Medicamentos recetados: ¿Son buenos a cualquier precio?
Dos puntos de vista de expertos del sector:
Merrill Goozner | Richard L. Manning
El costo de los medicamentos recetados es un tema de discusión en estos días, al mismo tiempo que los precios siguen subiendo. Los que critican los aumentos los perciben como un problema serio, en particular para los adultos mayores con ingresos limitados. Quienes sostienen que los incrementos de precios son necesarios, atribuyen los altos costos a la necesidad creciente de hacer investigación y desarrollo.
Merrill Goozner es autor del libro “La píldora de los 800 millones: La verdad detrás del alto costo de las nuevas medicinas” (The $800 Million Pill: The Truth Behind the High Cost of New Drugs). Goozner fue jefe de la corresponsales para asuntos económicos del diario Chicago Tribune y es ganador de seis premios Peter Lisagor, a la excelencia en periodismo. Sus trabajos han aparecido en The New York Times, The Washington Post, Fortune Magazine y en otras publicaciones. Actualmente es editor colaborador de American Prospect y vive cerca de Washington, D.C., donde dirige el programa Integridad en el quehacer científico del Centro para las ciencias desde el interés público (Integrity in Science Project, Center for Science in the Public Interest).
Pregunta:Empecemos con algunos antecedentes históricos del sector farmacéutico. ¿Le importaría compartir esa historia con nuestros lectores?
Goozner: Había poco control normativo antes del siglo XX. En su mayor parte, el sector hacía poco más que vender medicamentos patentados, algunos de los cuales eran de dudoso valor curativo y ninguno estaba sujeto a requerimientos de seguridad o eficacia. La situación empezó a cambiar cuando, en 1906, se promulgó la Ley sobre alimentos y medicamentos (Food and Drug Act), que introdujo el control federal obligatorio en la fabricación y venta de medicamentos recetados. Sin embargo, la oferta de medicinas mereció poca atención; más bien, se puso énfasis en la industria de la carne. De hecho, el asunto de la seguridad en las medicinas no se trató hasta 1937 ¡y no se estableció requisito alguno de eficacia hasta 1962! Antes del fin de la Segunda guerra mundial, la industria farmacéutica estaba en pañales. Había muy pocas medicinas importantes que ofrecer a la gente. La oferta se reducía a aspirina, unas pocas vacunas y tratamientos para la sífilis y la difteria. La Segunda guerra mundial y la evolución del conocimiento científico dieron el impulso necesario a la industria farmacéutica para pasar a la era moderna. La producción comercial de penicilina fue uno de los primeros retos que la guerra hizo posibles. Los años de la posguerra fueron testigos del surgimiento de la industria farmacéutica moderna tal como la conocemos hoy en día.
Pregunta: En su libro, usted sugiere que las investigaciones del sector público difieren mucho de las del sector privado, pero también sugiere que hay sinergia.
Goozner: La clave para entender una enfermedad, cualquier enfermedad, es el conocimiento científico básico del mal. Se llega a entender una enfermedad si se conoce la manera en que se desarrolla, su estructura celular y su ADN, que son los elementos científicos básicos. El sector público, financiado por los contribuyentes, ha hecho y sigue haciendo el grueso de las investigaciones básicas realizadas en los Estados Unidos. No lo hace la industria farmacéutica. Los Institutos nacionales de salud (National Institutes of Health, NIH) aplican el grueso de los fondos del gobierno destinados a investigación básica, gran parte de los cuales son asignados mediante sus programas de extramuros, que otorgan millones de dólares a entidades públicas de investigación pública para llevar a efecto investigaciones básicas. Los Estados Unidos tienen también la ventaja de contar con un número significativo de instituciones privadas que hacen investigación básica, tales como el Instituto médico Howard Hughes, que es financiado por subvenciones privadas de la Fundación Hughes. Por el contrario, la industria farmacéutica gasta sus recursos en investigación aplicada. A veces, la industria farmacéutica toma los hallazgos de la investigación básica y deriva de ellos medicamentos modernos y en otras aplicaciones médicas útiles. Sin embargo, el gobierno también ha aplicado fondos a enormes programas de investigación aplicada. El público en general está familiarizado con programas tales como llevar al hombre a la Luna, o de gran inversión en aplicaciones militares. Sin embargo, ello también es cierto en materia de terapia de medicamentos. El gobierno de los Estados Unidos ha gastado más de 50 mil millones de dólares desde que el presidente Nixon declaró la guerra al cáncer, en 1971 y la mayor parte de los agentes de quimioterapia fueron desarrollados con subvenciones del gobierno. Las investigaciones sobre SIDA/VIH son otro ámbito en el que el gobierno ha gastado vastas sumas de dinero para desarrollar drogas.
