Melanie L. Griffin, 56 años, Maryland
No estoy segura de cuando me di cuenta por primera vez que mi familia era pobre. No estaba empobrecida, pero ciertamente estaba por debajo del nivel de una zona suburbana de Washington DC., una zona residencial con clubes privados y piscinas.

Melanie L. Griffin logró graduarse de la universidad gracias al Seguro Social. — Mitch Boyer/Wonderful Machine
Mi padre estaba discapacitado y logró salir de una humilde zona campesina en Texas para ganarse una beca y convertirse en graduado universitario. Mi madre fue la primera mujer de su familia en estudiar en la universidad, fue un sueño hecho realidad y ella quería lo mismo para sus hijos. En 1974, después de lograr que mis hermanos fueran a la universidad, mi padre se quedó sin dinero y yo como “Cenicienta” no pude recibir estudios de enseñanza superior. Comencé a trabajar, pero no podía ahorrar lo suficiente para pagarme los estudios y los libros. Me sentía derrotada. Poco después mi padre murió, pero los beneficios del Seguro Social que me correspondían como sobreviviente lanzaron mi carrera universitaria y finalmente me gradué con honores. Mi padre ya no está, pero su amor por la educación vive gracias al Seguro Social. Ahora estoy cursando estudios para lograr terminar un Master en la Universidad Johns Hopkins.















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