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¿Ha sufrido abuso de poder de parte de su jefe?

Entrevista con Lewis Maltby, autor de un libro sobre casos de derechos laborales.

     

 

Abusos por su jefe

— Getty Images

 

Con la economía estadounidense aún de capa caída y el desempleo en aumento, considere adoptar medidas que podrían salvaguardar su empleo.

A modo de ejemplo, averigüe cuáles son las tiras cómicas o historietas que le gustan a su jefe y cuáles, las que odia; descubra su filiación política y respalde a quienquiera que él vaya a votar en las próximas elecciones.

Mejor aún, memorice todas las costumbres de su jefe y, siempre que sea posible, imítelas: si no bebe, usted no beba; si no es homosexual, entonces tampoco lo sea usted; si no tiene ninguna enfermedad crónica, más vale que usted tampoco la tenga.

Pero deje de hacer alguna de esas cosas y, tal como le sucedió a Dave Steward, empleado de un casino de Iowa que expuso una fatídica tira de Dilbert en el trabajo (Dilbert es una historieta cómica que satiriza el ambiente laboral), usted podría quedar en la calle, independientemente de lo bueno que sea repartiendo cartas de póker. Y es probable que su despido vaya a ser perfectamente legal.

En realidad, el de Steward es un caso moderado entre las vergonzosas e inescrupulosas historias de abuso de poder que llenan el nuevo libro de Lewis Maltby,Can They Do That? Retaking Our Fundamental Rights in the Workplace. 

El libro demuele en forma tan terminante la creencia de que la Declaración de Derechos protege al ciudadano en el trabajo que, pronto, el lector se siente sólo escudado por el derecho que otorga la Tercera Enmienda a no tener que alojar tropas en su casa sin su consentimiento.

Este es el motivo por el cual en Estados Unidos el empleador puede leer su correo electrónico, intervenir sus teléfonos, observarlo secretamente cuando usted usa el baño, despedirlo si usted se enferma, despedirlo si expresa puntos de vista políticos contrarios a los suyos o despedirlo si usted no se encuentra en forma.

Así funciona, dirían algunos; ¡no interfiera el libre mercado! Pero Maltby, especialista en derecho laboral, argumenta que es la libertad de despedir a trabajadores por cuestiones que nada tengan que ver con su desempeño laboral o con las finanzas de la compañía lo que verdaderamente afecta la rentabilidad de la empresa y daña la economía en general.

Maltby habló con AARP Bulletin sobre esto, sobre otras cosas que pueden hacer legalmente los empleadores a quienes trabajan para ellos y sobre lo que los trabajadores pueden y no pueden hacer al respecto.

P. Deme el peor ejemplo de despido que conozca.

R. El caso más descarado e injusto sería el de Lynne Gobbell, a quien despidieron por una calcomanía que tenía en el parachoques de su automóvil. Durante las elecciones presidenciales del 2000, llegó al trabajo con una calcomanía de Kerry en su auto. Cuando su jefe le ordenó que la quitara, ella no lo hizo, y él la despidió. No tenía ningún sustento legal que respaldara su caso si deseaba llevarlo a la justicia. Esto es porque, generalmente, la Constitución no se refiere a nuestros derechos laborales.

P. Eso parecería ser seriamente antiestadounidense.

R. La gente no lo puede creer. Yo doy charlas y pregunto: “¿Cuántos de los presentes creen que es ilegal despedir a alguien por ejercer su derecho de libre expresión, otorgado por la Primera Enmienda?” Y casi todos levantan sus manos. La gente no tiene idea.

P. También relata algunas horribles historias de gerentes o encargados que son voyeristas y usan cámaras ocultas para observar a los empleados cuando van al baño o en los vestuarios.

R. Afortunadamente, estos casos son ligeramente diferentes que el de Gobbell, en el que ella no tenía argumento legal para reclamar. Aquí, puede entrar en juego el derecho a la privacidad para el tribunal, y, a veces, el empleado ganará alguno de estos casos. Aunque con la misma frecuencia lo perderán, y el tribunal dirá que es legal que el gerente o encargado observe a los empleados en vestuarios y baños, independientemente de que haya existido o no alguna conducta impropia por parte del empleado que justifique la vigilancia.

P. ¿Cómo ha afectado la tecnología —ya se trate de una diminuta cámara de video o del correo electrónico— el derecho a la privacidad de los trabajadores?

R. En los 20 años que duró mi intención de escribir este libro, la privacidad del trabajador empeoró mucho. Los cambios tecnológicos han sido impresionantes. Por ejemplo, puede que, 25 años atrás, haya sido legal que su jefe leyera su correo electrónico, pero no importaba, porque entonces usted no usaba el correo electrónico. La probabilidad de que su correo electrónico hoy esté siendo controlado es casi una certeza.

P. Para hacer de abogado del diablo, ¿por qué debería preocuparle a un empleado recto y honesto que su jefe lo espíe —quizás no en el baño— mientras se encuentra en el trabajo?