Pregunta:Usted ha definido a los NIH como la ‘joya de la Corona’ en materia de investigación a cargo del gobierno y de investigación de salud pública. ¿De qué manera influye el financiamiento por los contribuyentes de tanta investigación básica en las investigaciones realizadas por las empresas farmacéuticas?
Goozner: Esta es la sinergia que mencioné hace un momento. A veces, las empresas farmacéuticas desempeñan un papel vital al encontrar aplicación para los hallazgos de investigación básica que ofrecen entidades como los NIH. Las empresas farmacéuticas no sólo desarrollan las medicinas actuales, sino que también financian las pruebas clínicas de esas drogas lo que, a su vez, genera los datos para probar su eficacia y seguridad. Un buen ejemplo de la sinergia entre estos dos sectores ha sido el desarrollo de variedad de drogas para combatir el VIH. Los científicos del gobierno señalaron el rumbo cuando identificaron el VIH, cuando desarrollaron las pruebas para detectar la infección y muchas de las primeras drogas que se utilizaron para esos propósitos. Sin embargo, los farmacéuticos del sector privado han desarrollado algunas de las drogas más recientes, varias de las cuales fueron puestas a prueba por médicos que reciben fondos del gobierno y mediante ensayos clínicos realizados por las propias empresas farmacéuticas. Esto ha llevado, eventualmente, a lograr terapias exitosas para controlar el SIDA como enfermedad mortal.
Pregunta: Su libro documenta, una y otra vez, el papel crucial del sector público en el esfuerzo por llegar a medicamentos recetados eficaces. ¿Por qué no se toma en cuenta el aporte de los contribuyentes para hacer menor el costo de los medicamentos recetados?
Goozner:En un comienzo, se tomó medidas con esa orientación de modo que el sector público actuara como un freno en materia de precios en los casos en que la investigación de origen gubernamental era clave para el desarrollo de nuevas drogas. Sin embargo, en 1994 el gobierno recibió fuerte presión de las empresas farmacéuticas para que se deje sin efecto la ‘clásula sobre precios razonables’ y se dejó de tener en cuenta las terapias desarrolladas, en parte, con fondos del gobierno. Los cabilderos de la industria farmacéutica siempre presionaron a los NIH para que se elimine esta cláusula, o para que no fuera puesta en ejecución, e hicieron aún más presión sobre los Institutos durante la segunda mitad de 1994. Los NIH rescindieron la norma en respuesta no sólo a esas acciones sino también a la iniciativa de sus propios científicos, que se quejaban que las empresas estaban negándoles acceso a las nuevas terapias, desarrolladas en laboratorios del sector privado.
Pregunta:Usted mencionó el empeño de los congresistas por analizar los precios de las medicinas. ¿Qué sucedió y por qué razón no tuvieron éxito?
Goozner: Históricamente, el Congreso no ha hecho nada decisivo en este aspecto. A comienzos de los años sesenta, el senador Estes Kefauver sostuvo audiencias públicas respecto de las grandes empresas farmacéuticas. Sin embargo, el Ejecutivo no dio importancia a esas audiencias y no ha habido otros intentos de enfrentar los precios de las medicinas desde ese entonces. Luego del fracaso del plan de atención de salud del presidente Clinton, hemos tenido incrementos de precios de dos dígitos en los medicamentos recetados.
Pregunta: ¿Qué impacto, si alguno, ha tenido la aprobación de leyes tales como la Bayh-Dole, en los precios de las medicinas recetadas y en última instancia, en los consumidores?
