La gran noche de los Hollywood llegó y pasó sin grandes sorpresas en los ganadores de los premios Oscar. Si tuviéramos que mencionar alguna sorpresa sería la del nuevo formato que los anfitriones designados este año, Anne Hathaway y James Franco, intentaron darle a la noche de gala. Hathaway lo hizo sorpresivamente bien mientras que la participación de Franco resultó tan insípida que realmente no sorprendió a nadie.

Colin Firth ganó como mejor actor por El discurso del rey en la 83 entrega del Oscar. — Jason Merritt/Getty Images
Pero no nos detengamos en esa parte del espectáculo que desde hace años no acaba de cuajar entre el público en general y mucho menos entre el público estelar allí presente. Desde la época de oro de Bob Hope, y posteriormente la de Billy Crystal, la Academia ha tratado infructuosamente de encontrar el anfitrión ideal sin lograrlo. Este año intentaron alcanzar un mercado más joven y nadie cree que la Academia pueda realmente reclamar un triunfo en ese propósito con el experimento del domingo.
Pero vayamos al grano. En las categorías de actuación, ganaron los que estaban llamados a ganar. Colin Firth (The King’s Speech) no tuvo competencia seria entre los candidatos a mejor actor, como no la tuvo tampoco Natalie Portman (Black Swan) entre las que aspiraban al premio a la mejor actriz.
En los premios a mejor actor y mejor actriz de reparto, todo quedó dentro de la gran familia representada en The Fighter: Christian Bale ganó de calle entre los actores, y Melissa Leo se llevó los honores entre las actrices.
Los premios a mejor película y mejor director quedaron resueltos por fin el domingo en una contienda que nunca existió realmente. Acaso fueron los medios los que fabricaron la ilusión de que The Social Network y su director, David, Fincher, pudieran haber sido adversarios serios ante la impecable calidad cinematográfica de The King’s Speech, que se llevó el codiciado galardón como mejor película del año y su director, Tom Hooper, la estatuilla por la mejor dirección.
Este año, pues, no vimos la irregularidad del año pasado, cuando la película ganadora no fue la de mejor calidad y fue así como una oscura película que muy poca gente vio, The Hurt Locker, derrotó a una formidable obra genial, Avatar, que batió todos los récords de taquilla de todos los tiempos y cuya magia trajo al mundo del cine una visión de futuro. Este año la Academia pareció restaurar un poco el desorden de años recientes y al final de la noche nadie quedó rascándose la cabeza, como ha ocurrido con sospechosa frecuencia en las últimas premiaciones.
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