In English | Cuando Juan Florez cumplió los 60, su médico le recomendó una colonoscopia.
“No estaba familiarizado con el término, así que le pedí al médico que me la describiera”, recuerda Florez. “Cuando lo hizo, dije: ‘Ah, no, yo no voy a hacerme eso’”. Un año después, cuando volvió para algunos controles de rutina, su médico insistió, y pese a que Juan no presentaba ningún síntoma, los resultados dieron positivo para cáncer.

— Foto: Getty Images
“Ojalá me hubiera hecho los exámenes el año anterior”, señala Florez, un gerente de oficina de correos jubilado que vive en Holbrook, Arizona. “Era una cuestión de ‘machismo’”.
Juan Nogueras, M.D., director médico de la clínica Cleveland Clinic Florida, encuentra esta renuencia entre los hispanos frecuente y perturbadora.
“Los hispanos no son tan diligentes como los no hispanos a la hora de hacerse los exámenes preventivos, y, como las etapas tempranas del cáncer de colon son asintomáticas, tendemos a presentar los síntomas en una etapa avanzada, cuando el pronóstico es menos favorable”, explica Nogueras, un cirujano colorrectal certificado.
En lo que respecta al cáncer colorrectal (de colon y recto), las estadísticas para los hispanos son alarmantes: es el segundo tipo de cáncer más comúnmente diagnosticado, segunda causa de muerte entre los hombres y tercera entre las mujeres. Unos 5.500 latinos y 4.900 latinas son diagnosticados con la enfermedad cada año y, según la American Cancer Society (Sociedad Estadounidense del Cáncer), alrededor de 1.600 de esos hombres y 1.500 de esas mujeres mueren.
El cáncer de colon se produce cuando pólipos, o tumores, presentes en el colon, se tornan cancerígenos. Durante una colonoscopia, un médico puede detectar y remover pólipos, evitando así que se desarrolle el cáncer.
Pero, a menudo, la gente es reacia a hacerse una colonoscopia por temor al dolor (no es dolorosa, se lleva a cabo bajo los efectos de sedantes), ni quieren prepararse para la misma, lo que implica una limpieza a fondo del colon.
En el caso de los hispanos, se observa incluso una mayor resistencia. Entre los hispanos de 50 años y más, sólo el 31,9 % aceptan hacérsela, en comparación con el 49,5 % de los blancos no hispanos, según el National Center for Health Statistics (Centro Nacional de Estadísticas de Salud). Los porcentajes varían entre los diferentes subgrupos (ver gráfico).
Una razón para esta discrepancia es la fuerte resistencia a los exámenes rectales, apunta Jose Mendoza-Silveiras, M.D., consultor médico y miembro del comité de asesoramiento médico científico (Medical Scientific Advisory Committee) de la Colon Cancer Alliance (Alianza contra el Cáncer de Colon): “Las mujeres, al igual que los hombres, no quieren que el médico las toque allí. Lo sienten como indecoroso”.
Los especialistas también atribuyen el bajo índice de exámenes preventivos a una renuencia general entre los hispanos — especialmente mujeres — a examinar sus cuerpos, al temor extremo al cáncer y a la falta de recursos para afrontar económicamente cualquier problema médico grave que pudiera surgir.

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