Goozner:La ley Bayh-Dole fue concebida para hacer mayor la transferencia de conocimientos de los gabinetes de investigación a las aplicaciones prácticas. En la época en que se aprobó esa ley, Estados Unidos empezó a quedar rezagado en materia de transferencia de tecnología y esa norma otorgaba el incentivo necesario para revertir la tendencia. Consecuencia no deseada de esta ley fue la comercialización excesiva de las investigaciones básicas. Como resultado, algunas de las nuevas tecnologías son patentadas antes que se descubra para ellas aplicaciones médicas prácticas. Las patentes están tan liberalizadas que cuando alguien inicia el proceso para obtener una patente, deja de haber incentivos para otros investigadores que están estudiando el mismo tema. De ese modo, se demora la aparición de adelantos médicos.
Pregunta: En su libro usted hace referencia al impacto que ha tenido el mercado de valores de Wall Street en la industria farmacéutica.
Goozner: Ciertamente, Wall Street ha tenido impacto. La bolsa refleja resultados de corto plazo, de trimestre a trimestre, mientras que la investigación tradicional de drogas es una actividad de largo plazo. Para que las empresas farmacéuticas cuyas acciones se intercambia en la bolsa satisfagan a los analistas y, a la postre, a los accionistas, deben mostrar resultados de corto plazo. Para esto, deben optar por desarrollar drogas similares a las que ya están en el mercado (las llamadas me too ó yo también), o deben incrementar los precios.
Pregunta: Permítame preguntarle sobre el significado de esa expresión ‘me too’ , es decir “yo también”, para beneficio de nuestros lectores.
Goozner: A lo largo de los años cincuenta, las empresas farmacéuticas, con frecuencia, aprovechaban los últimos avances de las investigaciones de laboratorios académicos y pero en ocasiones, de sus propios laboratorios, para desarrollar variedad de nuevas medicinas: antiácidos, antinflamatorios, antihistamínicos y nuevos productos químicos para controlar la presión sanguínea, todos los cuales empezaron a formar parte de los botiquines médicos. Apenas una empresa farmacéutica lanzaba un nuevo producto, las otras firmas de la industria introducían imitaciones de la molécula original en muy corto tiempo. Estas medicinas “yo también” ingresaban al mercado al mismo tiempo, o con una pequeña diferencia de precio respecto del de la empresa innovadora. Dos destacados investigadores que analizaron este fenómeno a comienzos de los años setenta, descubrieron 200 versiones de sulfas, 130 de antihistamínicos y 270 de antibióticos. La mayor parte de estas drogas similares no ofrecen ninguna ventaja clínica la una sobre la otra, sin embargo, son lo suficientemente diferentes para obtener una patente y luego ser comercializadas, por lo general, a idéntico precio que el producto original, e incluso a mayor precio. Las mismas prácticas se han generalizado ampliamente en la actualidad.
Pregunta: ¿Qué es lo que su investigación descubrió sobre verdadero destino del grueso del dinero que gastan las empresas farmacéuticas?
Goozner: Si usted revisa la composición del gasto de las empresas farmacéuticas encontrará que el 25 por ciento es pago de utilidades, 20 por ciento es investigación y desarrollo (Research and Development, R&D), 10 por ciento es costo de producción y más de 40 por ciento es un ‘cajón de sastre’ llamado Administración. Este costo comprende los salarios de todos los empleados, incluyendo los de los equipos de ventas, mercadeo, promoción y publicidad.
Pregunta: Entonces, en su opinión ¿realmente les cuesta 800 millones de dólares a las empresas farmacéuticas la investigación y desarrollo de las drogas que suministran a los consumidores?
Goozner: La respuesta más corta es ¡no!
AARP Rx Informe de vigilancia también conversó con el doctor Richard L. Manning, Director principal de investigación económica y política de Pfizer, Inc. de la Ciudad de Nueva York, para conocer otro punto de vista sobre los precios de los medicamentos recetados. El doctor Manning ha trabajado en el mundo académico y es economista formado en la Universidad de Chicago. Sus trabajos se han publicado en Journal of Law and Economics, en Journal of Legal Studies y en muchas otras publicaciones.
