Tom Quintana sabe lo que es el trabajo duro. Veterano del Ejército, se presenta en el trabajo a la hora indicada, rara vez se enferma y destina su salario a las necesidades de la familia. Sin embargo, Quintana, de 71 años, no sabía lo difícil que sería encontrar un empleo cuando, hace dos años, decidió volver a trabajar.
“Me postulé para todo”, explica Quintana, descendiente de mexicanos. ¿El puesto de chofer? No lo volvieron a llamar. ¿Del cargo en el restaurante? Ni noticia. ¿El de caddie? Nada. “No sé si fue por la edad, pero nunca recibí una respuesta por parte de un empleador”, continúa.
Anteriormente, Quintana fue trabajador agrícola en la zona rural de Colorado; pasó 14 años en el Ejército; también trabajó como obrero, y, finalmente, abandonó la comodidad de la jubilación para dedicarse a leer los avisos clasificados para buscar trabajo. Sin embargo, y a pesar de sus impecables antecedentes, no recibió ni un llamado.
Los antecedentes laborales de Quintana y su deseo de seguir aportando como empleado reflejan los resultados de dos nuevos estudios sobre los trabajadores hispanos, el sector de la fuerza laboral que está creciendo con mayor rapidez.
Uno de ellos, realizado por el Urban Institute para AARP pronostica un futuro promisorio para los trabajadores adultos mayores hispanos. El otro, Consejo Nacional de La Raza (NCLR),—una organización que defiende los derechos civiles de los latinos—, documenta los tremendos desafíos actuales.
El brillante futuro pronosticado para los adultos mayores latinos podría depender de que los desafíos documentados en este estudio sean abordados, y esto rige para todas las edades.
Esos desafíos resultan familiares para Quintana. En los años ’50 abandonó la escuela para cargar heno, a cambio de un centavo por cada fardo —cerca de $5 diarios—. Luego, pasó a ganar $1,90 por hora, en un depósito de papas, donde clasificaba, lavaba, embolsaba y apilaba papas. Por las horas que trabajaba de más, le pagaban lo mismo, y no el valor de la hora extra. Llegaba a su casa con las rodillas y los codos destruidos. “Cada centavo que ganábamos se lo dábamos a mamá”, recuerda.
Los Estudios
El Urban Institute y AARP salieron a buscar más información sobre los trabajadores hispanos de entre 50 y 69 años, grupo al que se suele referir como “los baby boomers invisibles”. Este estudio halló que los trabajadores adultos mayores hispanos:
Representan un segmento que está creciendo con rapidez. Hace dos años, había 5,6 millones en Estados Unidos. En diez años, el número será casi el doble, llegando a los 11 millones, y para el 2050, este número se cuadruplicará. En contraste, se espera que el número de trabajadores adultos mayores no hispanos crezca sólo cerca del 50%.
. Se presentan a trabajar. Entre el 2006 y el 2008, el 15% de los adultos mayores hispanos reportó incapacidades laborales, en comparación con el 24% de los negros no hispanos y el 14% de los blancos no hispanos.
Provienen de buena cepa. A la edad de 65 años, los hombres y mujeres hispanos pueden esperar vivir tres años más que los blancos no hispanos y cuatro más que los negros no hispanos.
Un estudio del Consejo Nacional de la Raza sobre los desafíos en el trabajo, recientemente publicado, descubrió que los trabajadores hispanos de todas las edades:
. Aceptan trabajos peligrosos. En 2007, 937 latinos murieron de lesiones relacionadas con el trabajo, una tasa un 21% más alta que la correspondiente a los trabajadores blancos no hispanos, y casi un 18% superior que la de los negros no hispanos.
. Trabajan por salarios bajos. En 2007, dos de cada cinco trabajadores hispanos ganaban salarios de nivel de pobreza —aproximadamente $10,20 la hora para mantener una familia de cuatro integrantes—.
. Rara vez reciben beneficios para la jubilación pagados por empleador. En 2006, sólo el 35% de los hispanos de entre 21 y 64 años tuvieron acceso a planes de ahorro para la jubilación o pensiones, contra el 61% de los blancos no hispanos y el 53% de los negros no hispanos.
Quintana actualmente trabaja 30 horas a la semana como recepcionista en Catholic Charities, en Greely, Colorado.
“La edad no es una desventaja; por el contrario, es una ventaja —asegura Paul Scheidig, director del SCSEP en Rocky Mountain SER (Service, Employment, and Redevelopment)—. Nos aseguramos de que los empleados lo comprendan.”















