La menuda mujer mayor, de pelo blanco y ondulado, permaneció sentada en silencio durante horas en la vasta sala de audiencias del Senado —justo detrás de su hija, la candidata a la Corte Suprema, Sonia Sotomayor—. En ese momento, como siempre, Celina Sotomayor era, evidentemente, una presencia tranquilizadora, calma, segura, una amiga incondicional y una decidida aliada.
Sentada en la primera fila de la audiencia, con su hija en el estrado y su hijo, Juan Sotomayor, a su lado, Celina Sotomayor, de 82 años, de Margate, Florida, era una presencia importante en la apertura de las audiencias de confirmación de esta semana que podrían hacer que su hija se convirtiera en el primer miembro hispano de la Corte Suprema de Estados Unidos.
La madre de la jueza, vestida con una falda estampada y un saco marrón, guardó la compostura la mayor parte del tiempo. Pero cuando la jueza Sotomayor les habló de ella a los senadores, y la distinguió para agradecerle, Celina Sotomayor se frotó los ojos mientras las lágrimas le brotaban.
“Quiero hacer una mención especial de agradecimiento a mi mamá. Hoy estoy aquí gracias a sus aspiraciones y a los sacrificios que hizo por mi hermano Juan y por mí”, dijo la jueza Sotomayor, oriunda de Nueva York, educada en las universidades prestigiosas del grupo Ivy League, y que llegó a servir como jueza de la corte federal. “Mamá, estoy feliz de que estemos compartiendo esto juntas”.
La jueza fue criada por su madre viuda en los complejos de viviendas subvencionados del Bronx.
“Mamá, ella sola, nos crió a mi hermano y a mí”, dijo la jueza en su discurso de apertura. “Ella nos enseñó que, en Estados Unidos, la clave para el éxito era la educación. Y ella nos dio el ejemplo, estudiando a nuestro lado, en la mesa de la cocina, y consiguiendo su diploma de enfermera”.
Las dos se miraron a los ojos al menos una vez, sin mediar palabra, pero con un significado claro. Tenían una relación especial, basada en el esfuerzo, la determinación y el respeto mutuo.
La senadora Amy Klobuchar, Demócrata de Minnesota, en su discurso de apertura, dijo que estaba tan impresionada por la Sotomayor madre como lo estaba por su brillante hija.
“Me encantó la historia de cómo tu mamá ahorró todo su dinero para comprarles la primera colección de enciclopedias del barrio”, dijo Klobuchar, mientras Celina asentía, apenas, con la cabeza. “Luchó para comprar esos tomos de la enciclopedia con un salario de enfermera. Pero lo hizo porque creía profundamente en el valor de la educación”, prosiguió Klobuchar.
Y la madre de Sotomayor mostró su orgullo por sus dos hijos. Cuando el senador Check Schumer, Demócrata de Nueva York, en su discurso preliminar, hizo notar que Juan Sotomayor era un “médico en Siracusa”, su madre se volvió hacia él con una gran sonrisa que sólo podía indicar su deleite en, como dice el cliché, “mi hijo el doctor”.
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