In English | La generación que dio origen al hula-hula, Woodstock y Jimi Hendrix alcanza, este año, la edad en que los estadounidenses tradicionalmente se jubilan y, lamentablemente, no están preparados. Cuando el mayor de los boomers —personas nacidas entre 1946 y 1964— cumpla los 65 años, esta generación deberá enfrentar una jubilación que, probablemente, será más complicada que la de sus padres.

Llegar a la edad de jubilación con pocos ahorros y muchas deudas crea estrés y reduce la calidad de vida.
— Getty Images
El persistente tormento provocado por la recesión más grave desde la Segunda Guerra Mundial tiene parte de la culpa. Muchos boomers están a punto de terminar su vida laboral sin haber recuperado por completo el dinero perdido en los mercados de valores y sus viviendas.
Esto se traduce en menos dinero para financiar sus años de jubilación, que podrían extenderse hasta tres décadas, dado que la expectativa de vida para ellos podría llegar a los 90 años.
Una encuesta recién publicada reveló que el 25% de las personas de 46 a 64 años manifestaron que no tenían ahorros para la jubilación y el 26% que no contaban con ahorros personales.
La situación es casi igual de penosa para los adultos de más de 65 años: el 22% no posee ahorros para la jubilación y el 14% no tiene ahorros personales, de acuerdo con una encuesta realizada en noviembre por Harris Interactive a 2.151 adultos.
Del mismo modo, una encuesta realizada por Pew Research, en mayo, reveló que la mitad de todos los boomers manifiestan que la situación económica de su grupo familiar empeoró en el último año. Una quinta parte dice tener un nivel de vida inferior al de sus padres a la misma edad.
¿Igual puedo jubilarme?
“La recesión contribuyó con esta sensación general de incertidumbre”, dice Rob Hoxton, planificador financiero certificado y presidente de Hoxton Financial en Shepherdstown, West Virginia. “Ha habido personas que han acudido a nosotros y nos han dicho: ¿Pueden arreglar mi situación para que aún pueda jubilarme?”.
“Las personas consideran que merecen una jubilación y que debería ser parecida a la que tuvieron sus padres”, afirma. “Permanentemente, debemos compatibilizar sus expectativas respecto de lo que ellos creen que tienen derecho a recibir, con la realidad de que jubilarse es muy costoso y que van a vivir, por lo menos, 30 años más”.
“Dialogamos mucho”, agrega Hoxton, “y tratamos de llegar a una solución viable. Pero, quizás, no sea lo que ellos imaginaron en un principio”.
Y ciertamente, para la generación de estadounidenses de la posguerra, que nacieron entre 1946 y 1964, la vida como jubilados será mucho más complicada que la de sus padres.
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