R. A la mayoría de la gente no le importaría si su jefe interceptara un correo electrónico que dijera: “Querida, tendré que quedarme en el trabajo hasta más tarde hoy”. Sin embargo, algunas comunicaciones son muy sensibles: “Querida, ¿cuál fue el resultado de tu biopsia?”. La mayoría de la gente no querría que su jefe leyera esto. No importa cuál sea el resultado de la biopsia de su esposa, es un asunto exclusivamente suyo. No siempre se puede esperar hasta las 5 de la tarde para tratar un tema personal.

P. ¿Es sólo cuestión de sentirse un poco vulnerado en sus derechos?

R. A veces es más que eso. A lo mejor el empleador descubre algo a través de la vigilancia, como una enfermedad grave que podría costarle dinero a la compañía. Ellos no quieren tener problemas; siempre están buscando la solución más sencilla y económica. Eso podría significar que despidieran al trabajador.

P. ¿Es este el motivo por el que en su libro usted respalda un sistema nacional de cuidado de la salud?

R. Tenemos que sacar a los empleadores del negocio médico. No se puede pretender que una empresa, cuyo objetivo es hacer dinero, pague por el seguro médico de sus empleados y, aún así, permanezca ajena a los costos del cuidado de la salud.

P. Usted sugiere otros importantes cambios en el modo en el que se hace el negocio.

R. No estoy sugiriendo abandonar el libre mercado, pero más allá de eso, habría que cambiar todo. Por ejemplo, la doctrina legal (jurisprudencia del derecho estadounidense) del “empleo a voluntad” significa que uno puede ser despedido casi por cualquier motivo [que no ampare la ley]. Nadie sabe con certeza cuántas personas son despedidas sin una razón legítima, pero los cálculos más optimistas hablan de, por lo menos, un 10% de todos los despidos, o más de 150.000 trabajadores al año. Esa doctrina es una atrocidad; fue, simplemente, creada por los tribunales. Uno no debería ser despedido por cuestiones que no tengan relación con su trabajo.

P. Pero usted no se refiere a una economía controlada por el gobierno, ¿no es cierto?

R. Eso nunca termina bien. En China, fue el manejo de la economía que hizo Mao lo que llevó a lo que puede haber sido la mayor catástrofe de la historia, en términos de pérdida de vidas humanas. No digo ni pregono que los trabajadores no puedan ser despedidos por ningún motivo, ni que las compañías tengan que tomar decisiones empresariales incorrectas para proteger a los trabajadores. Pero en los casos de despido que describo en mi libro, son los empleadores los que están haciendo cosas que no deben hacerse en una economía de mercado: tomar malas decisiones por razones personales absurdas.

P. Otro tema: ¿Cuáles son los derechos que verdaderamente tienen los trabajadores adultos mayores?

R. No es imposible despedir a alguien por su edad y salir impune, pero es poco probable que eso suceda. Si todos los que están siendo despedidos tienen canas, no es tan difícil hacer las cuentas necesarias y ver si se trata o no de un despido legítimo.

P. ¿Qué hay en el caso de no ser contratado por ser demasiado mayor?

R. Esa es otra cuestión. Es mucho más difícil probar que alguien no fue contratado debido a su edad. Ni siquiera sabe cuántos postulantes había. Podría averiguarlo, pero sólo si va a un juzgado, de modo que hay mucha discriminación a la hora de contratar trabajadores.

P. ¿Ha mejorado algo en el tiempo en el que ha estado relacionado con el derecho laboral?

R. Ciertas cosas han mejorado, claramente, como la situación de la mujer y las minorías. Ambos grupos están ahora protegidos por la legislación, y pueden alcanzar niveles que antes no podían alcanzar, porque ahora hay igualdad de condiciones.

P. ¿Cómo puede protegerse una persona?

R. Hay muchas cosas simples que la gente puede hacer para protegerse en el área de la privacidad. Si desea enviar un mensaje escrito emotivo, use su celular y envíe un mensaje de texto en lugar de un correo electrónico que la empresa puede monitorear fácilmente. Cuando, por la noche, esté en su casa y se conecte a la red de su empresa para verificar los últimos correos electrónicos, asegúrese de desconectarse de la red y de tramitar las cuestiones de índole privado en su cuenta personal.

P. En general, ¿qué podemos hacer para proteger los derechos del trabajador?

R. Elegir funcionarios oficiales preocupados por los derechos civiles en el lugar de trabajo, y, entonces, cambiar las leyes. Que usted esté a favor o en contra de los derechos del trabajador es algo que la mayoría de los electores ni siquiera consideran. Un congresista podría votar para engañar al trabajador cada vez que el asunto salga a la luz, y jamás perder un voto por ello. Si los votantes prestaran la misma atención a sus derechos como empleados que a sus sentimientos respecto de la política exterior, la oración en las escuelas y los abortos, tendríamos leyes muchísimo mejores.

Chris Carroll es periodista de Maryland.

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