Pregunta: La industria farmacéutica ha tenido gran éxito en el desarrollo de medicamentos en los años posteriores a la Segunda guerra mundial. ¿De qué manera describiría ese éxito?
Manning: Creo que es un verdadero logro para los pacientes. Los avances en medicina en el último siglo han sido fenomenales. Los antibióticos son un claro ejemplo y, específicamente, la penicilina, donde Pfizer desempeñó un papel clave al descubrir la manera de producirla masivamente para las tropas aliadas durante la Segunda guerra mundial. No sólo la penicilina, sino toda la amplia gama de antibióticos desarrollados en los años de la posguerra, han curado enfermedades y han contribuido al aumento de la esperanza de vida, aquí y en todo el mundo. Otro gran éxito ha sido el progreso alcanzado en combatir las úlceras estomacales. Mi abuelo murió súbitamente de una hemorragia por úlcera cuando aún estaba en la mejor época de su vida y por ello, nunca lo conocí. Ahora contamos con nuevas medicinas que hacen una muerte así un hecho excepcional. Otros avances importantes se han dado en la serie continua de drogas nuevas para tratar enfermedades del corazón. La tasa de mortalidad de las enfermedades al corazón ha disminuido sostenidamente en las últimas décadas. Medidas de salud pública, tales como los programas para disminuir el consumo de tabaco, han desempeñado un papel importante pero los medicamentos que reducen la presión sanguínea y el colesterol han sido decisivos para mantener saludables a las personas y reducir las tasas de mortalidad.
Pregunta: En años recientes, los críticos del sector han señalado que parte o todo el éxito de la industria farmacéutica se debe a descubrimientos hechos en y por el sector público. ¿Piensa usted que es justo que se diga esto?
Manning: Lamentablemente, los papeles de los NIH y la investigación privada son, a veces, difíciles de entender y resulta complicado averiguar de dónde vienen las nuevas medicinas. La mayor parte de las drogas son desarrolladas por la empresa privada, no por el gobierno. Creo que es justo decir que ambos sectores han hecho contribuciones muy importantes al desarrollo de las drogas modernas de hoy. Los NIH, que son el ejemplo más representativo de las investigaciones del sector público, han desempeñado una tarea sobresaliente en el descubrimiento de enfermedades, de la patología de enfermedades y de la ciencia básica que permite el descubrimiento específico de una determinada droga. Creo que una analogía útil, aunque imperfecta, es que en la búsqueda de tratamientos, el sector público provee la brújula para dirigir las investigaciones en direcciones potencialmente fructíferas y el sector privado es el que realmente desarrolla el mapa de ruta para encontrar una droga nueva y exitosa. Pocas son las veces que las investigaciones financiadas por el NIH producen la solución final para una enfermedad determinada. Esto siempre ha sido competencia del sector privado, o de las empresas farmacéuticas dedicadas a la investigación. Hace poco, el NIH realizó un análisis de las 47 drogas más utilizadas en las últimas tres décadas, pero sólo pudo encontrar cuatro que estaban directamente relacionadas con su labor de investigación.
Pregunta: ¿Tiene usted la sensación de que hay algún tipo de asociación entre el sector público y la industria farmacéutica?
Manning: Hay una relación vital muy importante entre los dos sectores. La gente que conozco del sector público y de organizaciones de investigación privadas parece conocer y apreciar lo que la otra parte aporta en la búsqueda de los avances médicos.
Pregunta: ¿De qué modo responde usted a los cargos que los precios de los medicamentos son muy altos y las ganancias excesivas? En primer lugar ¿cree usted que es un afirmación justa y, si no lo es, por qué no?
