de retiro” por los abusos que cometieron, se podría decir que Larraín explora el horror igual de indirectamente pero desde otro punto de vista. Conversó con nosotros desde París.

AARP: ¿Cómo surgió la idea de crear esta historia? ¿Existen realmente estos clubes en Chile?

Pablo Larraín: Estos clubes existen en todo el mundo, no solamente en Chile y en Latinoamérica. Donde sea que exista la Iglesia católica, tienen casas de retiro. Hay muchas razones por las cuales un sacerdote puede ir a una casa de esa naturaleza. Puede ser por enfermedad, por estar anciano, porque se enamoraron, porque han sido acusados. No todos están eludiendo necesariamente a la justicia. Pero son una especie de lavadero y la Iglesia quiere que este tipo de personas que son acusadas de ciertos delitos no enfrenten a la justicia.

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AARP: Esa es una de las cuestiones que parecen contradictorias dado que no se ve nada mal el lugar donde están. No parece una prisión. Por otro lado, usted crea una atmósfera de maldad que flota en el aire y los personajes parecen estar atrapados en un círculo terrorífico.

PL: Eso es una conclusión suya y me parece muy bien. Yo lo que intento hacer es organizar un dispositivo del cual sea la gente la que pueda hablar de ella y sacar sus propias conclusiones. Yo no soy periodista, ni tampoco intento hacer un juicio; solo quiero mirar y explorar y que sea la gente la que saque sus propias conclusiones y haga su propio juicio.

AARP: Fue por lo visto deliberado el no presentar la visión de los hechos en blanco y negro, como estamos acostumbrados por cierto tipo de cine. Pero usted como director sí tenía un punto de vista muy definido, ¿no?

PL: Sí, pero mi punto de vista es intentar observar todo lo que sucede en este fenómeno a través de la compasión. Creo que si tú empiezas a mirar a estos sacerdotes y a estas personas, por muy terribles las cosas que hayan hecho, con un ojo de juicio, vas a estar haciendo una película que quizá no es tan interesante porque ya hizo su trabajo estético y moral. Yo prefiero que sea la gente la que haga eso.

AARP: ¿El retiro en que viven esos hombres no es una forma de castigo, ni siquiera ante su propia conciencia?

PL: Esa es una buena pregunta, pero no puedo contestarla porque les concierne a los personajes. Yo no sé si tú has sabido de algún caso donde algún sacerdote haya admitido los cargos de que se le acusan.

AARP: No.

PL: Yo tampoco. La experiencia que tengo es de personas que no admiten nada, ¿no? Entonces eso produce una encrucijada moral muy interesante, porque se supone que son personas que deberían estar en el camino de Cristo y ser capaces de perdonar y de pedir perdón. Y uno no ve eso, entonces eso es lo que creo que va a ser interesante, pero es una duda y una operación moral que es muy interesante.

AARP: Uno de los sacerdotes ni siquiera se acuerda de lo que hizo porque llegó a esa edad en la que ya no se recuerda nada. Esto nos plantea la pregunta de ¿cómo se le puede recriminar a alguien que al no acordarse, alguna manera no es “responsable” de sus actos?

PL: Bueno yo pienso que hay una complejidad ética. Quienes están enseñando la palabra de Dios, enseñando el camino de Cristo, son personas que cuando se les ven enfrentadas a una duda, reaccionan de una manera muy peligrosa y no se comportan como ellos mismos enseñan. Entonces se produce una paradoja y una especie de fricción entre lo que dicen y lo que hacen. Porque lo que hacen los sacerdotes a veces es difuminar moralmente lo que sucede. Los curas estudian al menos diez años y saben mucho de teología, de filosofía. Y también les enseñan a dialogar, a hablar, a administrar a sus fieles. Entonces son personas que cuando tienen que hacer eso a favor propio también son capaces de elaborar un testimonio sumamente complejo, sumamente ambiguo, en donde las víctimas son ellos.

AARP: Pienso que El club nos muestra, como Tony Manero y Post Mortem, una forma indirecta de narrar el horror. ¿Ve usted una continuidad entre esta y sus dos películas anteriores?

PL: Bueno, yo creo que se conectan desde el punto de vista de que todas tratan de alguna manera de la impunidad; sobre gente que se protege detrás de estructuras de poder. Cuando hay estructuras de poder siempre hay gente que es tratada diferente frente a la ley. No todos somos iguales frente a la ley, aunque así nos lo digan, no lo somos. Y la pregunta que se plantea la película es si seremos todos iguales ante Dios.

AARP: ¿Usted encuentra cierta equivalencia entre los crímenes que han cometido esos sacerdotes y lo que ocurrió en su experiencia durante la dictadura de Pinochet?  

PL: Mira, es difícil contestar eso. Lo que sí te puedo contestar es que hay una paradoja muy grande en el hecho de que la Iglesia católica, durante la dictadura chilena tuvo un rol muy importante en defender a las víctimas de los derechos humanos. Y tuvo un rol muy importante en la lucha contra la impunidad. Y ahora años más tarde, es la Iglesia chilena la que está haciendo lo mismo, pero al revés; está protegiendo a sus miembros de abusos y de crímenes. No sé si habría otro puente que establecer, pero por lo menos hasta ahí es interesante y complejo.

AARP: ¿Cuál es su opinión de Spotlight, la película nominada para el Oscar y que trata de alguna manera de lo mismo?

PL: A mí lo que me parece interesante de Spotlight es que una película que pone a la prensa como una forma de justicia. La Iglesia tiene ya una astucia muy desarrollada en la cual es muy difícil organizar las cuestiones de acusaciones en contra de ellos. Porque saben tapar muy bien los casos, saben utilizar la prescripción judicial, saben administrar muchas cosas. Entonces a las víctimas les van quedando menos herramientas y una de ellas es la prensa. No digo que sea la gran solución, pero por lo menos es algo y en algunos casos produce un tipo de reparación porque por lo menos quizá no recibe ese criminal la cárcel como se debiera. Pero sí recibe el maltrato, digamos el castigo de una sociedad. Eso es algo valioso.

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