En una combinación de fuegos artificiales, arte y amistosa rivalidad, la celebración de Las Fallas es una fiesta para los sentidos que acentúa la riqueza cultural de esta ciudad mediterránea.
Miles de turistas invaden cada año las calles y plazas de Valencia —la bellísima ciudad española famosa por sus sabrosísimos platos de arroces y paellas— para presenciar Las Fallas, una tradición que celebra la llegada de la primavera y que es, literalmente, una festividad explosiva. Originada en el siglo 18 como un modesto festejo de San José, en la actualidad se manifiesta como una muestra imponente de creatividad y talento locales.
Las tradicionales fiestas giran en torno a enormes monumentos que llegan a alcanzar 30 metros de altura, hechos de materiales inflamables como cartón, madera y papier-mâché. Ls obras de arte representan alegóricamente la sociedad española, la política y la economía, con figuras que satirizan a personajes famosos. Las organizaciones comunitarias y artesanos compiten entre sí y durante meses confeccionan con paciencia y meticulosidad sus figuras, que pueden llegar a costar miles de dólares.
"Las Fallas son como la extensión de mi familia", dice Paco López Albert, un artista valenciano que aspira a ganar premios en 2010 con una falla titulada "Rumbo al paraíso", una compleja escultura representativa del árbol de la vida en medio del paraíso, rodeado por elementos surrealistas de las cuatro estaciones. "Mi vida gira alrededor de ellas".
El festival de cinco días de desfiles y concursos de belleza, de disfraces y de cocina culmina en la "cremá" (la quema) el 19 de marzo, Día de San José, cuando los imponentes conjuntos escultóricos arden y se reducen a cenizas ante el asombro, y muchas veces las lágrimas, de valencianos y turistas.

— Kai Foersterling/EPA/Corbis
Además del ardiente espectáculo, el festival celebra todos los aspectos de la cultura valenciana: música, comida y la tradición de más de 300 barrios que componen Valencia. Una fallera mayor, la reina del festival, preside toda la celebración vestida de gala en un traje típico tradicional y una banda en el pecho con los colores de la bandera valenciana.
La celebración se extiende a toda la familia, incluyendo a los niños, quienes disfrutan de los "ninots", pequeñas alegorías infantiles que acompañan a los grandes monumentos y que serán las primeras en recibir el bautizo de fuego. La Comisión Organizadora de Las Fallas puede indultar y exonerar de la cremá a las mejores, las cuales pasan a ser patrimonio del museo fallero.
El origen religioso del festival se refleja en una procesión dedicada a la Virgen de los Desamparados, patrona de Valencia. Más de 100.000 falleros desfilan con sus vistosos y coloridos trajes. San José abandera la celebración de los fuegos artificiales y las "mascletás", espacios acordonados donde estallan cohetes y petardos todos los días del festival.
"Nunca imaginé disfrutar tanto viendo quemar obras de arte tan extraordinarias", dice Elio Dancausse, de 52 años, residente de Miami y asistente frecuente a Las Fallas. "Es un espectáculo eminentemente popular".
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