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Cáncer de cerebro

¿Pudieran las células madre adultas ser tanto la causa como la cura?

Un nuevo enfoque sobre esta enfermedad llega en un momento crítico

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La noticia corrió por todo el país cuando el fallecido senador por Massachussets, Edward Kennedy, fue diagnosticado con cáncer de cerebro.

Apenas unas semanas más tarde, se supo que al veterano columnista político Robert Novak también se le había detectado un tumor cerebral maligno.Repentinamente, el público se vio cubierto de una avalancha de historias sobre esta variedad mortal de cáncer.

Un nuevo enfoque sobre esta enfermedad llega en un momento crítico, cuando científicos analizan una nueva teoría que podría develar el misterio del cáncer de cerebro y de otros tipos de cáncer.

Por más contradictorio que parezca, las células madre adultas podrían ser tanto la causa como una cura para el cáncer. Esa teoría, apenas considerada hace cinco años, ha cautivado a los principales investigadores del país, incluyendo al médico mexicano Alfredo Quiñones-Hinojosa, de 40 años, quien alguna vez trabajara como granjero, y que actualmente dirige el Centro para el tratamiento de tumores cerebrales del Johns Hopkins Bayview Medical Center, en Baltimore.

Quiñones es un investigador diferente. Vestido con su uniforme quirúrgico verde y recién salido de la segunda de las tres cirugías de cerebro que llevará a cabo ese día, Quiñones pasa 16 agotadoras horas diarias trabajando no sólo en la sala de operaciones, sino, también, en un laboratorio dedicado a la investigación del cáncer de cerebro.

“La cirugía puede salir perfecta, una verdadera obra de arte —dice—, pero sigo sabiendo que, no importa lo que haga, esos pacientes finalmente morirán debido a esta enfermedad.

Entonces, ¿cómo puedo dejar de buscar una cura cuando veo a mis pacientes y a sus familiares, y el sufrimiento que provoca este tipo de cáncer?”.

Fueron ese trabajo y esa pasión los que hicieron que, el año pasado, Popular Science incluyera a Quiñones en su lista anual “Brilliant Ten”, de los diez científicos jóvenes más creativos, innovadores y brillantes del país.

"Creo que el cáncer cerebral es el peor cáncer, y si pudiéramos progresar en él, les aseguro que también sería provechoso para muchos otros tipos de cáncer", afirma Quiñones, quien está convencido de que las células madre adultas comenzarían el cáncer cerebral. (A diferencia de las células madre embrionarias, que requieren la concepción y destrucción de un embrión, el uso de células madre adultas encontradas en niños y adultos no es políticamente controversial).

Las células madre se convierten en células nuevas para mantener y reparar el tejido

Las células madre neurales, por ejemplo, generan nuevas células cerebrales, mientras que las células madre hematopoyéticas generan nuevas células sanguíneas.

Estudios recientes sugieren que el cáncer de cerebro —junto con el de mama, próstata, colon, páncreas, pulmón y muchos otros órganos— se desarrolla a partir de células madre adultas presentes en muchos tejidos.

No está claro cómo las células madre pueden provocar cáncer; pero los investigadores suponen que las células madre cancerosas anormales tienen la extraña capacidad de reparar el daño en su ADN y, consecuentemente, pueden soportar los tratamientos habituales con radiación y quimioterapia.

Tras dirigir el esfuerzo hacia estas células, Quiñones y sus colegas esperan poder destruir el cáncer y prevenir su reaparición.“Alguna vez nos enseñaron que las células cerebrales mueren y no pueden ser reemplazadas —expresa Quiñones—. Ahora sabemos que el cerebro de los mamíferos tiene la capacidad de regenerarse a través de las células madre neurales.

Lo que estamos investigando —y éste es el gran salto— es si las células madre neurales normales pueden perder su capacidad de autorregulación y convertirse en células madre peligrosas que generen tumores”.“Recién estamos comenzando a comprender esta relación entre las células madre y el cáncer —remarca.

Tenemos que probar que las células madre cancerosas existen. Aunque creo que, en este caso, la posibilidad de que así sea es realista”. Este año, cerca de 44.000 personas serán diagnosticadas con tumores que se originan en el cerebro; la mitad de esos tumores serán malignos.

Otros 170.000 pacientes se enterarán de que cánceres de otras partes de su cuerpo se han extendido a su cerebro. El cáncer cerebral es uno de los más difíciles de tratar.

En los últimos 30 años, la supervivencia media para pacientes con cáncer originado en el cerebro se ha incrementado en sólo cuatro meses, llegando a unos 14 meses.“Creo que el cáncer cerebral es el peor cáncer, y si pudiéramos progresar en él, les aseguro que también sería provechoso para muchos otros tipos de cáncer”, dice Quiñones.

Junto con su investigación de células madre, Quiñones dirige un laboratorio que está analizando los antecedentes médicos de miles de pacientes con cáncer cerebral y buscando pistas para desarrollar tratamientos más eficaces.

Hasta el momento, ha encontrado que los pacientes con niveles de glucosa elevados y aquellos que padecen depresión clínica enfrentan consecuencias mucho peores que otros pacientes.“Ahora, cuando trato a un paciente, quiero conocer su nivel de glucosa y si padece de depresión clínica, porque podemos tratar esas afecciones y aumentar las probabilidades de supervivencia”, comenta.

La búsqueda de una cura para el cáncer de cerebro encarada por Quiñones está demarcada por las mismas agallas y determinación que dieron forma a cada faceta de su vida.

Después de todo, se trata de un médico cuya vida aquí comenzó una oscura y fría noche de enero cuando, siendo un atemorizado muchacho de 19 años, trepó una cerca de alambre colocada a lo largo de la frontera entre México y Estados Unidos. La primera vez que lo hizo, lo atraparon y lo enviaron de regreso a su país de origen.

Tan sólo horas más tarde, volvía a intentarlo. Esta vez, logró su cometido perdiéndose en la oscuridad de la noche. Quiñones era un inmigrante indocumentado que no hablaba inglés ni tenía habilidades laborales.

Trabajó como peón en una granja, en California. “Un día, un amigo me dijo: ‘Siempre serás un trabajador inmigrante, y entonces, algo en mi interior se movió. Sencillamente, no podía aceptar eso”, nos cuenta.

Quiñones, que vivía en un viejo tráiler, tomó clases de inglés y se inscribió en una escuela comunitaria de formación profesional mientras hacía malabares trabajando como pintor y soldador.

Ganó una beca para asistir a la Universidad de California, Berkeley. De allí, pasó a la Escuela de Medicina de la Universidad de Harvard.

Obtuvo la ciudadanía estadounidense. Ahora, las paredes de su oficina en Hopkins están cubiertas de galardones.“Este es un hombre que no aceptará un no por respuesta —dice el doctor Henry Brem,  jefe de Neurocirugía de Hopkins—. Es un científico con inspiración y tremendamente trabajador”.

En la actualidad, el procedimiento para los tumores cerebrales, como el del senador Kennedy, consiste en extirpar lo máximo posible del tumor, seguido de radiación y quimioterapia. Pero extirpar la totalidad del tejido enfermo circundante es difícil, y el 90% de los tumores vuelven a crecer.

Según Quiñones, puede ser que sólo algunas pocas células madre cancerosas que queden tras la cirugía renueven el tumor.“Hemos aislado células de muestras de tumores cerebrales humanos que en una placa de petri se comportan como células madre de cáncer cerebral —explica Quiñones—.

Aún no estamos seguros de que se comporten de la misma manera en el cerebro, pero existe importante información que sugiere que así lo hacen”.

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