Manning: Entiendo que contar con medicinas a precios razonables es una preocupación de mucha gente. Es importante para Pfizer que los pacientes tengan acceso a los medicamentos que necesitan y hemos anunciado hace poco nuevos esfuerzos para hacer llegar nuestros productos a cualquiera que no tenga seguro médico. Recomiendo a quien necesite mayor información, que llame a Pfizer Helpful Answers (Respuestas útiles de Pfizer) al 1-866-706-2400. Por lo general, los precios que los consumidores pagan por nuestros productos no son los que nosotros fijamos. Muchas partes interesadas, tales como las empresas de seguros y las farmacias minoristas toman decisiones que afectan los precios que paga la gente. Si el precio de un medicamento cambia rápidamente, usualmente, es el resultado de una decisión tomada por la empresa de seguros. Cuando uno paga los medicamentos recetados, puede ser difícil recordar el valor que tiene mantenerse saludable y lejos del hospital. Dado que mucha gente paga una proporción mucho mayor de sus medicamentos recetados que de sus consultas al médico, o sus estadías en hospitales, suele parecer que las medicinas son más caras. Con respecto a la rentabilidad, tenemos que entender el riesgo financiero que supone descubrir drogas nuevas. Es un proceso largo, costoso y altamente incierto, que culmina en más fracasos que éxitos. Con frecuencia, sin embargo, la gente solamente ve los éxitos y no se da cuenta lo fuera de lo común que es tener éxito. Los millones de accionistas de Pfizer esperan obtener retornos de su inversión que compensen los altos costos iniciales y la inseguridad que conlleva el descubrimiento de nuevas drogas. Si los inversionistas no ven ganancias, entonces se llevan su dinero a otros sectores y sin esos recursos, las investigaciones caminan más lento. En un mercado abierto como el nuestro, cualquier empresa es libre de realizar búsquedas de los tratamientos que desee y las que tengan éxito recibirán la recompensa. Si las ganancias fueran excesivas, respecto del riesgo y el esfuerzo, mi intuición de economista me dice que muchas más de las grandes empresas estarían tratando de desarrollar nuevos medicamentos.
Pregunta: Cuando se revisa los informes anuales de muchas de las principales corporaciones farmacéuticas, no se encuentra las cifras significativas asignadas a investigación y desarrollo que se esperaría ver si se toma en cuenta que cuesta 800 millones de dólares financiar la investigación de una nueva droga. ¿Por qué?
Manning: Su pregunta es interesante, porque si sólo se compara el gasto actual en investigación y desarrollo con el número de medicamentos aprobados por la Administración para alimentos y medicamentos (FDA), el costo de introducción de una nueva droga es mucho mayor. Por ejemplo, en 2003 Pfizer gastó 7,100 millones de dólares en investigación y desarrollo, pero la FDA sólo le aprobó una droga nueva. En todo el sector, el gasto en investigación y desarrollo fue de 33 mil millones de dólares, pero la FDA sólo aprobó 21 drogas.
Pregunta: ¿Hay una proporción o número mágico en la relación entre utilidades y gasto en investigación y desarrollo
Manning: No, no hay un número mágico. La fotografía instantánea de una corporación sólo captura un momento en el tiempo; no es un justo reflejo de los gastos de una empresa en el largo plazo. El informe anual sólo cubre los cuatro últimos trimestres, la investigación y desarrollo relacionada con una droga específica puede darse durante quince años o más.
Pregunta: Su sector ha sido acusado de colocar con frecuencia drogas similares (llamadas yo también) en el mercado, con pequeñas variaciones respecto de drogas que ya han sido aprobadas para tratar las mismas enfermedades. La lista incluye variedad de antidepresivos, insulinas orales, antihistamínicos, solo por nombrar unos cuantos. ¿Es esto así, o no? ¿Por qué?
Manning: Es totalmente cierto que no todas las medicinas son innovaciones científicas, sin embargo, aún los avances por pequeños incrementos son muy importantes para los pacientes, dado que lo que funciona mejor para una persona no necesariamente funciona para otra. Si las innovaciones cesaran después de la aparición de uno o dos productos de una categoría, la salud de muchas personas sufriría. Por ejemplo, Lipitor, el medicamento contra el colesterol de Pfizer fue el quinto producto que se introdujo en su categoría. No obstante, Lipitor es el producto líder para tratar el colesterol alto, debido a la sólida evidencia de su eficacia y debido a que muchos médicos y pacientes encuentran que es el producto que mejor funciona para ellos. Es peligroso pensar que solamente las innovaciones científicas decisivas son importantes. Si se descarta las innovaciones por pequeños incrementos en medicina, los pacientes tendrán menos opciones para encontrar el medicamento que es más eficaz para ellos. Además, cualquier economista le dirá que la competencia entre productos similares conduce a la disminución de los precios, lo cual también conviene a los pacientes.
Pregunta: Los críticos sugieren que el hecho que las principales empresas farmacéuticas también responden al mercado de valores (Wall Street) que, a su vez, impulsa el aumento de precios y las imitaciones para realizar las expectativas de ganancias. ¿Es ésta una observación justa?
Manning: En el sistema estadounidense de libre empresa, las empresas prosperan cuando satisfacen las demandas del mercado y de los consumidores. Cuando eso ocurre en el sector farmacéutico, tanto a los pacientes como a los inversionistas les va bien. El ciclo de desarrollo de productos es muy largo, de modo que las empresas farmacéuticas se orientan a medicinas que sean las más beneficiosas para los consumidores y que tengan fuerte demanda. Wall Street no se opone a eso. Sin embargo, vale la pena señalar que las drogas que tienen éxito son las que pagan el costo de muchos otros descubrimientos. Solamente tres de cada diez medicinas que llegan al mercado recuperan el costo promedio de investigación y desarrollo.
Pregunta: La Comunidad europea de naciones y nuestro vecino del norte, Canadá, pagan muchísimo menos por sus medicinas con respecto a nosotros. ¿Por qué?
Manning: En esos países, el público ha decidido que quiere un sistema de atención de salud manejado por el estado. Esto incluye el control de precios de los productos farmacéuticos y el racionamiento de la atención. Aunque puede ser tentador tratar de resolver de ese modo los problemas del sistema de atención de salud de nuestro país, no es una verdadera solución para garantizar el acceso a las medicinas. Los controles de precios no son buenos para nuestro sector y en última instancia, para los pacientes dado que limitan mucho nuestras posibilidades de invertir en investigación y desarrollo. Además, puede causar mucho daño al limitar la confianza de los inversionistas respecto de si la búsqueda de nuevas drogas resulta rentable. Personalmente, tengo la esperanza que algún día encontremos curas para el Alzheimer, la diabetes, el cáncer y muchas otras enfermedades serias. La mayor parte de los economistas coinciden en señalar que los controles de precios de hoy pueden hacer menos probable el futuro descubrimiento de tratamientos.
Pregunta: Dados los desafíos financieros que enfrentan muchos de nuestros miembros al adquirir sus medicamentos recetados ¿por qué la industria farmacéutica se opone enérgicamente a la importación de medicinas de Canadá?
Manning: Entiendo perfectamente las razones por las que importar medicinas de Canadá resulta una idea atractiva, pero no creo que sea una buena idea. El mercado canadiense está diseñado para atender a una población relativamente pequeña, a diferencia del gran mercado de los Estados Unidos. Cuando la gente compra medicamentos, a través de internet, en Canadá, se expone al riesgo real de no conseguir las medicinas de alta calidad que necesita. Tanto nosotros como la FDA hemos verificado muchos casos de productos falsificados que ingresan a la cadena de suministro gracias a personas que utilizan sitios en internet canadienses que parecen auténticos. Entiendo los desafíos que enfrenta la gente, pero hay mejores maneras de resolver los retos financieros a los que se exponen sus miembros, antes que recurrir a Canadá. Una vez más, recomiendo a las personas llamar a Pfizer Helpful Answers (Respuestas útiles).
Pregunta: Mucho se ha dicho sobre el argumento del sector farmacéutico de que cuesta 800 millones de dólares introducir al mercado una nueva droga. ¿Realidad o fantasía?
Manning: Entiendo que es una cifra enorme y puede ser difícil de creer, pero es verdadera. Ese monto es el costo estimado de desarrollo de un medicamento hace diez años y ha sido analizado por expertos independientes que han encontrado que es razonable. En promedio, toma cerca de quince años introducir una nueva droga al mercado y los costos sólo aumentan. Por ejemplo, Pfizer está haciendo las últimas etapas de pruebas clínicas para una nueva medicina que ya llegó a costar más de 800 millones de dólares y no hay ninguna garantía que llegará a los botiquines de los pacientes. Es un trabajo en extremo difícil, pero estamos comprometidos a hacerlo porque es muy importante para los pacientes.

